Enrique Hrabina: «Para jugar en Boca hay que ser valiente y brindarse por la hinchada»

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Jarabina, como le decía Mauro Viale. Fue un duro en una época de duros. Enrique Hrabina surgió en Atlanta, tomó consideración en San Lorenzo y durante siete años (1985-1992) fue el dueño absoluto de la camiseta número 3 de Boca Juniors. El Ruso Hrabina, con las canilleras puestas, en una Charla de Vestuario apasionante.

Por Carlos Aira (@carlosaira11)

 

SUEÑOS DE FUTBOL: «De pibe vivía el fútbol con mucha naturalidad. Jugaba en la puerta de casa y en los potreros de mi barrio, Villa Devoto. Luego comencé a jugar en el baby fútbol en General Lamadrid antes de llegar a Atlanta. Pero yo no tenía la idea de jugar en Primera. Jugaba por jugar. Por la pasión que tenía por el fútbol, el juego y estar con mis amigos».

 

 

Quique Hrabina en la Primera de Atlanta. Año 1982.

ATLANTA: «De pibe vivía dentro del club. Llegué con edad de pre-novena e hice todas las inferiores. A la mañana en el colegio y por la tarde entrenar en el club. Pero Atlanta se ponía hermoso en el verano. Vivía dentro de la institución. No solo jugaba al fútbol. Fueron tardes enteras practicando voley y basket. Donde había una pelota ahí estaba yo. Un club muy social y familiar. Recuerdo con mucho cariño a los grupos de padres que se formaban – en diversas disciplinas – que acompañaban a sus hijos y compraban camisetas y pelotas. Todo a pulmón. ¡Que hermoso recuerdo!.

 

LA FINAL DE 1982: En 1982 tuvimos un año fantástico. Quedé en el recuerdo por el penal que me atajaron en la maratónica definición ante Temperley en cancha de Huracán. Pero vale destacar que esa noche jugamos buena parte del segundo tiempo con ocho jugadores. Fue épico, de verdad, pero el esfuerzo lo pagamos en los penales. Ese penal fallado fue una de las tristezas más grandes de mi carrera deportiva. Costó superarlo, pero gracias a Dios lo pude hacer.

 

Año 1983. Enrique Hrabina persigue al uruguayo Alberto Bica. Fue un gran año de San Lorenzo.

SAN LORENZO CON EL BAMBINO: «Aquel San Lorenzo de 1983 era un equipo que iba al frente. Los dos marcadores teníamos la obligación de ir al ataque. Tanto yo como el turquito Alul. Teniamos un equipazo, con el Gallego Insúa de 5, pero se iba al ataque; arriba estaba el Toti Iglesias, Mario Husillos, el cabezón Rubens Navarro y Walter Perazzo. Terminamos siendo subcampeones a punto de Independiente. Un equipo que llenaba todas las canchas y un grupo fantástico de jugadodores convencidos que teniamos que ir al frente«.

«Sentí pasar del ascenso a un grande, pero por suerte fui formado en Atlanta. En aquellos días, el club se distinguía por ser formador de grandes profesionales. Yo tuve la suerte de haber sido formado en Atlanta, cuando todavía tenía chapa de equipo de Primera División. ¡La cantidad de futbolistas formados en Atlanta! El Gallego Vázquez, Charly Carrio, Alfredo Graciani. Tuve la suerte de tener maestros como Victorio Spinetto, Alberto González o Américo Pérez«.

 

Un joven Quique Hrabina y su alegría por pasar a San Lorenzo. Año 1983.

QUIQUE: ¿JUGARIAS HOY?: «Si, me hubiera adaptado. No me la pasaban nunca, ¡Pero me iba al ataque en todos los tiros! No tenía todas las luces, pero iba siempre al ataque. Hoy el fútbol ha cambiado, pero me hubiera acomodado a los cambios reglamentarios. Cualquier jugador de mi época hubiera jugado en la actualidad. ¡Que los jugadores de hoy jueguen con el suelo que teníamos nosotros! Eran matas y matas. Los campos de juego eran muy complicados y en malas condiciones que en la actualidad. En mi época había más filtros para llegar a Primera y mantenerse. Hoy tenés más opciones y facilidades. La globalización permitió un abanico de opciones laborales mucho más amplias.

 

 

El vikingo Hrabina, una marca registrada del Boca de los 80s.

UN 3 A LA MEDIDA DE BOCA: «Encarné al hincha dentro del campo de juego. El jugador de Boca tiene que ser especial. Un tipo valiente que devuelva lo que que brinda la hinchada. Hay que dejar todo dentro de la cancha. En lo posible, jugar de la mejor manera; pero si no salen las cosas, no darse nunca por vencido. Yo jugué un año desgarrado. ¡Un año! Es cierto que me cortó la carrera, porque una vez que me recuperé no podía hacer trayectos largos en velocidad y terminé jugando de central. Pero jugué con fiebre, con una costilla rota, con una vena tapada y desgarrado. Lo pienso y es una locura, pero también era la autoexigencia que me generaba vestir la camiseta de Boca. Era el capitán y referente del equipo, por eso no me arrepiento de todo lo que hice».

«Jugué con todos los entrenadores que tuvo Boca entre 1985 y 1992. Me elegían por solidario y porque dejaba todo dentro de la cancha. Por eso me eligieron entrenadores con diferentes estilos, como José Omar Pastoriza, el Toto Lorenzo, César Luis Menotti, el Cai Aimar o el Maestro Tabárez».

 

Junio de 1991. Quique grita con alma y vida un gol a Newell´s.

BOCA EN TIEMPOS DIFICILES: «Hay que comprender algo: en 1985, Boca tenía cientos de juicios, una convocatoria de acreedores, jugadores a préstamo y la Bombonera clausurada. Paulatinamente se fueron solucionando los problemas institucionales. A partir de 1988 comenzamos a pelear campeonatos, pero nos encontramos con grandes equipos. Creo que en 1991 tuvimos un año espectacular. Superlativo. Lamentablemente nos robaron la final ante Newell`s, quitándonos a Batistuta y Latorre. También pienso en la locura que fue aquel partido ante Colo Colo en la Copa Libertadores. Por suerte en 1992 pudimos concretar la vuelta olímpica. Nos costó mucho, pero fue fundamental la estabilidad institucional porque la prioridad de Boca en aquellos días era el resurgimiento institucional. Pero quiero dejar algo en claro: en aquellos días difíciles, a pesar de la malaria, con mucha garra y en situaciones muy malas, Boca nunca peligró con el descenso.

 

 

20 de noviembre de 1988. Boca 1-6 San Martín de Tucumán. Quique va a buscar la pelota dentro de su arco.

SEIS GOLES DE RACING Y OTROS SEIS DE SAN MARTIN: «Viví las dos goleadas en forma terrorífica aunque fueron dos partidos diferentes. El clásico contra Racing tiene una explicación. Nosotros estábamos muy bajos y ellos tenían un equipazo y volaban. La tarde con San Martín de Tucumán fue terrible. Un partido extraño porque llegamos punteros. Ellos recién habían ascendido. Nos echaron a Juan Simón en los primeros minutos y quisimos seguir atacando. Cada contra fue un gol de San Martín. Antonio Vidal González era rapidísimo y le salieron todas. A pesar de las derrotas, nosotros nunca nos mostramos abatidos. Siempre quisimos revertir la situación metiendo a lo loco. Es más, después de perder 1-6 contra San Martín de Tucumán, la hinchada nos despidió con un fuerte aplauso.

 

BOCA, GANADOR DEL APERTURA 1991, CAMPEON DEL CLAUSURA 1992: «Fuimos los conejitos de indias. En aquella temporada 1990/91 el campeonato se definió con dos finales. Luego, hasta 2013, fueron dos campeones por temporada. Ganamos el Apertura invictos y nos quedamos sin título. Fue un golpe muy duro y doloroso. Fuimos superiores a Newell´s y nos quedamos afuera en los penales. Luego pudimos ganar el campeonato de 1992. Digo que lo gané porque si bien terminé siendo parte del cuerpo técnico lo que poca gente recuerda es que comencé la temporada siendo jugador del plantel. Por eso me considero campeón de aquel Clausura 1992 que terminó con la racha de once años sin títulos».

«Siempre recuerdo ese gol a Newell´s en la Bombonera. Me emociono cuando lo escucho en el relato de Héctor Caldiero. Un gran profesional que nos dejó muy pronto y lo tengo en el recuerdo. Ese gol nos aseguró la punta del campeonato y la final, justamente, ante Newell´s. Esas finales las jugué con alma y vida. Cuando salió Newell´s al campo de juego los esperé cuando salían del túnel. Uno de ellos (Pájaro Domizzi) me escupió en Rosario. Lo esperé en la manga y le dije de todo. Me quería vengar como sea porque son cosas que no se hacen. Jugué con mucha bronca«.

 

HRABINA O JARABINA: «Si estuvieramos en República Checa sería Jravina, con una j suave. Mauro Viale decía Jarabina. Acá, como la H no se pronuncia, será siempre Hrabina».

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