Carlos Leeb: «Me emociono cuando recuerdo el partido que ganamos con las camisetas de la gente»

3025

Carlos Fabián Leeb pasó por las Charlas de Vestuario de Abrí la Cancha. Goleador e ídolo de Chacarita Juniors y muy querido en Banfield. Su nombre es un símbolo de gol funebrero en los años 90s. En una charla a fondo, el Gato recordó su infancia, sus comienzos en Independiente, sus padecimientos por las lesiones y la gloria en Chaca y Banfield.

Por Carlos Aira

 

SUEÑOS DE FUTBOL:  «Dormía con la pelota. Mi infancia fue en Villa Diamante. Calle de tierra y jugar a las bolitas en el cordón de la vereda. Uno va creciendo, pero siempre la pelota estuvo presente. Recuerdo que eran de plástico o medias. Nunca olvido a mi viejo rellenando la pelota con trapo. La pelota de cuero estaba lejos del presupuesto de la familia, porque eramos muy humildes. ¡Si jugábamos con eso, imaginate cuando llegó por primera vez una pelota de cuerpo».
«De pibe era bastante callejero. Mi familia era muy estricta, sobre todo mi vieja, pero yo me escapaba a la canchita del Club 6 de Enero que estaba a la vuelta de mi casa. Si no iba a jugar a los potreros del barrio que había un montón en aquel entonces»

 

 

INFERIORES EN INDEPENDIENTE: «Cuando se asfaltaron las calles del barrio seguimos jugando igual. Un vecino llamado Osvaldo me veía siempre y fue quién me llevó a Talleres de Escalada. Tenía edad de Novena División. Jugué una serie de amistosos y anduve muy bien. Cuando iba a fichar, un señor que me dirigía en el Club Sedalo consiguió una prueba en Independiente. Pepé Santoro y el Profe Díaz me aprobaron y con 13 años fiché en Independiente. Año 1982. Talleres me quiso convencer con bolsos de ropa y zapatillas, pero ya había tomado una decisión.
«Arranqué en Pre-Novena e hice todas las divisiones. El mío fue un caso raro, porque los juveniles de Independiente, habitualmente, pasaban de Quinta a Primera División. ¡Había tanto talento en esas inferiores! ¡Tantos pibes del interior que la rompían! Y en la primera estaban los monstruos de siempre, como el Bocha, Néstor Clausen, Hugo Villaverde, Rogelio Delgado, Luli Ríos, Pedro Monzón. ¡Tuve la suerte de criarme con esa gente!«.

 

 

UN SUEÑO DE PRIMERA:  «Debuté en 1988 en un plantel maravilloso. La gente no lo recuerda, pero en aquel momento yo jugaba de 8. Adelante mío lo tenía al Gringo Ricardo Giusti y a José María Bianco, que lo había traído el Indio Solari. En esa temporada, el Chaucha la rompió. Un crack. En aquel 88 ví como se armó el equipo campeón. Se fue Claudio Marangoni, pero llegaron Rubén Darío Insúa y el Negro Ludueña. ¿Cómo hacíamos los pibes para entrar en ese equipo? Yo debuté en un liguilla ante Boca, pero pronto tuve pubalgia y quedé postergado. Jugué toda la temporada 1988/89 en Reserva en un equipo donde alternaban Néstor Villarreal, el Pirata Czornomaz, Daniel Garnero, Fabio Lenguita, entre otros. Todos esos cracks tuvieron que esperar, pero Independiente 1988/89 fue campeón de Primera y la reserva bailó a todos. Nunca olvido un 10 a 0 a San Lorenzo en Avellaneda».

 

LAS SIETE VIDAS DEL GATO: «En Independiente estuve de operación en operación. Tuve siete en total mientras estuve en Independiente. En 1991 me mandaron a préstamo por un año a Estudiantes de La Plata. Cuando vuelvo de Estudiantes, el club me dejó libre estando lesionado. Podía hacerle juicio a Independiente, pero jamás le haría juicio al club que me formó y me permitió llegar a la primera división. Estaba haciendo la recuperación cuando una tarde me crucé con Claudio Rodríguez, hijo de Perfecto Rodríguez – un histórico de Chacarita – y me preguntó si no quería ir a Chacarita. Yo me estaba recuperando de una hernia de disco. Al principio creí que era joda, pero a los 15 días surgió la posibilidad formal de ir a Chaca».

 

Año 1993. El romance eterno entre el Gato y Chacarita.

 

A CHACA Y CON LA 9: «Llegué a Chacarita Juniors en 1992. Me recibió Don Juan Manuel Guerra, que me preguntó como estaba de las lesiones. El viejo la tenía clara y me reconvirtió en delantero. El sabía que entrenaba muchísimo y era un volante con mucho gol. Recuerdo que pasé una prueba, por mi lesión, y el problema era donde jugaba. Guerra tenía el mediocampo armado: de 8 estaba Néstor Sosa; de 5, Rubén Darío Checchia y el 10 era Víctor Rabuñal, pero el uruguayo todavía no había firmado contrato. Arriba estaban Arturo Gnoffo y el entrerriano Sergio Laiker. Don Juan Manuel me encaró y me pregunto: ´Pibito… ¿Te animás a jugar de 10?´ ¡En ese momento yo jugaba de cualquier cosa! Así comenzó mi camino en Chaca».
«Cuando llegó Rabuñal parecía que quedaba fuera del equipo, pero justo se lesionó el Gringo Laiker. El Viejo me agarró y me dijo: ´Pibito… Su papá (Luis Félix Leeb) era delantero, ¿Se anima a jugar de 9?´. Yo quería jugar. ¡Necesitaba jugar!  Me puso de 9 y nunca más me saqué esa camiseta«.

 

Año 1994. Estadio Monumental, previo a la final ante Tigre. El Gato junto al ya fallecido Manolo Arrabal.
EL RECUERDO DEL VIEJO GUERRA: «Tengo los mejores recuerdos de Juan Manuel. Un hombre que transmitía una gran serenidad. Conocía muy bien el fútbol de ascenso en todas sus categorías y no le erraba con los jugadores. En la primera temporada (1992/93) perdimos el ascenso al Nacional ante Gimnasia de Jujuy. Al año siguiente el ascenso no se nos escapó, en gran parte, porque Guerra eligió muy bien los refuerzos y mejoró al equipo con el Tano Leani, Adriano Custodio Mendes, Irala Sarabia, Tortuga Gómez y Manolo Arrabal».
«El Viejo Guerra tenía mística y te daba mucha tranquilidad. Su mensaje era jugar al fútbol. Siempre el mismo esquema: 4-3-1-2, con enganche, pero en sus equipos corrían todos y no regalábamos nada. La virtud de Don Juan Manuel era convencer sin levantar la voz. Nos decía ´un golcito y ganamos´. Pero no solo eso: tuvimos como Preparador Físico a Elvio Paolorroso – que hace poco estuvo con Gerardo Martino en México – que nos hizo volar».

 

AQUEL ASCENSO DE COMIENZOS DE LOS 90S: «Me tocó jugar en una B Metro de lujo. Había grandes equipos como All Boys, Sarmiento o Tigre. En 1992/93 perdimos el ascenso contra el All Boys del Beto Pascutti y Marcelo Blanco. ¡Todos jugadores de Primera División! Había muchos jugadores de Primera División, gente grande, que no habían perdido su clase. Hoy, el fútbol argentino son todos pibitos. En aquellos días había especialistas en el ascenso. Gente que se la convocaba para ascender. Siempre recuerdo el caso de Humberto Zuccarelli que siempre llevaba a sus jugadores. Eran seis o siete jugadores que se movían con ciertos técnicos y siempre ascendían o peleaban los ascensos».

 

El Gato Leeb y la camiseta de Chaca.

 

LA TARDE QUE LA GENTE LES DIO LA CAMISETA: «Fue una tarde hermosa. Algo increíble que tuve la suerte de vivir. ¡Yo estuve ahí! Jugábamos contra Almagro en San Martín y los dos salimos con la camiseta blanca. Curiosamente, a ambos equipos los vestía Penalty hacía muy poco tiempo, pero el club aún no había recibido la camiseta titular. El referee suspendía el partido y perdíamos los puntos. Esa tarde la cancha estaba llena y la gente se puso al hombro la utilería. Buscaron en las tribunas camisetas del 2 al 16. Todas camisetas transpiradas y de cualquier marca. Nunca olvido la transpiración y el olor a previa que tenían. ¡Fue hermoso! Fue una historia maravillosa porque encima ganamos. El título de los diarios fue: ¡Chacarita ganó con la transpiración de la gente! Se me pone la piel de gallina cuando lo recuerdo porque yo estuve allí y fue parte de esa historia».

 

 

GANGRENA GASEOSA: «Fue muy bravo. La gangrena gaseosa es traicionera porque no oscurece la pierna, entonces es difícil saber que está pasando. Todo sucedió al ingresar a mi organismo un virus luego de una operación en un tobillo. Recuerdo que en la primera práctica salí por el dolor. A la hora de terminar el entrenamiento el médico miró el tobillo y tenía un crujido a la altura del gemelo. Me llevaron al Hospital Muñiz, donde no había lugar. El director del Muñiz le explicó al médico del club que tenían que abrir la pierna en tres partes y echarme litros de agua oxigenada. Me operaron esa misma noche. Fue en el momento justo, porque si llegaba a la rodilla, perdía la pierna. En la pierna me habían hecho una marca por donde debían amputar. Eso fue bravísimo. Estuve un mes internado y entré al quirófano doce veces entre cortes y limpiezas. Tengo un Dios aparte y un médico que me salvó. Cuando volví, la pierna era de goma. En esos días hice una promesa: si volvía a jugar, por cada gol iba hasta Luján. Bueno, llegué a hacer más de 75 goles después de la operación».

 

BANFIELD: «Llegué a Banfield en 1997 con un gran equipo. Estaban Archu Sanguinetti, Oscar Craviotto, Patrulla Jiménez, la Vieja Reinoso, Mario Pobersnik, Mariano Campodónico y un pibe que era Mauro Camoranesi. Un equipo que arrasó en las zonas de grupo, pero perdió en las finales. Si era un campeonato común lo ganábamos caminando. Siempre recuerdo que Patricio Hernández, nuestro entrenador, un hombre muy capaz e intelectual, le pidió al club trajes para todos nosotros. Asi ibamos a todas las canchas de ascenso».
«En 2001 pude ascender con Banfield. Otro equipo, con otros muchachos, pero era un equipazo que armó Cachín Blanco y la mística se la dio Mané Ponce. Dos maestros que están en el cielo. Un equipo duro, con Adrián González, Cebolla Giménez, el Japonés Santa Cruz y arriba te matábamos con Pucho Castro, Martín Mazzucco, Yagui Forestello y el Garrafa Sánchez«.

 

Periodista y escritor. Autor de Héroes de Tiento y Héroes en Tiempos Infames. Conductor de Abrí la Cancha, por Radio Gráfica FM 89.3 

 

 

 

Comentarios

comentarios