Hugo Morales: «En 1994, A Huracán le faltó la cuota de suerte para salir campeón»

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Una de las entrevistas más emotivas del ciclo. Hugo Morales. El crack que creció en un conventillo de la Boca. Su paso por Huracán, la idolatría en Lanús, la Selección Argentina, Daniel Passarella y su lucha contra el cáncer. Imperdible.

Por Carlos Aira (*)

 

SUEÑOS DE FUTBOL:  «Mi familia es de Bella Vista, Corrientes, donde estoy viviendo ahora. Mi mamá quedó embarazada acá y justo mi papá consiguió trabajo en La Boca como mecánico de una sodería. Yo nací en el hospital Argerich. Tuve una infancia feliz, jugando todo el día en los potreros de La Boca. Una infancia con más pelota que estudio porque iba al colegio pero siempre pensaba en ir a jugar al fútbol. Después, de muy pibe, comencé en las inferiores de Huracán. Pero siempre viví rodeado de fútbol».

 

DE BOCA Y LA BOCA: «Vivía en un conventillo en la calle Suárez y el potrero dividía el otro lado de la cancha. Desde mi casa, cruzaba la calle y entraba al potrero. Si seguía un poco más llegaba a la cancha de Boca. Tengo un montón de recuerdos de aquellos días de pibe en la Bombonera. Sobre todo de 1981, cuando Boca se consagró campeón. Tenía 7 años y junto a otros pibes cuidábamos los coches. En el entretiempo venía mi papá y me hacía entrar a la tribuna a upa para ver el segundo tiempo. Esas cosas que me resultan inolvidables. Fue una linda infancia y muy contento por haber pasado por todo eso».

 

Año 1992. Hugo Morales y Mariano David Dalla Líbera.

HURACAN: «Llegué a las inferiores y casi sin darme cuenta tuve la oportunidad de jugar profesionalmente. Ahora, más frío, pienso que no disfruté tanto el proceso de inferiores. Soy categoría 74 y terminé jugando con la 72. Con 15 años empecé a jugar algunos partidos en reserva y el 3 de marzo de 1991, Carlos Babington me hizo debutar en primera. Fue un debut inolvidable porque fue en la Bombonera ante Boca. Perdimos 2 a 0. Fui al banco y entré en el segundo tiempo por Héctor Miranda. Logicamente, son recuerdos que uno tiene guarados para siempre».

 

UN PIBE EN UN PLANTEL DE ADULTOS: «En mis comienzos tuve muchos compañeros más grandes en edad que fueron como mis hermanos mayores. Me tocó jugar junto a Héctor Cúper, capitán del equipo. El tenía 37 años y yo 16. Tranquilamente podía ser mi padre. También junto al Bichi Borghi, Patricio Hernández, Sergio Saturno, Ricardo Mohamed y Teté Quiroz. Toda gente que me ayudó mucho en mis comienzos. Aprendí mucho siendo chico y todos los consejos me sirvieron para mi vida personal. Sobre todo que hacer con mi primer sueldo.

«Así fue que a los 16 años me tuve que hacer cargo de mi familia por la pérdida de mi viejo. Junto a mi familia tuvimos que arrancar una vida de cero y tener un proyecto de futuro. En ese sentido me vino bien el tema de tener compañeros grandes por el asesoramiento que me dieron en lo personal. Por eso siempre les estoy tan agradecido».

Año 1991. La figurita de Hugo Morales. Un pibe de 17 años.

CRECER DE GOLPE: «Recuerdo que el primer contrato lo deposité en una inmobiliaria para comprarle una casa a mi vieja. Nos mudamos de La Boca a Quilmes, donde alquilamos una casa. Siempre fue mi anhelo que mis padres tuvieran su casa propia. Por eso fue lo primero que hice cuando cobre mi primer dinero importante. Como vino, quise la casa para mi vieja y sigo estando orgulloso porque ese dinero tuvo un destino muy lindo para mí«.

«A los 16 años perdí a mi papá. Él me llevaba a entrenar y todo. Después se enfermó y me quedé sin viejo por un lado, pero por otro lado me dio la posibilidad de tener mi primer sueldo, de tener una casa para mi vieja. Pero había que ponerle el pecho a las balas, había que seguir, de la misma manera o mejor porque tenía dos hermanos que mantener y a mi vieja. El más lindo regalo fue eso, por lo menos por lo que había pasado con mi viejo, tuve que dejarlo a un lado, y apuntar para adelante».

 

HECTOR CUPER: «Se notaba su personalidad dentro de la cancha y fuera de la misma.  Lo tuve de compañero y técnico en Huracán. Después me llevó a Lanús y lo fui conociendo en profundidad. Un tipo que laburaba mucho, que se dedicaba de lleno al trabajo, tanto cuando era jugador como cuando fue técnico. Uno se iba dando cuenta de a poco de que no se iba a quedar así. Que iba a pasar a otro equipo. Así fue, estuvo en Europa, está dirigiendo afuera, pero bien merecido por todo trabajador que es».

 

CLAUSURA 1994: «Creo que nos encontramos con uno de los mejores Independientes. A lo mejor nos faltó un poquito de fortuna. Esa fortuna que necesita un equipo, que la rema, que sabe que por ahí tenía otros equipos que jugaban mejor, pero que llegas a la última fecha y necesitas tener esa cuota de suerte también. Nos encontramos con un Independiente magnífico, con sus jugadores que volaban y en un nivel altísimo, como Daniel Garnero, Gustavo López, el Palomo Usuriaga, Perico Pérez o el Tigre Gareca. En definitiva, nos encontramos con un gran equipo que hizo las cosas bien».

Huracán subcampeón 1994. Hugo Morales es el tercero de los hincados.

«Nosotros remandola llegamos con la chance de salir campeón, pero el fútbol tiene estas cosas. Si vos no tenes una cuotita de suerte a lo mejor no te da para ser campeón y creo que nos faltó eso. Cada uno quedó consciente que dejó todo y que podríamos haber quedado en la historia grande del club, pero a la vez nos fuimos tranquilos porque cada uno dejó todo pero nos encontramos frente a un gran Independiente«.

 

Hugo Morales con la camiseta de Lanús.

LANUS:  «Lamentablemente no me fui bien de Huracán por problemas con los dirigentes, pero me fui bien con los hinchas. Por eso tengo un afecto muy grande al Club Atlético Huracán. Justo en ese momento, Héctor Cúper también deja Huracán y firmó contrato con Lanús. Se contactó conmigo y me contó el proyecto. Me entusiasmé, sobre todo porque era ir a un club super ordenado, con buenas personas y mejores dirigentes. Los dirigentes de Lanús cumplieron a rajatabla todo lo prometido. Eso te daba mucha tranquilidad a la hora de trabajar. Por otra parte había un técnico que conocía. Cuper fue muy claro. El club se estaba afianzando en Primera División, comenzaban las grandes obras, sobre todo un predio muy lindo«.

«Me entuasiasmé con trato que me dieron en Lanús desde el primer día. Veía la transparencia y las ganas de los dirigentes de hacer bien las cosas. Es más, tengo una excelente relación con Nicolás Russo, porque fue el primer dirigente que conocí y me brindó todo cuando llegué a Lanús. Los jugadores teníamos todo resuelto. Nosotros sólo teníamos que poner nuestro granito de arena, que era tratar de lograr objetivos deportivos y por suerte pudimos ganar la Conmebol 96, el primer título grande del club».

 

LA CUPERATIVA 96: «La clave de aquel equipo fue el sacrificio. Mis compañeros fueron conociendo a Cúper y lo que quería. Era un tipo que se iba a meter de cabeza en búsqueda del objetivo e iba lograrlo. Le creíamos a Cúper y esa fue nuestra gran fortaleza. Dentro de la cancha todos teníamos una misión, pero fuera de la cancha eramos un grupo unido que se convirtió en una gran familia. Por eso respondíamos dentro del campo de juego. La pasamos muy bien y casi no había presiones. En 1996 nos mentalizamos para pelear el campeonato porque nos convencimos que podíamos pelearle mano a mano a cualquiera. Estuvimos cerca de ganar el Apertura 1996, pero conseguimos la Conmebol de aquel año. Fue un campeonato muy importante y muy festejado».

 

Lanus 1996.

 

EL FUTBOL ACTUAL: «Hoy se juega a otro ritmo. El enganche desapareció y se juega con otra velocidad. Pero a mi gusto falta el enganche que le brinde pausa al equipo. Creo que es cuestión de volver, de a poco, al enganche. Por otra parte, hoy se juega con extremos. Es todo mano a mano y centro atrás. También se busca abrir la cancha con centrales y mucha presión. Otro tema es la preparación física del fútbolista. Si hoy no estás 100% preparado, no podés jugar. Soy de la idea que el 80% del fútbol pasa por el jugador. Después, el técnico te puede ubicar en la cancha, pero si vos no estás bien de arriba y fisicamente, no vas a poder funcionar».

«El fútbol de mi época tenía muchos enganches, había más elaboración de juego y los partidos salían más lindos. Es más, todos los equipos tenían un enganche que jugaba bien. Estaban Pipo Gorosito, Juan Román Riquelme, Pablo Aimar, entre tantos. Nosotros, en Huracán, tuvimos a Víctor Hugo Delgado, un jugador fabuloso. Como todos conocían a los 10, el fútbol pasaba también por el 5 y 8, porque también jugaban bien y elaboraban juego».

 

Hugo Morales gritando un gol con la camiseta de Independiente. Año 2003.

¿POR QUE NO SE JUEGA CON ENGANCHE?: «El enganche ha desaparecido o se ha tirado a un costado. Por ejemplo, en su momento, Leandro Paredes jugaba tirado de 5, un poco más adelantado. Hoy, recibe la pelota entre los centrales y antes lo hacía de 5 tradicional. El fútbol cambió, pero reitero, creo que debe estar el jugador que maneje los tiempos. La pausa. Si ves que te están atacando y te tienen en un arco, ese 10 necesario para que le hagan un foul y tener la pelota para que vuelva a ser un partido de ida y vuelta. Mucho pasa por la inteligencia del jugador y por el técnico, porque casi ningún entrenador se la quiere jugar porque tienen miedo que se retrase el juego y se haga más lento«.

«Ahora es preferible pasar la mitad de la cancha lo más rápido posible para que el equipo rival no se te pare con una línea de 4 en mitad de cancha y se haga difícil mover la pelota. Pero algunas veces también tenés que elaborar juego porque pasas la mitad de la cancha volando y llegas al fondo, volves para atrás, da la vuelta y estas tres o cuatro veces con los centrales de un lado para el otro. Es muy competitivo el fútbol en general. Tanto en la Copa América o en la Eurocopa ya no hay selección débil. Alguna debe haber pero te hacen partido igual. Por eso, vuelvo a señalar, todo depende del jugador y del técnico que te de la confianza del movimiento dentro de la cancha. Dar libertad como nos daba a nosotros Cúper para crear y para defender también teníamos nuestras cosas. Es cuestión de animarse«.

 

DANIEL PASSARELLA Y LA SELECCION: «Siempre le voy a estar agradecido a Daniel Passarella por la confianza que me brindó. El podía elegir a Gustavo López o la Bruja Berti, pero terminé jugando yo. Tengo los mejores recuerdos de él. Un gran tipo, laburador y con carácter. Hizo muy bien las cosas en la Selección. Perdimos la final de un Preolímpico por esas cosas del fútbol, pero clasificamos muy bien a la Copa del Mundo de Francia 1998. Sobre todo, porque potenció una gran generación de jugadores jóvenes que aparecimos en aquella época«.

«Fuimos una camada importante. Todos de categoría 74-75. Habíamos armado un grupo fabuloso y después se sumaron los grosos. Me ha tocado jugar con Gabriel Batistuta, Claudio Caniggia, Cholo Simeone, Roberto Sensini, Ratón Ayala y Pupi Zanetti. Una linda experiencia con una linda camada de jugadores y grandes personas que hemos dejado todo por tratar de hacer algo. Estuvimos al borde de ganar una medalla de oro que por esas cosas del fútbol no pasó. Una linda camada que ha dejado todo por el país«.

 

Selección Argentina en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. Parados: Matías Almeyda, Roberto Sensini, Roberto Ayala, Javier Zanetti, Pablo Caballero y Josè Chamot. Hincados: Claudio López, Ariel Ortega, Hernán Crespo, Hugo Morales y Cristian Bassedas.

 

«Yo jugaba de volante por izquierda teniendo a Ariel Ortega tirado al medio. También nos daba libertad, pero bueno me gustaba jugar por afuera. La verdad que teniendo jugadores en mitad de cancha que rápidamente te hablaban o te cubrían y vos te podías ir. Me sentí cómodo porque teniendo a esos jugadores al lado que juegan bien, y teniendo a Ortega más adelante, después lo tenias a Hernán Crespo y al Piojo López. Teníamos jerarquía de jugadores donde uno tenía que cumplir, hacer su rol, tenía que ir por afuera, enganchar para adentro si se podía o hacer un pared. Lo bueno es que Passarella te daba libertad».

 

6 de mayo de 1998. Hugo Morales vuelve al fútbol luego de superar un cáncer. El gol ante San Lorenzo.

13 DE OCTUBRE DE 1997. EL CANCER Y LA PRENSA: «En esa época no se entendió bien cómo había sido el tema. Por ahí por temor, porque cuando te diagnostican una enfermedad, causa un golpe importante. Pero en ese momento, por ahí, tendría que haber ido de frente y decir lo que fue. Un poco culpa mía de dedicarme nada más que a recuperarme. Uno se quería recuperar de la enfermedad. Uno con el tiempo se da cuenta de que por ahí el culpable fui yo de no haber aclarado de qué es lo que me paso».

«Uno ya después de mucho tiempo ya se olvidó de ese tema. Y no hubo rencor contra nadie nunca. Uno puede decir las cosas en caliente pero automáticamente pasa. Es como cuando jugas al fútbol que te puteas con el rival y queda ahí, porque ya después te bajan la pulsaciones, se enfría todo y vuelve todo a la normalidad. Está todo bien. Más que bien».

 

6 DE MAYO DE 1998: «Es uno de los mejores recuerdos que tengo en mi vida; sin ninguna dudas. No sabía cómo iba a volver después de tanto tiempo parado. Que iba a pasar y que iba a sentir. Fue algo soñado. Hubo goles mas lindos, pero a nivel emocional e importancia y cómo fue la gente de Lanús a ese partido y los familiares, mi señora, la verdad que fue algo que lo tengo en los más lindos recuerdos de mi vida deportiva».

 

Hugo Morales en su paso por Nacional de Medellín.

NACIONAL DE MEDELLIN. «He pasado una de mis mejores épocas en Atlético Nacional sin ninguna duda.  Llegaba con una mochila importante: hacía como 20 años que no había un extranjero. A la hora de tomar la decisión los dirigentes me dijeron que el último extranjero había sido un peruano y conmigo se jugaban una carta importante. Pero a la hora de saber que íbamos a tener un equipo competitivo con Chicho Serna, Camilo Pérez, Juan Zuñiga, David Ospina. Sabía que me iba a encontrar con un lindo desafío, con una hinchada muy grande, con una institución gigante y estoy muy agradecido de haber pasado por ahí. Fue una de las mejores decisiones que tomé en jugar un grande de Colombia ,que me ha hecho sentir muy bien».

 

(*) Periodista / Abrí la Cancha

Redacción por Carolina Ocampo

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