Humberto Rafael Bravo: «Si abría la puerta de la platea, eramos campeones del Nacional 77»

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Humberto Rafael Bravo pasó por las Charlas de Vestuario de Abrí la Cancha. Santiagueño y goleador. Surgió en Independiente, pero fue una gran figura del mítico Talleres de los 70s. Máximo goleador del club cordobés en campeonatos de AFA. Los recuerdos y la pena por haber quedado fuera del Mundial 78.

Por Carlos Aira

 

SUEÑOS DE FUTBOL: «Nací en Añatuya, Santiago del Estero. El mayor recuerdo de mi infancia tiene que ver con la pelota. Jugábamos todo el día al fútbol. No importaba el calor infernal del verano, era jugar y jugar. Los pibes queríamos jugar a la pelota todo el día. Estuve jugando en clubes de mi pueblo hasta que un día apareció un ojeador de Independiente por la provincia y me dijo si quería probarme en su club. El primer año no pude viajar por falta de dinero. Al año siguiente se hizo una colecta para comprar el pasaje y finalmente viajé hacia Avellaneda. Ahí comenzó mi carrera en el fútbol».
«Añatuya es un pueblo muy futbolero. Surgieron muy buenos jugadores, como Enrique Veloso, Guillermo Cejas y mi sobrinito René Bravo, que falleció muy joven en un accidente cuando había convertido varios goles en Argentinos Juniors. Añatuya también es el pago de Homero Manzi, ni más ni menos».

 

 

INFERIORES EN INDEPENDIENTE: «Llegué a Independiente y me encontré con una calidad de jugadores juveniles de primer nivel. Allí estaban Rubén Galván, Hugo Saggiorato, Manuel Rosendo Magán y el propio Ricardo Bochini, que es dos años menor, pero compartimos varios partidos en Reserva. Mi primer entrenador fue Emilio Baldonedo, pero luego tuve otros grandes entrenadores como Rubén Marino Navarro y Vladislao Cap, el técnico que me subió a Primera».
«En inferiores debuté como 5 en la Quinta. En esa posición subí a Reserva. En Independiente había muchos maestros y tenían la virtud de llevarte despacio. De 5 pasé a 8. De ahí a cuarto volante y finalmente fue Pipo Ferrero quién me ubicó de delantero. Cuando el equipo salió campeón del Metro 1971 fui un partido al banco de Primera. Fue inolvidable porque allí estaba gente muy importante, como José Omar Pastoriza, Pepé Santoro, Eduardo Commisso, el Chivo Pavoni, el Tano Mírcoli o Alejandro Semenewicz«.

 

 

UN PIBE EN UN EQUIPO DE HOMBRES: «Ese equipo de Independiente era un equipo de hombres. La clave fue la unidad del grupo. A mí me fueron llevando de a poco. Nunca olvido los asados de los jueves porque eran obligatorios. No podías faltar de ninguna manera. ¡Tenías que tener un certificado médico para no estar! Los más grandes decían que eran una familia y ese nivel de unidad y compromiso fue la clave del éxito de aquel equipo».
«El Pato Pastoriza era el capitán que manejaba el timón del barco. Un buen equipo necesita algo más que buenos jugadores. El fútbol necesita compañeros con ascendencia. Aquellos jugadores de Independiente formaron con sus códigos a muchos juveniles. Siempre recuerdo que yo vivía en el hotel Casablanca, en Avellaneda. Mis compañeros sabían que no me sobraba una moneda, entonces pasaban por el hotel y me dejaban cosas que yo necesitaba. No sabía quién había pasado, pero era alguno de ellos. Desde shampoo hasta dinero para ir al cine. Ellos me dieron la escuela del fútbol y por eso siempre les voy a estar agradecidos. En Talleres tuve grandes compañeros, pero tal vez nos faltó algo de lo que tenía aquel equipo de Independiente«.

 

QUILMES: En 1972, Independiente compra a Daniel Bertoni a Quilmes y a mi me dan como parte de pago. En el sur me pagaban un poco más y fui. Llegué a Quilmes y el técnico no me ponía nunca. El entrenador era Marino. Recuerdo que una vez lo encaré y le pregunté por que no jugaba y el me respondió que el fútbol de la B era demasiado áspero y yo no era jugador para la categoría. ¡Y eso que en ese equipo jugaban Ricardo Julio Villa y el Indio Gómez! Así que no jugué casi nunca en Quilmes.

 

DESTINO CORDOBA: «Quedo libre de Quilmes y sin club. Mi cuñado era cordobés y fanático de Belgrano. Me llama y me dice que vaya para allá porque me había conseguido una prueba en el club. Juego ante Talleres y recuerdo que me convocan al día siguiente para avisarme que preferían a otro delantero. En ese momento tenía una propuesta de Temperley, pero mi cuñado me siguió consiguiendo pruebas. Fui a Instituto, pero no quedé. Voy a Racing, donde el presidente era hincha de Independiente y me conocía. Quedo, pero no me pagaban nada. Me pruebo en Universitario, pero me ofrecían menos que Racing. Ahí es donde mi cuñado vino a decirme que tenía una prueba en Talleres«.

 

Año 1980. Gol del Tigre Bravo a Boca Juniors en el Chateau Carreras.

 

ANGELITO LABRUNA…: «Voy a probarme, pero no creía que podía quedar. Talleres tenía un equipazo y era dirigido por Ángel Labruna. Nunca me voy a olvidar aquel día. Llegué a la Boutique y los vestuarios estaban en un primer piso. Subo y pido hablar con Labruna. Lo saludo y le digo que me iban a probar. Labruna me mira y me pregunta: «- ¿Pibe, quien te trajo?». Lo miro y le digo que mi cuñado. Ahí es donde me explica que sabía quién era, pero tenía tres 9 y el equipo completo. No dije nada porque son las reglas del fútbol. Bajo del vestuario y le cuento a mi cuñado que no me iban a probar. Esa noche tenía tren de regreso a Buenos Aires, pero fue mi hermana que me convenció de quedarme una noche más».
«Al día siguiente, mi cuñado pasó a buscarme temprano y me dijo que había hablado con Ricardo Talamonti, ayudante de Ángel Labruna, y me iban a probar. No quería ir porque me daba verguenza encarar nuevamente a Labruna, pero me terminó convenciendo mi hermana. Vuelvo al estadio y de nuevo la misma escena. Entro al vestuario, veo a los muchachos cambiándose para entrenar, Labruna me mira, me vuelve a preguntar que hago acá y en forma paternal me explica que no hay lugar. Yo estaba colorado de vergüenza. Bajo del vestuario y lo encuentro a mi cuñado hablando con Paco Cabasés, una institución del club. Fue Paco quién convenció al Maestro Labruna que me prueben. Recuerdo que no quería subir de nuevo a ese vestuario. Finalmente subo y Labruna me dice: – «Bravo, te voy a probar«. ¡Pero yo no había llevado botines!. Me dieron ropa en utilería y me puso en reserva. Recuerdo que me marcaron Luis Galván y Héctor Ártico. En el equipo titular jugaban Gualberto Vidal Muggione, Francisco Rivadero, Miguel Patiré, el gordito Juan José Valiente, el sanjuanino Pereyra y Daniel Willington. Ganamos 2 a 0 y convertí los dos goles. Terminó la práctica y Labruna me dijo: – «Che, ¿Jugás el domingo?». Partido de reserva contra General Paz Juniors. Jugué con otro apellido, convertí siete goles en un tiempo y todo el mundo en Córdoba preguntaba quién era. Así comenzó mi camino en Talleres«.

 

BRAVO, SINÓNIMO DE GOL TALLARIN: «Apenas comencé en Talleres me enfermé de neumonía y estuve casi todo 1975 en cama. En 1976 llegó el maestro Rubén Bravo y armó aquel equipo glorioso de Talleres. Desde ese Soy el máximo goleador del club por detrás de Wanora Romero. Fui muy feliz en aquellos años y será inolvidable el clásico ante Belgrano en Barrio Alberdi. 25 de mayo de 1976. Ganamos 4 a 1, convertí los cuatro goles y soy el único jugador que marcó cuatro goles en el clásico cordobés.

 

 

NACIONAL 1977: «Ese debió ser nuestro campeonato. Nunca voy a olvidar el partido semifinal ante Newell´s en Rosario. Los rosarinos eran los únicos que le jugaban al fútbol a Talleres. El partido de ida igualamos 1 a 1 en Córdoba. Por reglamento, el gol de visitante valía doble. En Rosario íbamos 0 a 0 hasta los 42 minutos del segundo tiempo. Le hicieron un foul al Hacha Ludueña, que se levantó rápido y habilitó a Reinaldi como puntero derecho. Tiró el centro y la meto. El festejo del gol fue una locura. Corrí toda la cancha y me subí al alambrado donde estaba la gente de Talleres. Me subí a lo más alto sin pensarlo. Una locura. Cuando me di cuenta era increíble donde había subido. Fue la emoción de un gol que dejaba a Talleres finalista del campeonato«.

 

25 DE ENERO DE 1978: «Es la noche negra. Íbamos 1 a 1 cuando Ángel Bocanelli convirtió el 2 a 1 y se armó el revuelo con los jugadores de Independiente. Si el gol fue con la mano tienen derecho a patalear, pero era para echarlos a todos ¡Si le pegaron una patada al árbitro!. En medio del lío, los jugadores de Independiente volvieron al vestuario y rompieron todo. El árbitro Roberto Barreiro nos dice que demos la vuelta olímpica porque somos campeones. En ese momento dudamos. Miramos a Roberto Saporiti, nuestro entrenador, y no encontramos respuesta. Yo vi la puerta de la platea y dudé en abrirla. Hoy pienso que si la abría eramos campeones. Después me enteré que los militares querían que el partido terminara por la imagen internacional previa al Mundial 78. Fueron al vestuario y le exigieron a Pastoriza que salieran a terminar el partido. El partido continuó. Eramos tres jugadores más. No le hicimos más goles de casualidad, pero apareció Ricardo Bochini, hizo esa doble pared con la Chancha Bertoni y hasta el día de hoy me arrepiento de no abrir la puerta de la platea. Si lo hacía, Talleres era campeón 1977. No abrimos la puerta y sufrimos un maracanazo. Es inexplicable todo lo que pasó».

 

Gol de Humberto Bravo a Racing. Año 1977. El Tigre de Añatuya.

 

ARGENTINA 78: «Luego de aquella final estuve cuatro meses concentrado en la Fundación Salvatori. El Flaco Menotti y el profesor Pizzarotti nos pusieron a punto. Volábamos. Eramos unos tigres. Argentina derrotó a Holanda en el tiempo suplementario porque físicamente, Argentina era impecable. Nunca voy a olvidar la tarde que Menotti me dejó afuera del mundial junto a Diego y Lito Bottaniz. Pasados tantos años me siento campeón del Mundo, pero con lágrimas en los ojos porque me quede afuera. Siempre recuerdo que Menotti nos preguntó si queríamos quedarnos. Bottaniz se quedó concentrado, pero yo me fui junto a Diego. Los dos llorando. Yo tenía diez años más que Diego, pero el me hablaba como si fuera mayor. Estaba sin coche y le pedí si me podía llevar hasta Aeroparque. En el camino me decía que íbamos a ir juntos a España 82. Yo sabía que no era así y le contesté: Dieguito, conozco mi límite y sos vos el que va a jugar varios mundiales«.

 

PARIS Y LA REVANCHA: «Una vez que quedé desafectado del Mundial, Talleres me transfirió al París FC. Con la plata de mi venta, Talleres compró el predio. ¡Mirá la plata que se perdió Independiente y Quilmes! Alguna vez José Luis Meiszner le reprochó a José Marino que nunca me puso en su club. ¡Yo le agradezco a Marino, porque si no me dejaba libre jamás hubiera ido a Talleres, la Selección y Europa! En París compartí la ciudad con dos personas fantásticas, como son Cacho Heredia y Carlos Bianchi«.

 

El gol de Humberto Bravo que quebró el récord más prolongado de un arquero en el fútbol argentino de Primera División.

 

 

EL GOL A BARISIO: «En 1980 volví a Talleres. En 1981 cambiamos de entrenador y nos fuimos a pique. No podíamos creer que estuviéramos peleando por mantener la categoría contra San Lorenzo, Colón y Sarmiento. En una de las últimas fechas visitábamos a Ferro, que venía peleando el campeonato cabeza a cabeza contra el Boca de Maradona. Recuerdo que me llamó Diego y me dijo: Por favor, háganle fuerza a Ferro. Ellos la fecha siguiente recibían a Ferro y tenían miedo de perder el campeonato. Yo le respondí: Diego, tenemos que ganar porque nos vamos al descenso. Ustedes tienen que ganarle a Colón.
En el partido contra Ferro el técnico me mandó al banco. Carlos Barisio tenía un invicto de diez partidos. Un récord increíble. Con los años, Barisio me confesó que estaba tranquilo porque no jugaba. Entré sobre el final del partido y marqué el gol del empate cuando faltaban pocos minutos. Le quebré a Barisio un récord de 1.075 minutos. Si no empataba, no sé si Boca salía campeón en 1981. La semana siguiente que terminó el campeonato, me encontré con Diego en el Hotel Los Dos Chinos en la entrega de unos premios y Diego me agradeció porque si no empataba aquel partido, no sé si Boca salía campeón«.

 

Periodista y escritor. Autor de Héroes de Tiento y Héroes en Tiempos Infames. Conductor de Abrí la Cancha, por Radio Gráfica. Premio Jauretche 2021 a la Investigación Periodística.
PRODUCCION: Nehuén Ríos.

 

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