Hubo un día que en el fútbol argentino sucedió lo que parecía imposible…

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Daniel Passarella alza la Copa del Mundo. El viejo sueño de nuestro fútbol cumplido.

Nuestro fútbol tuvo jornadas únicas. Verdaderos quiebres irrepetibles porque se enfrentó ante lo inédito. En Abrí la Cancha repasamos algunas de esas fechas. Las hay duras y maduras, pero nos sirve para repasars la intensidad del querido fútbol argentino.

Por Carlos Aira

 

Hubo un día qué. La rica historia de nuestro fútbol está llena de hitos. Momentos irrepetibles. Quiebres. Desde que comenzaron a disputarse campeonatos organizados, la competitividad de los mismos marcó una tendencia. ¿Donde podríamos marcar ese primer mojón histórico? ¿En la etapa de Alumni? ¿En la aparición del Racing de Academia? Tal vez el primer mojón lo deberíamos hallar en el gran triunfo que significó la obtención del Sudamericano 1921 disputado en Buenos Aires.

 

Llamado Sudamericano en aquellos días, la actual Copa América es el torneo de selecciones más antiguo del mundo. Instaurado en 1916 en el marco del festejo del centenario de nuestra independencia, hacia 1921 había adquirido una gran relevancia popular. Nuestro país nunca lo había obtenido, siendo Uruguay quien acaparó las conquistas. En aquel año nos tocó organizar el torneo, con la presencia de Brasil, Paraguay y los Charrúas. El estado de Sportivo Barracas, inaugurado en mayo del año anterior, se llenó en cada presentación del certamen.
El rosarino Julio Libonatti fue el autor del gol en la final ante Uruguay. Un mito de su tiempo. Fue el primer futbolista nacional transferido al Calcio italiano.
Finalmente, el 30 de octubre de 1921 se jugó la fecha final. Argentina y Uruguay. Ganamos 1 a 0, gol de Julio Libonatti. El festejo fue enorme. Impresionante. ¿No me creen?. En Héroes de Tiento (Ediciones Fabro) se puede leer: «Cuando el árbitro brasileño Pedro Santos finalizó el partido, la multitud invadió el campo de juego. Todos los futbolistas, argentinos o uruguayos, fueron alzados y aclamados. Empapados en transpiración, fueron un trofeo del pueblo futbolero. Diez mil hinchas protagonizaron una procesión que se inició en Avenida Vélez Sarsfield. La inimaginable caravana siguió por Entre Ríos, Avenida de Mayo, San Martín, dobló por Florida hasta la esquina con Cangallo. Allí se hospedó nuestro equipo.  El fútbol ya era una pasión popular rayana a la locura». 
El primer título internacional de la Selección Argentina.

 

 

HUBO UN DIA QUE ARGENTINA GANÓ EN EUROPA

 

En diciembre de 1924 la Comisión Directiva de Boca Juniors, encabezada por su presidente Manlio Anastasi, aceptó realizar una gira por Europa por tiempo indeterminado. La empresa era compleja, sobre todo porque nunca un equipo argentino había cruzado el océano.
Quinquela Martin 854. La Boca. El conventillo donde vivió Antonio Cerrotti, el autor del primer gol argentino en Europa.
Finalmente, el jueves 5 de febrero de 1925 se disputó el primer partido en el cual un equipo argentino participó en suelo europeo. El rival de Boca Juniors fue el Celta de Vigo. La expectativa en Argentina fue electrizante. En Héroes de Tiento dice: «En nuestro país la expectativa fue enorme. La diferencia horaria con la península era de cuatro horas y cuarto. Con bombos y platillos, Crítica anunció que las incidencias del partido se irían reflejando en un pizarrón instalado en Avenida Almirante Brown 1372, donde se ubicaba el negocio de fotografía de la familia Riva. A las once de la mañana, más de dos mil hinchas, desbordados por la ansiedad, se apiñaron en Brown y Lamadrid esperando novedades desde Vigo»
Finalmente, ganaron los xeneizes 3 a 1, siendo Antonio Cerroti, Carburín, el autor del primer gol nacional en el viejo mundo. Pasado casi un siglo de aquel partido, una placa colocada en la puerta del conventillo de la calle Quinquela Martín recuerda a Cerroti y su gol para la historia.

 

 

HUBO UN DIA EN EL CUAL EL FUTBOL SE HIZO FORMALMENTE PROFESIONAL

 

El fútbol siempre fue profesional. Per sé. En los años veinte, con el ingreso masivo de las clases populares al mundo del fútbol, junto a las grandes recaudaciones, la situación se hizo insostenible de mantener. Épocas de apariencias. De amateurismo marrón.
Mítica portada de El Gráfico, edición 620, dando cuenta del comienzo del profesionalismo.
En 1931 llegó el quiebre. Por un lado, los clubes poderosos deseaban un nuevo orden. Un campeonato sin 36 equipos. El poder en la Asociación lo tenían los clubes chicos. En abril los futbolistas iniciaron una huelga. El reclamo era la libertad de acción. Los futbolistas se organizaron. Hugo Settis, Pablo Bartolucci y Juan Scursoni fueron sus referentes. Armaron una medida de fuerza en medio de la dictadura. Fueron recibidos por el General José Félix Uriburu. La situación ya era imposible de sostener para la Asociación.
Sin importar mediación, la decisión estaba tomada: los clubes poderosos armarían su propio campeonato. El campeonato amateurs de 1931 tuvo una fecha que fracasó rotundamente. El 18 de mayo de 1931 nació la Liga Argentina de Football. Fue el comienzo de una nueva etapa. 18 clubes dieron comienzo a la nueva etapa: Racing Club, Independiente, Boca Juniors, River Plate, San Lorenzo de Almagro, Huracán, Atlanta, Chacarita Juniors, Platense, Lanús, Quilmes, Talleres de Escalada, Vélez Sarsfield, Argentinos Juniors, Ferro Carril Oeste, Tigre, Estudiantes y Gimnasia Esgrima La Plata.
Sportivo Barracas decidió no ser parte de la nueva etapa. Lo pagó caro. El resto de los clubes no fueron ni invitados a la nueva etapa y participaron del campeonato de la Asociación Argentina Amateurs 1931, que ganó Estudiantil Porteño.

 

Con el profesionalismo, llegaron las primeras grandes transferencias. Carlos Peucelle pasó de Sportivo Buenos Aires a River Plate por una pequeña fortuna: 10.000 pesos.
En esos días finales de mayo la actividad de los clubes fue intensa. Febriles. La necesidad de la gran contratación que justifique el profesionalismo. Los equipos con mayor poderío económico hacen gala del mismo. Los equipos chicos comienzan a perder a sus cracks. Racing contrató a Juan Bottaso, el arquero de la selección, figura de Argentino de Quilmes. Boca Juniors hace lo mismo con Pancho Varallo, el goleador del Gimnasia campeón. Pero el molde lo rompió River Plate: 10.000 pesos, una fortuna, por Carlos Desiderio Peucelle, el crack  de Sportivo Buenos Aires.
El domingo 31 de mayo amaneció lluvioso. Frío y ventoso. Primera fecha profesional. En la Boca, futuro campeón de la temporada, recibió a Chacarita Juniors. Igualaron 0 a 0. Esa misma tarde, River derrotó a Atlanta. El Estudiantes de Los Profesores goleó 3 a 0 a Talleres de Escalada. Ferro venció 2 a 0 a Argentinos Juniors. Gimnasia venció 2 a 1 a Lanús de visitante. Platense derrotó 1 a 0 a Vélez. Huracán goleó 4 a 0 a Quilmes en el Sur y San Lorenzo venció 4 a 2 a Tigre. El clásico de Avellaneda debió esperar hasta enero del año siguiente.

 

HUBO UN DIA QUE ARGENTINA FUE HUMILLADA EN UNA COPA DEL MUNDO

 

Hasta aquella tarde de junio, éramos los campeones morales del fútbol. Los mejores. No teníamos corona por el simple hecho que no nos interesaba aquello de las coronaciones. Cuna de grandes. Históricos vencedores de los bicampeones uruguayos. Maestros del mundo. ¡Hasta Italia necesitó de nuestras figuras para consagrarse en 1934!.
Nuestro seleccionado obtuvo en 1957 el Sudamericano de Lima. Lo hizo con un fútbol rayano a la perfección. Una delantera mítica: Oreste Corbatta, Humberto Maschio, Antonio Angelillo, Enrque Omar Sívori y Cruz. El súmmun del fútbol. Pero todos sabemos que la dicha no es eterna. En 1958, Humberto Maschio, Valentín Angelillo y Enrique Omar Sívori decidieron vender sus goles y gambetas al calcio italiano. Por disposición de entonces, los futbolistas que pertenecían a entidades del exterior no podían ser convocados al seleccionado. Los reemplazos no estuvieron a la altura. Ni Ludovico Avio, de Vélez Sársfield; tampoco ese reo porteño que fue Beto Menendez. Mucho menos un bronce como Ángel Labruna, que llegó al Mundial con casi cuatro décadas.

 

15 de junio de 1958. Un parteaguas de nuestro fútbol. Checoslovaquia nos hizo seis goles y obligó a replantear la táctica en nuestro fútbol.

 

Argentina arrancó el mundial con derrota ante Alemania Occidental. La dinámica germana arrasó a un mediocampo en el cual Pipo Rossi, con casi 15 años de fútbol profesional en el lomo, corría flechas rubias con un alambre de cobre en la cintura para calmar el dolor del lumbago. En el partido definitorio, los checoslovacos nos pasaron por encima. Así de simple. ¿Amadeo Carrizo se comió tres goles? Se lo criticó más por su personalidad que por su actuación. Un tal Vaclav Hovorka nos metió tres goles y mandó cincuenta años de historia de nuestro fútbol al diván. Después de aquel 1-6 ante los checoslovacos ya nada será igual.
Murió el lirismo. Nació el tacticismo.

 

HUBO UN DIA QUE UN EQUIPO CHICO SE CONSAGRO CAMPEÓN

 

Desde que se implementó el Profesionalismo, hasta 1967, ningún equipo chico se había consagrado campeón. Hubo muy serios intentos. Gimnasia Esgrima La Plata fue despojado en 1933. Banfield fue el Campeón Moral de 1951, en aquellas finales ante Racing. El Lanús de 1956 y Argentinos Juniors modelo 1960 intentaron llegar al título por el camino del buen juego, pero ninguno pudo consagrarse.
El título de Estudiantes de La Plata nació en Villa Crespo. Porque Osvaldo Zubeldía puso en práctica todo lo que tenía en su mente con un buen equipo de Atlanta que a comienzos de los 60s mostraba que el fútbol ya no era sólo inspiración.

 

Estudiantes de La Plata, campeón del Metro 1967, rompió la hegemonía de los grandes en el profesionalismo porteño.
1967 fue un año especial. Por decisión de Valentín Suárez – interventor de AFA – el año se dividió en dos torneos. Metropolitano y Nacional. El Metro se jugó por zonas. Dos clasificados y una final. Racing y Estudiantes fueron los mejores por la Zona A. Dos estilos muy diferentes. Racing, pendiente de la Libertadores, jugó al tranco el torneo. Los Pinchas en cada partido fortalecían su idea. Racing llegó cómodo a las finales, pero tocado en nombres. Juan José Pizzuti recurrió a suplentes. Estudiantes llegó a la final luego de derrotar a Platense en un partido increíble.
El 6 de agosto de 1967, Racing y Estudiantes se vieron las caras en el Gasómetro. Racing tenía gloria. Los muchachos de Zubeldía estaban hambrientos de ella y fueron quienes ganaron. Golearon 3 a 0, con tantos de Raul Madero, Juan Ramón Verón y Felipe Ribaudo.
Nacía una nueva era. A partir de 1967, una docena de equipos que jamas soñaron con títulos, dieron inolvidables vueltas olímpicas.

 

 

 

HUBO UN DIA QUE UN EQUIPO ARGENTINO FUE CAMPEON DEL MUNDO

 

Montevideo. 4 de noviembre de 1967. Juan Carlos Cárdenas. El Chango. Un zurdazo, una hazaña y a cobrar. Racing Club campeón del Mundo. El primero en la historia de nuestro fútbol.
Juan José Pizzuti asumió la dirección técnica de la Academia a mediados de 1965. El equipo iba último en la tabla. Ubicó las piezas en su justo lugar y el resultado fue un equipo histórico. La hinchada lo recibió con un cantito eterno: «Y ya lo ve…Y ya lo ve…es el Equipo de José«. Campeón 1966. Invicto en 39 partidos. Un equipo que se sabía de memoria: Agustín Cejas; Oscar Martín, Roberto Perfumo, Alfio Basile y Panadero Díaz; Miguel Mori, Juan Carlos Rulli, Bocha Maschio; Jaime Martinoli, Juan Carlos Cárdenas y Juan José Rodríguez.

 

John Fallon volará hasta el final de los días y nunca llegará. Argentina campeón junto a la Academia.

 

El Equipo de José asumió la Copa Libertadores de 1967 como su gran compromiso. Veintitres partidos necesitaron para ganar el torneo continental, incluidas tres finales durísimas ante Nacional de Montevideo. Independiente había logrado la Copa en 1964 y 1965. En ambas oportunidades cayeron en la final intercontinental ante el Internazionale de Helenio Herrera.
La Academia debía enfrentar al Celtic Glasgow, quienes derrotaron al Inter en la final europea. Los escoceses fueron el primer equipo británico campeón de la actual Champions League. La tensión fue en aumento. Estaba patente el recuerdo del partido Inglaterra-Argentina en la Copa del Mundo 1966. El affaire Rattín. Los piratas gritándonos Animals.
El primer partido se jugó en el Celtic Park de Glasgow. 18 de octubre. Si nosotros eramos los Animals, ellos no se quedaron atrás. Ochenta mil espectadores, cientos de petacas de whisky arrojadas al campo de juego y un triunfo local 1 a 0, gol de Billy Mc Neil. La revancha se disputó el 1 de noviembre en Avellaneda. Una piedra le partió la cabeza al arquero Ronnie Simpson antes de comenzar el juego. El suplente, John Fallon, ocupó la meta escocesa  Ganaba la visita, Racing lo dio vuelta con goles de Toro Raffo y Juan Carlos Cárdenas.
El partido definitorio se jugó en la hostil Montevideo. veinticinco mil argentinos cruzaron el charco. Fue una batalla. Se jugó a muerte. A los once minutos del segundo tiempo, el zurdazo del Chango. Convirtió pocos goles con esa pierna. Pero metió el que valía. El que le permitió al fútbol argentino estar – por primera vez – en lo más alto del mundo.

 

 

HUBO UN DIA QUE ARGENTINA QUEDO FUERA DE UN MUNDIAL

 

En la Copa del Mundo 1966, el equipo argentino se fue de la cancha ungido en pasión nacional. Antonio Ubaldo Rattín, el árbitro pelado alemán, la reina y la pasión que generan las Copas del Mundo.
Fueron tiempos intensos para el fútbol argentino. Surgían diversas expresiones futbolísticas de autor: el Racing de José, el Estudiantes de Zubeldía, el San Lorenzo de Tím, el Boca de Di Stéfano. Habiendo tan buenos equipos, ¿Porque Argentino no superó su eliminatoria mundialista de cara a México 1970?
Un racimo de peruanos festeja el segundo gol, convertido por Chumpitaz.
Tal vez haya sido porque la AFA era un caos. Intervenida desde el golpe militar de 1966. A comienzos de 1969 el cargo de entrenador le fue conferido a Humberto Maschio, el Bocha de Racing, quién se había retirado de la práctica activa en diciembre de 1968. Sin experiencia previa, con una idea de juego que necesitaba mucho trabajo, el grupo mundialista no ayudó: Argentina debía enfrentar a Bolivia y Perú. Una lotería en la cual compramos el billete equivocado.
Comenzamos la serie jugando de visitante. Mal. Caímos en La Paz 3 a 1. En Lima, perdimos 1 a 0. Necesitábamos un milagro. Aldo Neri, interventor de AFA, despidió a Maschio y apostó a la experiencia de Adolfo Pedernera. En vano. En la Bombonera vencimos a Bolivia con un solitario penal convertido por Rafael Albrecht.
Domingo 31 de agosto de 1969. Partido definitorio. Había que jugarse la vida ante un equipo peruano moldeado por el brasileño Didí. Nombres como Chumpitaz, Challe, León, Teófilo Cubillas y Cachito Ramírez. Del toque, credo y religión. No hubo nada que hacer. Fueron muy superiores. El golazo de Toscano Rendo sobre el final – una joya de la gambeta – sirvió para no perder.
Parecía increíble, pero fue real: Argentina vio un mundial tan sólo por la tele.

 

 

HUBO UN DIA QUE UN EQUIPO DEL INTERIOR SE CONSAGRÓ CAMPEÓN

 

La fiesta terminó cuando el sol se hizo presente. En la noche del miércoles 22 de diciembre de 1971, Rosario vivió un sueño. Rosario Central, uno de los hijos dilectos de la ciudad, obtuvo el torneo Nacional. Luego de cuarenta años de profesionalismo porteño con invitados. Por primera vez, un equipo de las provincias se consagraba campeón de la primera división del fútbol argentino.
Angel Landucci, símbolo de aquel equipo canalla, festeja el título. Victoria 2 a 1 sobre San Lorenzo. Central el primer equipo del interior campeón de primera división.
En 1931 no se profesionalizó el fútbol argentino, si no el fútbol porteño. Mismo camino siguió Rosario y Santa Fe. La prepotencia económica logró que a partir de 1939 se sumaran al campeonato porteño los equipos rosarinos más potentes. El fútbol de tierra adentro había perdido la batalla final. Buenos Aires se hizo cargo de la potestad del fútbol nacional.
Rosario Central había quedado a un paso de obtener el Nacional 1970. Cayó 2 a 1 en la final ante Boca Juniors en el estadio Monumental. Partido que se definió en tiempo suplementario. La revancha tardó casi un año en cobrarse.
1971 fue un año irregular. Durante gran parte del Metropolitano dirigió Angel Tulio Zoff. Durante el campeonato fue reemplazado por Angel Amadeo Labruna, quién comenzó el Nacional. Luego de una durísima derrota 5 a 1 ante San Lorenzo, Labruna renunció enfrentado con la Comisión Directiva. Tomó la posta Carlos Timoteo Griguol, quién tomó el equipo en forma interina. Luego de tres jornadas, la Comisión Directiva decidió contratar nuevamente a Angelito.
Clásico rosarino en semifinales. 19 de diciembre de 1971. Para la historia, el mítico gol del Aldo Pedro Poy, símbolo canalla hasta su última célula. Rosario Central nuevamente finalista. Esta vez el rival fue San Lorenzo de Almagro. El único equipo que le había propinado una derrota importante. La final se desarrolló en el Estadio de Parque de la Independencia. Héctor Scotta puso en ventaja al Ciclón apenas comenzado el partido. A los 17 minutos, Aldo Poy habilitó al santiagueño Artemio Gramajo, quién igualó. En el segundo tiempo, otra jugada de Poy finalizó en remate de Carlos Pato Colman, quién selló el 2 a 1 final.
Rosario Central 1971, el primer equipo del interior que rompió la hegemonía del fútbol porteño.

 

 

 

HUBO UN DIA QUE ARGENTINA SE CONSAGRO CAMPEON DEL MUNDO

 

Lo que debiera ser uno de los momentos supremos en la historia de nuestro fútbol, será para siempre motivo de conflicto y debate. La dictadura cívico militar operó la Copa del Mundo para beneficio propio y de sus socios. FIFA miró hacia otro costado. El partido ante Perú será motivo de eterna sospecha. ¿Pero ese equipo de jugadores de fútbol no compitió ante similares en situación de ecuanimidad? ¿No fueron hijos de un pueblo futbolero que festejó en aquellos días – y con los años con la venda desatada – condenó y repudió a los genocidas?
César Luis Menotti fue el padre del equipo. Asumió la conducción del seleccionado en octubre de 1974. Por primera vez, un técnico proponía un plan de trabajo metódico y ordenado para el equipo nacional. Se nutrió de muy buenos jugadores del interior. Potenció el ámbito local. Propuso una línea de juego a pesar de resultados que no se fueron dando, sobre todo en la serie de amistosos internacionales de 1977.

 

Daniel Passarella alza la Copa del Mundo. Aquel 25 de junio de 1978 se cumplió el viejo sueño de nuestro fútbol.

 

El grupo de Argentina fue el más difícil de todos. El llamado Grupo de la Muerte. En el primer partido superó a Hungría 2 a 1, goles de Leopoldo Jacinto Luque y Daniel Bertoni. Luego fue el turno de Francia. Otra victoria 2 a 1, tantos de Daniel Passarella y Luque. En el último partido de la fase, caímos 1 a 0 con Italia.
Segundos en la zona, el equipo debía dejar Buenos Aires y buscar un lugar en Rosario. En Arroyito, Argentina recibió un apoyo conmovedor. El primer rival fue Polonia. Victoria 2 a 0, con penal atajado por el Pato Fillol a Deyna. Domingo 18 de junio. Clásico ante Brasil. Ambos equipos tuvieron miedo a una derrota que los dejaba afuera de la final. No hubo pequeñas sociedades ni jogo bonito. Otra vez Fillol. Esta vez tapándole un mano a mano descomunal a Roberto Dinamita.

 

Mario Kempes en un afiche eterno del fútbol argentino. Goleador del certamen, vital en la final con dos goles.
El último partido de la segunda fase era ante Perú. La AFA acordó con la FIFA que Brasil-Polonía jugaran antes que Argentina-Perú. Cuando a las 21hs del miércoles 24 de junio de 1978, nuestro equipo salió al campo de juego de Arroyito, todo el país sabía que había que convertirle cuatro goles a los peruanos para llegar a la final de la Copa del Mundo. El partido terminó 6 a 0. La duda eterna. ¿Pasó algo extradeportivo aquella noche rosarina? Los que abogan la teoría del si plantean mil conjeturas. Incluida la alta política continental. Otros recuerdan el remate del Coyote Muñante en el palo apenas comenzado el partido que pudo significar la apertura del marcador para los peruanos.
Y llegó el Día D. 25 de junio de 1978. Lluvioso. Invernal. Enfrente, Holanda. Sin Johann Cruyff, no dejaba de ser un rival de temer. Fue un partido cambiante. Mario Kempes abrió el marcador en el primer tiempo. La segunda etapa fue toda naranja. A los 38 minutos igualó Dirk Nanninga. Sobre la hora, un remate de Robert Rensenbrink golpeó el palo izquierdo de Fillol. Tiempo suplementario. Allí reapareció nuestro equipo. Mezcla de fútbol y coraje. Nuevamente Kempes y Daniel Bertoni le dieron cuerpo al 3 a 1 final.
Hubo un día que Argentina fue Campeón del Mundo. A pesar de los dictadores, sus sicarios y los cómplices en el Palco de Honor.

 

 

 

HUBO UN DIA QUE UN GRANDE SE FUE AL DESCENSO

 

Desde que se profesionalizó el fútbol en 1931, quedó en claro cuales eran los equipos grandes. Huracán comenzó siendo uno de ellos, pero por diversos factores hicieron que su luz se fuera atenuando y brillando otras, como la de Vélez Sarsfield. Esos equipos, cuando no peleaban los campeonatos, navegaban en una tranquila mediocridad, lejana del descenso.
Hubo excepciones. En 1945, Racing Club estuvo cerca de perder la categoría. Más aún Boca Juniors en 1949, cuando sufrió hasta la última fecha. Recién en los años setenta, los equipos grandes volvieron a estar en peligro. En 1976, La Academia boqueó aire para no descender ante el débil San Telmo. Al año siguiente amañó un partido vergonzoso ante Quilmes para no sufrir hasta el final.

 

Patea Delgado, ataja Alles. San Lorenzo tuvo la salvación en sus pies.

 

San Lorenzo de Almagro jamás había tenido problemas en la zona baja. Campeón 1974, vivía la inercia de aquel equipazo que fueron Los Matadores. Pero la mano cambió. La dictadura, por intermedio del Intendente Brigadier Osvaldo Cacciatore – piloto naval que bombardeó Buenos Aires en 1955 – desguazó el club con cierta complicidad de la directiva azulgrana.
El club perdió el mítico Gasómetro en 1979. Al año siguiente salvó la categoría de casualidad. Promediando el Metropolitano 1981, presidentes de clubes comprometidos arreglaron el descenso de Colón y Sarmiento de Junín. La noticia se filtró y todo se enrareció. San Lorenzo, con viejas glorias como Héctor Scotta, Hueso Glaría o Sergio Villar, junto a pibes de la talla del Gallego Insúa o Jorge Rinaldi, llegaron a la última fecha a jugar un partido de vida o muerte ante Argentinos Juniors. Victoria o empate era sinónimo de santa salvación. Derrota era un pasaje al infierno de los sábados.
15 de agosto de 1981. Cancha de Ferro Carril Oeste. San Lorenzo tuvo su penal. El remate del sanjuanino Eduardo Emilio Delgado fue atajado por el arquero uruguayo Mario Gualberto Alles. El Loco Carlos Salinas no falló el suyo.
Incredulidad. Un grande se iba al descenso. No sería el último.

 

Periodista y escritor. Autor de Héroes de Tiento y Héroes en Tiempos Infames. Conductor de Abrí la Cancha, por Radio Gráfica FM 89.3

 

 

 

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