Walter Perazzo: «Chilavert aprendió a pegarle a la pelota en el patio de mi casa»

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Fue uno de los grandes goleadores de los años 80s. Idolo en San Lorenzo, símbolo de «Los Camboyanos», el equipo del Ciclón que peleó bien arriba entre 1985 y 1988 sin recurso alguno. En la Charla de Vestuario, Walter repasó su trayectoria, sus grandes goles, con algunas sorpresas que vale la pena prestar atención.

Por Carlos Aira (*)

 

SUEÑOS DE FUTBOL:  «El fútbol fue parte de mi vida desde mi nacimiento; porque nací en Colombia ya que mi padre se desempeñaba en Independiente Santa Fe. Desde muy chico tuve muy fija la idea de triunfar en el fútbol. Mi vida pasa por una pelota desde que tengo uso de razón. Comencé en el baby fútbol hasta los 13 años, cuando tenía que dar el salto a las divisiones inferiores. Yo tenía una oportunidad para probarme en Vélez Sársfield, pero yo quería jugar en San Lorenzo«.

 

UN PIBE ENTRE MAESTROS: «Mi papá jugaba con los veteranos de San Lorenzo. Nombres notables, porque allí estaban Mamucho Martino, Omar Higinio García, José Francisco Sanfilippo o Mierko Blazina. Como siempre faltaba uno o alguno llegaba muy cansado al final del partido, mi viejo se las ingeniaba para hacerme entrar casi siempre. Puedo decir, con mucho orgullo, que arranqué mi carrera compartiendo cancha con maestros, porque todos ellos tenían vocación de enseñar. Ahí me vieron los técnicos de fútbol juvenil de San Lorenzo. Año 1976. Tenía 14 años pero estaba decidido: quería ser futbolista«.

 

 

ACCIDENTADO DEBUT CON BILARDO: «Mi paso por las inferiores fue meteórico. Hice Novena, Octava y en 1979, Carlos Bilardo me sube a Primera División. Tenía aún 16 años.  Debuté en Montevideo, en un amistoso contra el Sub-20 de Uruguay que iba a jugar el Mundial Juvenil de Japón. Lo curioso es que me había esguinzado un tobillo en un partido de mi categoría el día anterior. No le dije nada a Bilardo y me hice un estribo. No llegué a jugar diez minutos y terminé rengo. Terminé tan mal qué, cuando volvimos a Buenos Aires, me pusieron un yeso hasta la rodilla«.

 

EL GASOMETRO: «Para mí, como hincha y jugador, la pérdida del Gasómetro fue terrible. Yo debuté allí y también jugué el último partido, el 2 de diciembre de 1979, contra Boca Juniors. En 1980 entrenamos en el Gasómetro pero no se jugó. Siempre recuerdo la tristeza que me generaba ver como se iban desarmando las tribunas. Siempre digo que la pérdida del Gasómetro fue innecesaria y la historia la debe recomponer«.

 

La redondita de Perazzo. 18 años. 1980.

EL DESCENSO DE 1981:  «San Lorenzo bajó por una serie de factores. Una mala relación política de la dirigencia con el gobierno y la AFA. Se dieron muchas cosas. En 1980 nos salvamos en las últimas fechas. Para 1981 el equipo se reforzó con jugadores veteranos, con muchas lesiones, y otros que no estaban a la altura del club. Había problemas políticos, económicos e institucionales. Eso desencadenó lo que se veía venir».

«Nunca voy a olvidar la tarde del descenso. La noche anterior al partido contra Argentinos Juniors (15/8/1981), el Toto Lorenzo me llamó junto a Rubén Insúa, Marcelo Milano y Osvaldo Rinaldi, que eramos juveniles que alternábamos, y nos anunció que seríamos titulares. En la cancha hubo mucha tensión y una realidad: nosotros fallamos nuestro penal y ellos lo convirtieron. Siempre recuerdo que terminó el partido y no hubo insultos. Fue increíble lo que sucedió: todo fue un mar de lágrimas, pero durante una hora nadie se movió de la tribuna.

Hoy, cuarenta años después, puedo decir que a San Lorenzo le vino bien el descenso: el club se unió y a partir de 1982 el club tuvo un par de años muy buenos».

 

ESTUDIANTES  DE LA PLATA 1982: «Carlos Bilardo asumió en Estudiantes de La Plata y pidió mi pase. En aquel 1982 viví la cara opuesta a todo lo que había vivido en San Lorenzo: un club organizado y un entrenador que me enseñó a ser un profesional cabal. Ese paso por Estudiantes me sirvió muchísimo. Allí me recibí de jugador profesional. Mucho tuvo que ver Bilardo, pero también un gran plantel, con jugadores cómo el Tata Brown, Miguel Russo, Alejandro Sabella, Hugo Gottardi. Nos exigían, pero nos enseñaban. En Estudiantes aprendí las exigencias de un campeón«.

 

SAN LORENZO 1983/84: «La clave de aquel equipo fue el Bambino Veira. Un personaje vital en el resurgimiento de San Lorenzo. En 1983, hubo fiesta en cada cancha que se presentó San Lorenzo. Después de los años tristes, fue un cambio rotundo. Un equipo alegre y vistoso. El Bambino ayudó con su impronta para generar ese espectáculo. Hicimos partidos con mucho vértigo. Un equipo fantástico que remató un año inolvidable. Salimos segundos de un equipazo como Independiente, pero ese campeonato, que se nos escapó por muy poco, quedó en la memoria y el recuerdo de todos los hinchas«.

 

Walter Perazzo marcado por Ricardo Altamirano. Año 1987. Los Camboyanos quedaron en la historia de San Lorenzo.

LAS MITICAS REUNIONES EN CASA DE LOS PERAZZO: «Mi casa familiar se había convertido en una especie de sede del club. Después de los entrenamientos venían muchos compañeros. Comíamos, dormíamos la siesta y luego ibamos a patear a la canchita del fondo. No lo hacíamos como una obligación. Al revés: nos divertíamos. José Luis Chilavert atajaba un ratito pero luego se pasaba horas pegándole a la pelota. Blas Giunta le debe mucho a esa canchita. Allí aprendió a pasar la pelota con las dos piernas. Eso que Blas aprendió de grande yo lo tuve de chiquito. Desde muy pibe entrené tanto la derecha como la izquierda. Le aprendí a pegar con las dos piernas de volea y sobrepique. Después me sirvió muchísimo en mi carrera profesional«.

 

MI PODIO DE GOLAZOS: «Mi mejor gol fue jugando contra Boca en la Bombonera. Año 1987. Los dos equipos llegaban muy bien al partido. Estadio lleno. Cancha mojada. Un enganche para la zurda y una definición brillante desde fuera del área. Desde lo emotivo y la factura de la jugada, fue el mejor de todos. También el famoso gol que le hice al gran Argentinos Juniors de 1985. Fue desde media cancha. Nunca olvido que el árbitro, Juan Carlos Loustau, me felicitó dándome la mano. Pero hubo un gol que sólo ustedes, en Abrí la Cancha, recordaron. Fue en un partido de reserva ante Nueva Chicago. Año 1982.  La pelota me la tiró Hugo Gottardi, me quedó muy atrás, y le pegué con los tacos. Un gol de Escorpión. Es algo que no lo sabe casi nadie y lo sabían ustedes». 

 

Los Camboyanos festejando un triunfo en cancha de Independiente.

LOS CAMBOYANOS:  «Nosotros quedamos en el corazón de los hinchas porque San Lorenzo, a pesar de todas las dificultades, peleamos todos los campeonatos entre 1986 y 1988. Ese equipo tenía coraje, corazón, amor propio y orgullo. Jugábamos para la gente porque nuestra alegría era salir a la cancha y ver el estadio lleno. Como en todos los grupos hubo diferencias, pero dentro de la cancha nos matábamos por la camiseta y el compañero. Aparte, era un gran equipo. La gente percibió todo eso y nos apoyó. Por su parte, nosotros nos apoyamos en la gente. En la semana nos pasábamos discutiendo temas económicos en reuniones eternas, pero llegaba el domingo y nos matábamos por la camiseta de San Lorenzo«.

 

EL SUEÑO MUNDIALISTA: «Nací en Colombia, pero al año y medio de vida ya vivía en el país. En 1985 me quisieron convocar para la Selección Colombia, pero mi sueño era jugar para Argentina. En 1986 fue mi mejor época. Carlos Bilardo me tuvo en una preselección para ese Mundial, pero no estuve en la lista definitiva. Cuando Argentina se consagró campeón del mundo, el primer partido fue ante Italia. Año 1987. Ahí vestí la camiseta de la Selección, pero me hubiera encantado haber jugado un Mundial y mi Mundial era México 1986«.

 

BOCA JUNIORS, 1988: «Para 1988, mi ciclo en San Lorenzo estaba desgastado. Iba a quedar libre el 30 de junio y mi relación con la dirigencia era mala. Yo no quería irme sin dejarle un centavo al club. Antes de junio, llegó la oferta de Mauricio Macri para comprar mi pase y llevarlo a Boca. Fue su primer negocio en el fútbol. Tenía ofertas más importantes, pero reitero, yo quería dejarle un dinero a San Lorenzo«.

Septiembre de 1988. Gol de Perazzo a River en el Monumental.

«Fui un afortunado. Cuando debuté en San Lorenzo lo hice con un gol. Mi segundo partido en Boca fue contra River en el Monumental y tuve la suerte de hacer un gol muy recordado. Un River lleno de estrellas dirigido por César Luis Menotti. Desde ese momento, la gente me trató diez puntos. Yo venía padeciendo con San Lorenzo que nunca le podíamos ganar a River. Primer partido en Boca y le ganamos a River. Fue una sensación muy linda que disfruté en las vivencias. La cantidad de convocatorias. Siempre recuerdo que el lunes después del partido vinieron todos los noticieros a mi casa. Fue increíble lo que generó ese triunfo y el gol en el clásico. Ese día comprendí el mundo Boca desde adentro«.

«Jugando para Boca tuve una noche emocionante, inolvidable, que fue ante Olimpia en la Libertadores de 1989. Nunca había visto tanta gente en una cancha. Habíamos perdido 2 a 0 en Asunción y a los veinte minutos de juego ya perdiamos 2 a 0. Un terrible 0-4 en total. Siempre recuerdo qué, cuando nos hicieron el segundo gol, agarré la pelota y miré todo el estadio. Me salió un fuego interior. Hice el descuento cuando finalizaba la primera etapa y lo que sucedió en el segundo tiempo fue increíble. Jugué un partido sensacional y ganamos 5 a 3. Lamentamente, perdimos en los penales. Si hubiéramos ganado, ese equipo de Boca sería un póster en todas las pizzerias». 

 

UNA EXPERIENCIA EXTRAÑA EN COREA: «En 1993 me llegó una oferta para ir a Corea. Yo estaba allá con el Yaya Rossi y una tarde se nos antojó tomar mate y hacer unos panqueques, pero era todo muy dificil. Es más, una tarde fuimos a un supermercado y en vez de comprar aceite compramos vaselina. ¡Así de difícil era todo! Teniamos que adivinar todo. Yaya le pidió a la familia que enviara dulce de leche y yerba. Cuando llegó la caja teníamos una ansiedad increíble, pero pusieron los productos mal embalados. ¡Un desastre! Si hicimos un panqueque fue mucho. ¡Encima, pagamos la encomienda como 100 dólares!

 

(*) Periodista / Abrí la Cancha.

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