Adriano Custodio Mendes: «Con Temperley tengo un amor muy grande»

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Surgido en Estudiantes de La Plata, ídolo en Temperley y muy querido en Chacarita, el caboverdiano Adriano Custodio Mendes fue un gran jugador de su tiempo, los años 80s. Un recorrido por su carrera donde no faltó el humor y la reflexión.

Por Carlos Aira

 

SUEÑOS DE FUTBOL: «Vengo de una familia de futbolistas. No vi jugar a mi papá, pero decían que era un gran jugador. Mi hermano también jugaba muy bien, pero tuvo la mala suerte de lastimarse la rodilla en Coimbra, Portugal, donde estudiaba. Eramos tres hermanos varones y mi papá decía que el mejor iba a ser yo por zurdo. El fútbol es algo que llevé en la sangre desde muy chico».

 

EMIGRAR A LA ARGENTINA: «Yo nací y viví en Cabo Verde, una isla en Africa que era colonia Portuguesa. Cuando fallecieron mis padres, una hermana mayor que vivía en la Argentina tomó mi tutela y me vino a buscar. Tenía sólo 12 años. Fue todo muy duro. No conocía a casi nadie. ¡Ni a mi hermana casi conocía! Porque ella se vino con mi mamá a la Argentina, pero mi mamá extrañaba y se volvió a Cabo Verde donde me tuvo a los 40 años. Mi hermana se quedó en La Plata viviendo con una tía y terminé en casa de ellos. Nunca voy a olvidar el día que llegué a la Argentina. En Ezeiza tenía colgado un cartelito que decía `me llamo Adriano Custodio Mendes´. Mi hermana me saluda, nos subimos a un vehículo y nos fuimos a La Plata. Esa noche, mi hermana me invitó a comer pizza. ¡La miré de una manera! Enojado le dije que yo no comía eso. En Cabo Verde tenía otro significado! jajaja».

 

 

El pibe Custodio, en cancha de Vélez. Año 1981.

ESTUDIANTES DE LA PLATA: «Poca gente lo sabe, pero arranqué en Gimnasia. Con edad de sexta división tuve una experiencia muy fea, no quería jugar más a nivel clubes y sólo divertirme en el barrio. Un señor, que me quería como un papá, me llevó a Estudiantes. Quedé en la primera prueba y al poco tiempo me fui a vivir a la pensión donde estuve durante cuatro años. Estudiantes te marca de por vida. Jugadores como Marcelo Trobbiani o Alejandro Sabella, que los tuve como compañeros, siempre quisieron volver. Irse de Estudiantes no es fácil. El club es una familia que te educa. Una escuela que deja huellas hasta a aquellos que llegaron de grandes al club. Estudiantes siempre trabajó de una manera especial. El club te hace sentir parte. Pase lo que pase, las cosas nunca se conocen afuera. La ropa sucia se lava en el club. Un club muy privado».

 

Custodio Mendes con la camiseta de Estudiantes de La Plata.

ESTUDIANTES DE LA PLATA, 1981: «Me tocó debutar con compañeros fantásticos: Tata Brown, Patricio Hernández, Abel Herrera, Guillermo Trama, Miguel Russo, Gringo Galetti, Chino Coudaness. Era otra época: los chicos no opinábamos, escuchábamos a los grandes y aprendíamos. Debuté en el Nacional 81, ante Sarmiento en Junín. Tuve todo el apoyo. Si las cosas no salían, no te decían nada. Un día, sin darme cuenta, estaba tirando paredes con Patricio Hernández, mi ídolo. Patricio fue la persona que me guió en la vida y los valores. ¡Aprendí a patear tiros libres viendo como pateaba en el country!».

 

PRESTAMO A DANUBIO: «En el Metro 82 llegó Carlos Bilardo. Yo hacía banco porque estaba Trobbiani y Sabella delante mío. Me vino a buscar Sergio Markarian para ir a Danubio de Montevideo. Carlos Bilardo me aconsejó muy bien y me dijo que vaya a buscar experiencia. Fui a préstamo sin cargo y sin opción. En el Nacional 83, que fuimos campeones, tuve mucha más participación».

 

Alejandro Sabella. Año 1982.

ALEJANDRO SABELLA: «Alejandro era mejor como persona que jugador, y eso que era un crack. Tengo una anécdota fantástica con él. En 1983 entro contra San Lorenzo en cancha de Vélez y meto el gol del triunfo. Al domingo siguiente, Eduardo Luján Manera me dejó fuera de los convocados. En ese momento, Alejandro me dice: `- Andá y encaralo´. Yo le respondí: – `No, porque sino no juego más´.  Andá y encaralo que nosotros te bancamos porque nos hiciste ganar plata. El fútbol me dejó dos grandes maestros, sacando a Patricio Hernández, como Alejandro Sabella y Marcelo Trobbiani. Ellos tenían algo impagable. Si ibamos ganando tranquilo, pedían el cambio para que los chicos ganaramos un peso del premio. Un partido contra Instituto, Trobbiani pidió el cambio y Manera no quería. Marcelo le gritó – Me sacás o me voy de la cancha. Manera luego se dio cuenta que pensaban en la necesidad de sus compañeros».

«Sabella era un compañero muy gracioso. Una vez me asustó para todo el campeonato. Ibamos a ir de pretemporada a Salta, año 1984. Cuando vamos al aeropuerto nos dimos cuenta que ibamos a ir en dos avionetas. Alejandro me dice: – Mirá donde nos vamos a morir... Me asusté tanto que me tiré en el piso y no quise mirar nada. Sabella me miraba en el piso, se reía y me decía: ´Negrito…mirá como nos vamos a morir`.

 

¿COMO JUGABAS, ADRIANO?: A mí me da verguenza comparar mi fútbol. Yo era liviano, pero la piloteaba porque era muy inteligente para jugar. No sé si hoy hay jugadores de mi estilo. Tal vez el último fue Juan Román Riquelme. Es dificil encontrar esa clase de jugadores que antes había montones hasta debajo de las baldosas. Hoy no hay estos jugadores por culpa de los entrenadores y los jugadores. Les doy un ejemplo. Hace muchos años, en una práctica, un técnico en Estudiantes me pidió jugar de 8. Yo le dije que no jugaba allí porque en Primera no me iba a poner en esa posición. Hoy hay muchos jugadores que juegan en posiciones que no sienten. El jugador es más profesional, pero más sumiso y juega donde el entrenador le pide.  Está muy bien el resultado, pero como llegamos a el mismo. Hoy los talentosos terminan jugando de doble 5 pegando patadas«.

 

Adriano Custodio Mendes con la camiseta de Temperley. Año 1985.

TEMPERLEY: «En Temperley tengo un lugar de ídolo que no sé si me merezco. Existe un amor mutuo y muy intenso. Fue el club donde mejor pude expresar mi fútbol. Jugué el Nacional 85 de forma brillante. Todo lo que hacía me salía. En Temperley me sentí querido desde el día que fui a arreglar el contrato. Esa tarde llegué a la puerta del club y la gente me decía alentaba. Había algo con Temperley. En 1983 el Flaco Zuccarelli me quiso llevar a préstamo, pero Estudiantes no quiso saber nada. En 1984 jugué un muy buen partido en cancha de Temperley y la gente estaba ilusionada con mi presencia. Tenía dos compañeros – dos hermanos -como Cristian Guaita y Héctor Vargas, que nos conociamos de Estudiantes. Tuve unos compañeros que me decían que corrían para que yo jugara. Eso me generó un gran compromiso y responsabilidad. Todas las pelotas que agarraba tenían que terminar bien. Jugué solo un semestre. Lo hice en forma brillante, es cierto, pero nunca entendí porque siempre me quisieron tanto».

«Temperley es mi casa. Los chicos que no me vieron jugar me admiran por lo que le dicen sus padres o sus abuelos. Dicen que junto a Alejo Escos fuimos los mejores jugadores en la historia de Temperley. ¡Yo no jugué tres años en Temperley! Jugué un Nacional, unos cuantos partidos del Metropolitano 1985 y cuando volví al club, ya grande, en 1997 para jugar la B Metropolitana».

 

CHACARITA JUNIORS: «El equipo que ascendió en 1994 lo armó el cabezón Miguel Lemme, quien fue compañero mío en Estudiantes. Hay una historia rara. A mí me costó ocho partidos encontrarle la vuelta a la B Metropolitana. Todo el estadio me puteaba. El único que confiaba en ese momento era Darío Villarruel, el periodista. Cuando le encontré la vuelta a la categoría entendí como debía jugar. Aprendí que los espacios no los iba a encontrar. Todo terminó con la vuelta olímpica en cancha de River y el cantito que era «el hermano de Pelé«. Pero quiero remarcar que a ese equipo lo armó Lemme, a quién lo echaron con el equipo puntero porque la gente no lo quería. Ascendimos con Don Manuel (Guerra) como entrenador, pero aquel gran equipo de Chacarita campeón 1994 lo armó Miguel Ángel Lemme».

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