Centroamericanos en el fútbol argentino: campeones, ídolos y ¡hasta un preso!

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Paulo Cèsar Wanchope. Año 2006.

Nuestro país ha acogido a miles de extranjeros a lo largo de su historia, pero los futbolistas de Centroamérica apenas son un puñado dentro de esa enorme cantidad. A continuación, repasamos sus caminos y las historias que dejaron.

Por Nicolás Podroznik (*)

 

Centroamèrica. Seis naciones en el itsmo de América. Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Dejamos fuera de este informe a las Antillas, Belice y México por considerar al país mezoamericano como parte del norte del continente.

Acá está, estos son, los catorce futbolistas centroamericanos que pasaron por nuestro fútbol.

Ricardo Clark

RICARDO CLARK (GUATEMALA): nacido en Guatemala en 1937, Clark era un centrodelantero de mucha potencia y gran porte físico. Goleador del campeonato de su país en 1962, fue contratado por Huracán en 1966 tras una gira que el Globo hizo por aquel país. Tras la derrota frente a Municipal por 2 a 0, los dirigentes quemeros quedaron impresionados por su juego y decidieron invitar tanto a él como a su compatriota y arquero Julio Nixon García a realizar una prueba en Buenos Aires. Clark confirmó sus condiciones y firmó contrato, mientras que García retornó a su país. Los diarios de aquel entonces cuentan que no pasó la prueba, pero años después el propio Clark daría su versión: «Nixon no se quedó en Argentina porque quisieron cederlo a la Segunda División. Eso no le gustó y a las dos semanas se volvió a Guatemala«. Curiosamente, García sería el arquero de la Selección que ganaría la Copa Concacaf 1967, único título del equipo chapín.

Clark debutò el 5 de Junio de 1966 en la victoria de su equipo frente a Quilmes por 1 a 0 con gol del Mono Obberti. Según los cables de aquellos tiempos, el guatemalteco dio muestras de su potencia y capacidad física, pero estuvo lejos de las capacidades técnicas que exigía el fútbol argentino. Apenas jugaría diez partidos con los de Parque Patricios, pero se daría el lujo de meterle un gol nada más y nada menos que al Flaco Poletti, en la victoria por 2 a 1 frente a Estudiantes. El propio Clark lo recuerda con emoción: «Fue casi de media cancha. Quizá sea el mejor que hice en mi carrera. Recibí la pelota en el medio campo, avancé unos metros y le pegué de izquierda. La pelota se fue al ángulo, inalcanzable para el arquero. ¡Que locura fue el estadio!».

Lamentablemente, la estadía de Clark fue muy corta: apenas tres meses. Huracán se retrasó con sus haberes y decidió volver al Municipal de su país. A pesar de esta situación, el guatemalteco guarda un recuerdo muy grato de nuestro fútbol. «Si usted viera los jugadores que había en Argentina en aquellos años», rememora. «¡Y los golazos que hacían!»

 

Claudio Rojas, en 1993.

CLAUDIO ARIEL ROJAS (GUATEMALA): Nacido en la capital homónima de Guatemala, Rojas cuenta una historia diferente al resto. Su familia llegó al país cuando él tenía tan sólo dos años. Hizo todas las infantiles e inferiores en River Plate, compartiendo camada con cracks como el Burrito Ortega y Matías Almeyda, a quien el propio Rojas lo considera “un hermano de la vida”.

Rojas debutaría en 1993 de la mano de Daniel Passarella. Gambeteador y escurridizo, a pesar de sus condiciones se le hizo muy difícil hacerse de un lugar en un equipo plagado de consagrados. Incluso Marcelo Gallardo -tres años menor que él- tuvo mayor consideración por parte del cuerpo técnico. “Era un plantel muy experimentado: Astrada, Corti, Hernán Díaz, Zapata… y nosotros los más jóvenes (Hernán Crespo, Luigi Villalba, Almeyda, Gallardo) nos acoplamos muy bien”.

Si bien disputó apenas diecisiete encuentros con el Millonario, el guatemalteco Rojas puede jactarse de que su nombre está escrito en la historia de River, ya que fue parte del plantel campeón del Apertura 1993. Además, fue suplente en la victoria de los de Nuñez por 2 a 0 en La Bombonera en el Clausura 1994, tristemente recordado por el asesinato de dos hinchas millonarios al terminar el encuentro.

La falta de oportunidades en River lo obligó a irse a San Lorenzo, pero en Boedo tampoco tendría muchas chances de mostrarse y jugaría sólo ocho partidos. Su paso por el fútbol argentino lo cerraría jugando un año en Instituto de Córdoba, disputando veinticuatro encuentros y marcando un gol. Luego retornaría a su país, en donde cerraría su carrera en 2008.

 

Dwight Pezzarossi, en 2000.

DWIGHT PEZZAROSSI (GUATEMALA): Delantero de área potente y corpulento (1,88 y 92 kg), llegó a Argentinos Juniors de manera muy curiosa: ante la necesidad de contratar atacantes y la falta de recursos económicos, Carlos MacAllister -entrenador del Bicho por aquel entonces- dio luz verde a la recomendación de su hermano Patricio (su asistente técnico), quien lo había visto jugar en un amistoso entre Guatemala y Costa Rica en donde Pezzarossi marcó un gol. El Colo lo vio en videos y aceptó su contratación. “Lo pedí yo, lo quiero dentro del equipo. El 9 titular es Yaqué, pero necesitamos que esté para cuando haga falta”, afirmaba el ex lateral de Boca y Racing, entre otros. Si ya de por sí era extraña la forma en la cual llegó, mucho más ruido hizo una posterior declaración del entrenador: “Desconozco los términos de contrato: un empresario lo compró y lo dio a préstamo al club”. Insólito.

Apodado “Portaaviones” por su portento físico, venía precedido por su capacidad goleadora y la obtención de varios títulos en Comunicaciones de Guatemala. Sin embargo, en Argentinos Juniors apenas disputó siete encuentros sin marcar goles, dejando claras muestras que el salto de su país a una liga como la Argentina era abismal. En La Paternal se lo recuerda por errar un gol imposible frente a Almagro en cancha de Ferro, en un 0 a 0 soporífero típico de día lunes.

Tras su fallido paso por Argentina, tuvo pasos por Racing de Ferrol y Numancia en España como también por el fútbol chileno, todos ellos con rendimientos irregulares. Se retiró en 2013 con la intención de lanzarse como candidato a Presidente de la Federación Guatemalteca de Fútbol. Sin embargo, su carrera como dirigente dio un vuelco importante cuando un año después fue nombrado Ministro de Cultura y Deportes de Guatemala. Apenas estaría un año, dejando el cargo en medio de una polémica enorme acusado de una gestión poco clara. Pero este asunto no quedaría allí.

El 3 de junio de 2016, el Ministerio Público de Guatemala ordenó la captura de Pezzarossi, argumentando su vinculación con malversación de fondos públicos y redes de corrupción. Acusado de asociación ilícita y cohecho, Pezzarossi pasó casi un año en prisión hasta que le fue otorgado el beneficio de arresto domiciliario. Actualmente se encuentra trabajando en el FC Santa Lucía de su país.

 

Juan Manuel Contreras, en 2007.

JOSE MANUEL CONTRERAS (GUATEMALA): Así tal cual lo demuestra la imagen, el Moyo Contreras podrá contarle a sus hijos y nietos que alguna vez enfrentó a Juan Román Riquelme. Surgido en el Club Comunicaciones, Contreras era un volante ofensivo que llegó para reforzar a un Arsenal que había sufrido algunas bajas tras coronarse campeón de la Copa Sudamericana. Llegó libre en 2008 y disputó siete encuentros con el club de Sarandí bajo las ordenes de Daniel Garnero. Allí se dio el gusto de enfrentar a Boca en la final de la Recopa de ese año, ingresando en el segundo tiempo del partido de vuelta jugado en La Bombonera el cual finalizó 2 a 2. Ese mismo año los del Viaducto se alzaron con la Suruga Bank, pero Contreras no formó parte de la nómina de jugadores. Tras su paso por Argentina desembarcó en Fénix de Uruguay, pero una lesión no le permitió disputar minutos. Finalmente retornó a su club de origen en donde se erigió ídolo absoluto. Habitual de la selección de su país, es uno de los jugadores con más presencias en la historia del combinado nacional.

 

Eduardo Bennett. Año 1993.

EDUARDO BENNETT (HONDURAS): Se podrían escribir páginas y páginas sobre el Bombardero de La Ceiba, uno de sus tantos apodos. Llegó a San Lorenzo procedente del Olimpia hondureño, precedido de una fama goleadora y una potencia inusual. En Argentina se lo conoció como Balín debido a que su hermano mayor era apodado El Bala (“recibió un disparo cerca del corazón, no podían operarlo y le quedó alojada la bala allí, de ahí su apodo”, rememora). Debutó en la 4° fecha del Apertura ’93 en la derrota de San Lorenzo frente al Deportivo Español y rápidamente se metió a los hinchas en el bolsillo, ya que cuatro fechas después le marcaría tres goles a Argentinos Juniors en un recordado 5 a 3. Sin embargo, en la fecha 13 su nombre quedaría marcado para siempre en el fútbol argentino. Y no de la mejor manera.

En el duelo frente a Vélez en el Amalfitani, Bennett fue a disputar una pelota con vehemencia con el juvenil Cristian Acevedo. Mientras que el lateral velezano fue al piso, Bennett de pie puso la suela en la pierna de Acevedo, provocándole una doble fractura de tibia. En un partido picado y con muchos expulsados (lo dirigió Javier Castrilli) los locales vencerían 1 a 0, pero a partir de allí el hondureño cargaría con una cruz que lo acompañaría el resto de su carrera en Argentina: el mote de mala leche.

La llegada de Paulo Silas a San Lorenzo no sólo le abrió las puertas al gol, sino también a la religión. Apadrinado por el brasileño, comenzó a desandar el camino como “Atleta de Cristo”. Muchos lo acusaron de intentar alivianar su fama de jugador duro, pero Bennett siempre se hizo cargo de su estilo de juego. Si bien jugó poco en el equipo campeón en 1995, en Boedo se lo recuerda con cariño. Con 18 goles en 48 encuentros, se ganó el corazón del hincha Cuervo, sobre todo después de aquellos dos goles en La Bombonera en la victoria 3 a 1 en el Apertura 94.

Sin minutos en el Ciclón, recaló en Argentinos Juniors. La pésima situación institucional y económica del club derivó en el descenso en 1996 tras cuarenta años consecutivos en Primera División. Bennett decidió quedarse para lograr el ascenso. En aquella temporada del Nacional B armó una delantera letal con el Polo Quinteros. Aún con una rotura de ligamentos por medio, el Balín metió 23 goles en 26 partidos. Un verdadero animal del gol.

En el retorno a Primera División, el Bicho visitaba al Boca de Maradona. Con Argentinos perdiendo 2 a 1, Bennett le metió un pisotón a Nolberto Solano. La reacción de Diego ante la situación generó revuelo: se lo acusó de proferir insultos xenófobos al hondureño. El Sargento Giménez le mostraría la tarjeta roja. “Negro, sos un mala leche! Lo rompiste!”, fue lo que Diego le dijo, según el propio Bennett. La sanción sería de cuatro fechas.

En La Paternal dejó una huella imborrable, por sus goles, sacrificio y humildad. Luego de un paso por Cobreloa de Chile, volvió al fútbol argentino para jugar en Quilmes, en donde compartió equipo con Braña y el Máquina Giampietri. “Eramos un equipazo”, rememora. “Braña era puro corazón, nuestro Cholo Simeone. Y Giampietri era un jugadorazo! Hacía todo bien, pero era un haragán” recuerda con la sonrisa que lo caracterizó siempre. Tras volver a su país y finalizar su carrera, se radicó en Estados Unidos donde trabaja como comentarista. Alejado de las redes sociales, cuenta que aún habla con sus ex compañeros. “Tengo dos grupos de whatsapp con la gente de San Lorenzo y Argentinos. Les pido que no me envíen muchas fotos porque me da nostalgia. Guardo un gran recuerdo de Argentina”.

 

ARNOLD CRUZ (HONDURAS):  Probablemente esta sea la única imagen que atestigua el paso del hondureño por el fútbol argentino: llegando tarde al cierre, sin poder evitar que el recordado Chango Moreno defina por sobre Vivaldo, en uno de los cuatro goles que Boca convertiría aquella tarde de Marzo del 2000 a su club. A excepción de los hinchas de Chacarita, pocos recuerdan el paso de Arnold Cruz. Surgido del Olimpia de aquel país, llegó a nuestro país para reforzar la zaga central del Funebrero de cara al Torneo Clausura de aquel año. Apenas disputó 13 encuentros con el conjunto de San Martín. Finalizado aquel campeonato, retornó a Honduras donde finalizó su carrera.

 

Jerry Bengston. Año 2014.

JERRY BENGTSON (COSTA RICA): La fiebre mundialista a veces deja sus rezagos y este es uno de los casos. El Avestruz Bengtson arribó a Belgrano de Córdoba tras la Copa del Mundo realizada en Brasil en 2014, en donde jugó dos de los tres encuentros que el equipo catracho disputó aquel año. Si bien no era titular, el espigado delantero estaba bien considerado en su país, ya que había sido parte del plantel que disputó los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y fue fundamental en la clasificación al Mundial, dado que anotó goles frente a Estados Unidos y México en partidos claves que determinaron que Honduras clasifique de manera directa.

Potente y veloz pero algo torpe, Bengtson disputaría quince encuentros con el Pirata cordobés, la inmensa mayoría de ellos ingresando desde el banco de suplentes. Su único tanto con la camiseta celeste lo convertiría frente a Defensa y Justicia en la victoria de su equipo por 3 a 0. Al igual que las expectativas puestas en él, su rendimiento fue bajando hasta dejar de entrar en la consideración del Ruso Zielinski. Tras un año en el Barrio Alberdi rescindió su contrato y continuó su carrera en el fútbol de Irán y Costa Rica.

 

En 2018 retornó a su país para jugar en Olimpia y dejar su marca allí: fue goleador y campeón en tres de los últimos cuatro torneos, y actualmente es el tercer goleador histórico de la liga hondureña.

 

Fello Meza.

JOSE RAFAEL FELLO MEZA (COSTA RICA):  Uno de los más grandes futbolistas de la historia de Costa Rica. Nacido en Cártago en 1920, Meza asombraba a propios y extraños en cada rincón de Centroamérica donde jugase. Rápidamente fue vendido al fútbol mexicano, pero en aquel entonces la Federación de su país manejaba las fichas de los jugadores y cada vez que su Selección requería sus servicios, Meza retornaba para jugar en las filas de su club, el Sport Cartaginés. Así fue como en 1941, Estudiantes de La Plata realizó una gira por Costa Rica y se toparon con su figura. Disputaron una serie de amistosos frente al Cartaginés y el Herediano. Meza, jugando para ambos, le convertiría cinco goles en tres partidos. Ni lerdos ni perezosos, los argentinos movieron ficha para contratarlo. Estudiantes lo contrató para continuar su gira por Bolivia y Perú y luego jugó diez partidos en el campeonato argentino, convirtiendo un total de cinco goles. Una luxación de rodilla truncó su progreso y a fines de 1943 su contrato expiró y retornó a su país.

 

Earnl Gibbs. Año 1979.

EARNEL GIBBS (COSTA RICA):  Poco se sabe del paso de este costarricense por nuestro fútbol. Arribó a la argentina en 1979 para disputar el Nacional de aquel año con Cipolletti de Rio Negro bajo la recomendación de Armando Mareque -padre de Lucas, ex River e Independiente- , quien lo había visto jugar en Centroamérica, donde había dirigido varios años. En el Albinegro se lo recuerda con gratitud ya que fue parte del plantel que logró una resonada victoria frente a Peñarol por 1 a 0 en un amistoso. Según los escasos registros que existen, Gibbs disputó solamente cinco encuentros correspondiente al Torneo Nacional de aquel año.

 

Paulo Cèsar Wanchope. Año 2006.

PAULO CESAR WANCHOPE (PANAMA): La Cobra era uno de esos delanteros que parecían lentos, pero que tenían una velocidad y una capacidad de recursos demoledoras. Se fue muy joven al fútbol inglés, en donde pasó siete años repartidos entre Derby County, West Ham y Manchester City. Tras breves pasos por Qatar y España, recaló en Rosario Central para jugar el Apertura 2006. Su fama venía sostenida en el corto plazo ya que venía de convertir dos goles en el Mundial de aquel año, nada menos que a Alemania. Su rendimiento con el Canalla fue yendo de menor a mayor al igual que el del equipo… hasta que llegó el clásico.

Wancho, Wancho… tenemos que ganar si o si mañana”, dice que le solía repetir el Kily González en la concentración. “Yo había jugado clásicos en Inglaterra estando en Manchester. Se vivían así uno o dos días antes del partido, pero nunca con tanta antelación como acá”, afirmó en una entrevista hace unos años atrás. El vínculo entre la hinchada y el delantero quedó sellado a fuego aquel 29 de Octubre: Rosario Central 4 – Newell’s 1. Uno de los clásicos más recordados de la historia. No sólo por la goleada, sino por quienes marcaron los goles: además del propio Wanchope, lo hicieron tres ídolos canallas: Chacho, Marco Ruben y el Kily González.

 

Desgraciadamente, el idilio entre Central y Wanchope apenas duró seis meses, en los que convertiría cinco goles en catorce partidos. Aquejado por las lesiones en sus rodillas, decidió rescindir el contrato y continuó su carrera en Japón y la MLS. Se retiró con apenas 32 años, pero su calidad y esa sonrisa enorme sigue siendo recordada por el pueblo de La Academia rosarina.

 

Armando Dely Valdés. Año 1986.

LOS HERMANOS DELY VALDEZ (PANAMA): La historia de Armando y los gemelos Jorge y Julio César Dely Valdez no merece ser olvidada. El primero de ellos llegó a Argentinos Juniors de manera muy particular: habiendo destacado en las juveniles de Panamá, su país natal, la Federación de Fútbol de aquel país le gestionó una beca para que viniese a probarse en el fútbol argentino. Primero lo hizo en River sin suerte, pero en Argentinos Juniors le dieron el lugar que tanto buscaba. Delantero rápido y buen rematador con ambas piernas, finalmente quedó seleccionado y debutó en 1985 con 21 años, haciendo de recambio habitual del Bichi Borghi cuando el equipo debía disputar la Copa Libertadores. De hecho, fue parte del plantel que fue a Japón a disputar la Intercontinental frente a Juventus. Si bien su aparición fue fulgurante, su rendimiento se fue apagando hasta salir cedido a Instituto de Córdoba como parte de pago por el pase de Oscar Dertycia a Argentinos. Con los Bichos firmó 12 goles en 56 encuentros, quedando para siempre en el recuerdo del hincha aquel 10 de Diciembre de 1986, cuando marcó el único gol del partido entre Argentinos y el Defence Force de Trinidad y Tobago, lo que le valió la obtención de la Copa Interamericana a los dirigidos por Roberto Saporiti.

Luego de su paso por La Gloria jugó en San Martín de Tucumán y  Almagro, pero sin dejar la huella que dejó en La Paternal. Se retiró en su país en 1998. Lamentablemente, un derrame cerebral acabó con su vida en 2004 tras tres años en estado vegetativo. A modo de homenaje, su ciudad natal renombró al estadio de la ciudad con su nombre.

En cuanto a los gemelos Jorge y Julio César, sus carreras tuvieron mayor trascendencia que las de su hermano mayor, pero está claro que Armando fue el que les abrió las puertas. “Poco después de ganar la Libertadores, mi hermano me consiguió una prueba en Central Norte de Salta. Allí comencé mi carrera profesional”, rememora Jorge. Su hermano Julio César vendría con él, e incluso tendría una prueba en Argentinos Juniors donde el entrenador era José Pekerman. Jugó algunos partidos con la Cuarta y con la Reserva, pero los dirigentes increíblemente desecharon su contratación. Finalmente sus comienzos serían en el humilde Deportivo Paraguayo. “Llegué de una manera muy curiosa. Un hincha de Argentinos que sabía de mi situación entrenaba una categoría juvenil en el Deportivo. Me ofreció ir y no lo dudé. Hice 28 goles en 33 encuentros”. Una curiosidad al respecto de ambos: cuando Julio César se marcha a Nacional de Montevideo, Deportivo Paraguayo contrata a su hermano Jorge para reemplazarlo. Increiblemente, marcaría la misma cantidad de goles pero en 34 partidos.

El fútbol argentino fue la plataforma de lanzamiento de sus carreras. Jorge y Julio César coincidirían en Nacional para luego cada uno realizar trayectorias que los posicionaron como verdaderos embajadores del fútbol panameño. Jorge jugó varios años en el fútbol japonés, mientras que Julio César -además de hacer más de cien goles para Nacional- jugó en el Cagliari italiano, en el PSG y en el fútbol español, dejando huella en todos los lugares donde hizo pasear sus goles. Ambos volvieron a su país natal en 2004 (año del fallecimiento de Armando) para retirarse en el Arabe Unido, equipo que juega en el estadio que lleva el nombre de su hermano.

 

ARMANDO COOPER: Otro panameño que dejó buen recuerdo aquí en Argentina, más precisamente en Mendoza. Llegó a Godoy Cruz en 2011 procedente del Arabe Unido con la fama de ser un jugador muy veloz. En el Tomba jugaría un total de 26 encuentros marcando 3 goles. Sus buenos rendimientos le abrieron las puertas en el fútbol europeo y dos años después se marcharía al Otelul Galati de Rumanía. Volvió en 2014, pero jugó muy poco y se fue esta vez hacia Alemania, más precisamente al Sankt Pauli, pero por motivos de indisciplina su contrato fue rescindido. En el recuerdo de los Bodegueros queda aquel gol que le convirtió a Boca en La Bombonera:

Tras unos cuantos años en el cual no se supo nada de él (aunque tuvo la chance de volver en 2016 a Godoy Cruz), Cooper apareció dentro de la nómina de 23 jugadores mundialistas de Panamá para la Copa del Mundo de Rusia, entrando así en la historia grande del fútbol de su país. Disputaría los dos primeros partidos frente a Belgica e Inglaterra, sin ingresar en el ultimo encuentro frente a Tunez. Hoy, con 35 años, juega en su club de origen, pero sigue recordando su paso por Mendoza: “me dejé muchos amigos en Godoy Cruz: Castellani, Fernando Zuqui, Lértora… me quedé con ganas de poder demostrar más en el fútbol argentino”.

 

* Periodista / Abrì la Cancha.

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