Guillermo Anselmo Herrera: «Los viejos Nacionales revitalizaron a todo el fútbol argentino»

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El riojano fue un fino talento del fútbol de su época. Surgido en Racing, fue figura en Gimnasia de Mendoza y Argentinos Juniors. En Abrí la Cancha recordó su trayectoria y analizó la importancia de los viejos campeonatos nacionales.

Por Carlos Aira (*)

 

SUEÑOS DEL FÚTBOL:  “Desde que tengo uso de razón me he criado en el fútbol callejero. Todo lo aprendí en la calle. En esa época no existían las escuelas de fútbol, solamente los torneos infantiles de barrio. Yo tuve la suerte de debutar en el fútbol riojano con solo 15 años y de participar de los regionales con 16, integrando la selección riojana». 

«Pero el sueño de fútbol lo cumplí con 17 años cuando tuve la suerte de integrar un seleccionado riojano que se consagró campeón nacional. Era un campeonato muy federal de juveniles organizado por AFA. Año 1971. La final se jugó en la Bombonera y le ganamos 2 a 1 a Mendoza«.

 

El equipo de La Rioja campeón de un juvenil en la Bombonera. Año 1971. (Foto: gentileza Vìctor Contreras).

 

LOS PIBES DEL INTERIOR: “Luego de aquel campeonato, que fue un éxito, la Dirección de Deportes de la Nación armó un seleccionado juvenil del Interior. Se armó una Escuela de Fútbol en el CENARD y allí estuvimos 23 chicos durante siete meses. Siempre recuerdo a Gabriel Puentedura, el tucumano, que luego llegó a atajar en River Plate. Hicimos una gira por varios paises donde representamos muy bien al fútbol argentino. Para mí esa gira fue un orgullo porque pareciera que el fútbol grande solo se juega en Buenos Aires«. 

 

 

LA IMPORTANCIA DE LOS VIEJOS NACIONALES: “Para nosotros, los jugadores provincianos, los Nacionales de Primera División fueron una vidriera importante para que Buenos Aires nos mirara y tuviéramos la oportunidad de participar a otro nivel. Al sacar los Nacionales, prácticamente el futbolista del interior quedó vacío, porque no tuvo otra forma que no sea el Torneo Federal para llegar a Primera División. Antes teniendo un buen rendimiento, mostrando las cualidades dentro de un torneo Nacional, tenías la posibilidad de que un equipo de Buenos Aires pudiera tenerte en cuenta”. 

“Al sacar los torneos Nacionales, el fútbol del interior prácticamente ha quedado un poco vacío. Buenos Aires quedó mas lejos. Para llegar a participar de un torneo de primera división, se tiene que ganar por lo menos cinco años seguidos. Es imposible poder mantenerlo económicamente. Es en la competencia donde uno aprende. Cada vez los nacionales tenían más presencia porque eran más fuertes porque la misma competencia nos enriqueció mucho”.

El Mundial 1978 se ganó con varios jugadores surgidos de los Nacionales: Ricardo Villa, Osvaldo Ardiles, Daniel Valencia. César Menotti me citó en 1980, pero no se dio la posibilidad de continuar en la Selección. Para mí fue un sueño enorme llegar, porque si bien estaba jugando en Mendoza con un gran presente deportivo, estaba muy lejos de Buenos Aires. Tomé con calma la citación de Menotti. Sin desesperarme».

 

 

RIVER, BOCA, RACING…DESOJANDO LA MARGARITA: «Con 18 años me probaron en River y Racing. Norberto Yácono, uno de los jugadores de La Máquina, me pidió, pero no pude quedarme. En la Academia me dijeron que me iban a llamar. A fines de 1975, Boca Juniors hizo una gira por el noroeste del país y el último partido lo jugó ante el Seleccionado de la provincia y ganamos 1 a 0. Los dirigentes xeneizes me llevaron a la Candela para probarme. Justo en esos días, el Toto Lorenzo arregló para dirigir a Boca a partir de enero de 1976. En los últimos días de 1975 fue a ver a los chicos de Reserva, para dar libertad de acción, préstamo o quedar en el plantel. Como Lorenzo me conocía me dijo pibe, ¿dónde estás? Estabas en River, en Racing, ahora en Boca. ¿Qué quiere hacer?’. Le contesté que a mí me llevaban. Y me respondió ‘Bueno, quédese el año que viene espero tenerlo acá’, pero me tenía que quedar las fiestas en Buenos Aires y el desarraigo era una locura, tenía 18 años”.

 

AHORA SI, RACING: “Me volví a La Rioja para pasar las fiestas, pero el 28 de diciembre cayó la gente de Racing y me dicen que tengo que ir a Avellaneda. Me dejaron los pasajes y todo listo, pero yo iba para la reserva. Justo cuando llegué a Buenos Aires, al otro día, la primera división necesitaba hacer fútbol. Estaba Osvaldo Zubeldia como técnico, necesitaba gente. Tita me busca en la pensión y me dice ‘Herrera necesitamos que venga a hacer fútbol con primera´. Cuando llegué Osvaldo me dijo ‘Usted juega de 5’. Se dio la casualidad que los suplentes le ganamos a la Primera 3 a 1 y uno de los goles lo hago yo. Zubeldía me preguntó de dónde era, le dije y me contestó ‘Esta tarde nos vamos de gira y fíjese si está en la lista’. Fui al vestuario y no estaba en la lista. A los dos días, a la 4 de la mañana, Tita me va a buscar y me dice que tengo que viajar a Brasil porque Carlos Squeo se volvía porque nacía su primer hijo. Ahí me quedé y jugué de 8″. 

Guillermo Anselmo Herrera con la camiseta número 8 de la Academia. Año 1977.

“Cuando volvimos de la gira, Zubeldia llamó al presidente de la delegación y dijo ‘mire, este chico no quiero que empecé las divisiones inferiores, quiero que quede en Primera’. Era como un amuleto de Zubeldía. Perdíamos y me metia. 

Siempre recuerdo con cariño mi paso por Racing. En 1967 me hice hincha de Racing. Mi papá escuchaba los partidos del Equipo de José por la radio y era tanta su emoción por salir campeón que me hice fanático de la Academia. A mí me tocó una etapa muy dificil del club. Estuve tres años en Racing y siempre nos salvamos del descenso, a pesar de tener muy buenos jugadores. Era tal el problema del equipo que nunca jugué de 5, mi posición. En Racing jugué en todos los puestos de ataque, pero muy pocas veces de mediocampista central porque tenía poca marca». 

 

ZUBELDÍA Y TITA: “A veces me pongo a pensar de la mentalidad de una persona de 19 años. Con la mentalidad de un riojano de 19 años que conocía Buenos Aires, pero no tenía conocimiento futbolístico que había que tener, ni tampoco la formación futbolística que tenían los chicos que estaban ahí, mis compañeros. A medida que pasó el tiempo más dimensión tomaba. Tita Mattiussi y Osvaldo Zubeldia estaban con toda esa gente que eran espectaculares como personas, que me ayudaron muchísimo”.

“Habia una generación espectacular de pibes del club, donde se destacaron Juan Barbas, Gabriel Calderón y el Vasco Olarticoechea. Todos tuvieron una gran carrera. Barbitas tuvo una gran trascendencia. Quizá no tanto en Argentina, pero si en el exterior. El Vasco fue campeón del mundo y Calderón triunfó en España».

 

Racing Club en el Nacional 1976, Herrera es el primero hincado desde la izquierda. Nombres importantes: Chango Cárdenas, Squeo, Pablo de las Mercedes Cárdenas, entre otros.

 

GIMNASIA DE MENDOZA: “Era un equipo que jugaba gustaba como jugaba. Ganaba y gustaba. Era un equipo donde lo armó Victor Legrotaglie en 1980, un gran maestro del fútbol mendocino que conformó un equipo con mucha personalidad y la obligación de jugar bien al fútbol. Siempre recuerdo un partido ante el gran Talleres en el Chateau. Perdimos 0-2 el primer tiempo y terminamos ganando 4 a 2 y nos aplaudió todo el estadio. Lo mismo pasó cuando vencimos 2 a 1 a Belgrano en Córdoba».

«En Gimnasia tuve la suerte de integrar ese equipo de los años 80. Jugamos los Nacionales y peleamos los primeros puestos. Fuimos parte de esos grandes equipos del interior, como Racing de Córdoba, Chaco for Ever, Gimnasia y Esgrima de Jujuy y tantos otros. Esa alternativa de poder mostrarse, participar y enriquecernos. Eso nos hizo cada vez mas grandes«.

“Hasta que terminaron los nacionales, en 1985, River y Boca no tenían buenos resultados en el interior, sobre todo en Mendoza. Así como nosotros crecíamos en Mendoza, todos los otros equipos que participaban y tenían una posibilidad de crecer y ponerse a la altura, porque la competencia enriquece y enseña. No los entrenamientos. En los entrenamientos se perfeccionan cosas. Pero los resultados están en la competencia”.

 

PANZA VIDELA Y HERRERA: “Al Panza (Videla) lo conozco de los 17 años, cuando debutó en Gimnasia. Es un gran amigo y lo aprecio muchísimo. Es un gran jugador de fútbol. Un chico con una personalidad enorme. Ha ido creciendo en un equipo donde se lo ayudó mucho y estaba identificado con su juego. Le pegaba muy bien a la pelota en los tiros libres y los penales. No le interesaba a quien le pateaba. Estaba seguro que lo iba a convertir. Un chico muy seguro de sí mismo”.

“En 1982, Argentinos terminó comprando a Mario y a mí. Me compraron para jugar de 5, pero nunca jugué de 5 porque estaba el Checho Batista. Jugué siempre de 10 en Argentinos. Me lesioné los ligamentos lateral interno cuando Labruna se hizo cargo del equipo. La lesión me tuvo postergado casi ocho meses. Eran tiempos donde esas lesiones te tenían casi un año fuera de las canchas».

 

ARGENTINOS DEL 82: “Cuando llegué, los primeros cuatro meses, la camiseta número 10 era Silvano Espindola. Me pasan la 10 a mí y terminé siendo el 10. Empecé mal porque el día que debuté perdimos 2-1 en la cancha de River con un gol al Pato Fillol. En Argentinos hice cinco o seis goles jugando de 10, una posición donde había jugado cinco años en Mendoza. A medida que pasó el tiempo me di cuenta que fútbol sentía. Eso me dio la posibilidad de tener muy buenos rendimientos y lograr la carrera que logré».

 

Argentinos Juniors 1982: Alles, Olarán, Firpo, Beaulieu, Rotondi, Alul y Batista; Hincados: Herrera, Pasculli, Quiroga y el Panza Videla.

 

ARGENTINOS CAMPEÓN DE LA LIBERTADORES: “Ese equipo lo armó Ángel Labruna y le dio una identidad de juego. Cuando falleció, en septiembre de 1983, llegó Roberto Saporiti quién me dijo: ‘Guillermo yo lo tengo a usted de 5, no de 10. Después de Batista sigue usted. Sé que le puede pelear a Checho. Es el que va a reemplazar a Checho’. Con 28 años no me quise quedar. Pude haber formado parte de esta plantilla que salió campeón de América, pero por una decisión personal decidí no quedarme en el club. Saporiti había sido claro: mi puesto era del Checho Batista y había que respetarlo».

Argentinos Juniors 1983: Landucci, Herrera, Domenech, Pavoni, Batista y Fillol; Hincados: Castro, Pasculli, Espíndola, Villalba y Galletti.

“Yo pude haber formado parte de ese equipo y por una decisión propia no fue así. Son cosas de la vida. Fue falta de experiencia porque en esa época no teníamos representantes. Creo que eso empieza en los 80 con Maradona. Me tuve que hacer en el fútbol, y le doy gracias que me formó y soy lo soy gracias al fútbol”.

“Yo venía de una lesión muy grave, me había cortado el ligamento. Era difícil recuperarse en aquella época. No se si tenía el tiempo o me daba la posibilidad de esperar un año más para poder entrar en competencia seria. Por eso me fui a jugar a Cutral Co donde salí campeón con Alianza de Cutral Co. Fue un año espectacular, aquel 84 cuando Argentinos salió campeón de la Libertadores”.

 

¿PODRÍA JUGAR EN EL FÚTBOL ACTUAL?: “Si hacemos memoria hasta hace unos años atrás tuvimos al mejor jugador argentino y era el más lento. Juan Román Riquelme, era el jugador más lento, pero el más importante del fútbol argentino. No hacía falta correr. Lo que tenía que correr era la pelota y no el jugador”.

El Colchón Herrera con la camiseta de Argentinos Juniors. Año 1983.

“Nosotros nos dejábamos llevar. Los goles del fútbol europeo de los años 70 y 80, todos de fuera del área, grandes goles y espectaculares. Pero nosotros perdimos el gol de pared, entrar gambeteando, jugador de los goles dentro del área. Hoy se llega muy pocas veces y los goles a veces, el gol es un accidente, pero provocado. Hoy se está provocando mucho desde fuera del área”.

“El 80% son por desvíos o goles de gran envergadura. Que golazos que hizo de chilena, o pegándole de afuera del área. Pero es lo que nos toca vivir en este momento. En aquella época, me volvía loco cuando tenía que jugar con Independiente, con Bochini que entraba, empezaba a hacer paredes y era algo espectacular. Hasta uno lo disfrutaba dentro de la cancha. Uno gozaba, a pesar del mal momento que le tocaba vivir, ¡Qué bárbaro era el tipo!. Pero eran jugadores de aquella época”.

“Hoy el fútbol ha cambiado tanto y lo miramos. Lo asemejo al fútbol europeo que cada vez hay jugadores con menos personalidad, son jugadores de esquemas, paro-toco, paro-toco.  Se acabó el jugador que veníamos del interior y que nos gustaba tanto. El gran jugador de fútbol es el que ve al fútbol diferente a los sistemas”.

 

Guillermo Herrera en el Monumental con la camiseta de Racing. Año 1976,

ALGUIEN QUE ROMPA EL ESQUEMA: “En aquella época, cada equipo tenía dos o tres jugadores que destacaban por sus condiciones futbolísticas. Uno lo hacía mejor que otro. Cada equipo tenía un jugador de esas características. Hoy nos cuesta tanto encontrar uno de eso. Quizás estoy en contra de las escuelas de fútbol. Les enseñamos a caminar y cómo tiene que caminar, pero no lo dejamos que él desarrolle sus pasos, cuando acelerar o cuando no. Le decimos qué es lo que tiene que hacer y termina aprendiendo lo que uno le dice. El chico termina siendo sin personalidad”.

“A mi me interesa el jugador rebelde, que me traiga algo diferente. Hoy no se ve porque es producto que hay escuela y todos trabajan de la misma manera. La orden de arriba es que pare y toque, que juegue para atrás. Antes no se jugaba para atrás, sino para adelante y era dársela al que mejor hacía las cosas y ese nos tenía que resolver el partido. Hoy pasa por otro lado, por la velocidad, la precisión y el pase. Parece que tener la pelota es aburrido”.

“Sin embargo, uno a veces se vislumbra cuando hay algo diferente al sistema. Dybala hace un par de jueguitos interesantes. Hay un muchacho con una gran personalidad que se lo permiten. Estamos en un momento muy exitista del fútbol. Si no ganamos no servimos”.

 

PRESIÓN POR GANAR. “Yo me he criado con este concepto: el fútbol es un juego. Uno lo hace para divertirse. El resultado era algo secundario. Obvio que todo aquel que participa de ese juego tenemos tres posibilidades: ganar, empatar o perder. Siempre queremos ganar. Todos jugamos para ganar. Pero la prioridad era jugar y ganar bien”.

“En mi época no se aceptaba ganar un partido jugando mal o ganarlo de casualidad. El primero en decirlo era el jugador, de decir que no se merecieron ganar, que fue de casualidad. Cuando ganábamos jugando y haciendo las cosas que teníamos que hacer y jugando bien al fútbol la satisfacción era doble porque aparte de jugar bien ganábamos. Fui criado así. Por ahí me cuesta ver y entender, veo fútbol, pero me cuesta ver como se ha ido perdiendo las ganas del jugador”.

“Si he visto un fútbol más veloz, un fútbol con mucha más precisión del pase y del dominio de pelota, la bajan como si nada. En ese aspecto ha mejorado muchísimo el fútbol argentino. Pero en cuestión de creatividad, personalidad y definición de decir me pongo al equipo al hombro son cada vez menos jugadores. Le hacen tener menos responsabilidad a los jugadores”.

“Hay posiciones de la cancha donde el jugador tiene que ser él y decidir. Si le sale mal, lo saco y pongo a otro. Pero le tengo que dar la alternativa de que sea él y no que sea parte de un sistema. Si no vemos 90 minutos donde se llega cinco veces a los arcos y por ahí tenemos suerte de ver goles y es la única emoción que a nosotros nos llena. La emoción más grande son los goles, a favor o encontra, pero son los que gritamos”.

“Hoy el fútbol de hoy es egoísta, mezquino, para el público, para la gente que lo va a ver. Creo que al jugador le gustaría hacer lo que siente y quiere cuando termina el partido y se siente frustrado y no hizo lo que le gustaría hacer. Se dedicó a hacer lo que le decían. Muchas de esas cosas me pasaron a mi por falta de conocimiento”.

“El día que yo jugaba en Buenos Aires en la posición que jugaba en La Rioja, en la calle quizás le encantaba a la gente. Pero el día que yo jugaba como me decían, me costaba horrores. Hasta a mi me daba vergüenza y me quería ir de la cancha porque no me salía nada. Por ahí se me iba y hacía lo que yo sabía. Eso me dio más resultado y por eso fui reconocido en algunos lugares que me fue muy bien, en otros regular, pero entendí que nunca tenía que renunciar a lo mio”.

“Siempre existieron los rápidos, la velocidad en el fútbol, eran notorio los que tenían velocidad, pero se le daba más importancia al que jugaba bien a la pelota, el que trataba bien al balón. No interesa si fuese lento o no. Hoy el fútbol carece de ese tipo de jugadores. A quién no le gustaría tener a Riquelme en el equipo”.

 

Colchón Herrera, parado a la derecha. Un juvenil de 16 años vistiendo los colores de Estudiantes de La Rioja.

¿POR QUÉ EL COLCHÓN?: “A mi hermano le decían así porque los colchones de antes eran con lana. Si uno se acuerda, eran las lanas de las ovejas del campo. Entonces mi hermano tenía el pelo como ondulado. Si ven imágenes mías o fotos, cuando jugaba en Racing, tenía un afro. Nos peinábamos con un rastrillo y nos hacíamos esa bola de pelo. Le decían colchón a mi hermano más grande, trascendió que era ‘hermano de Colchón’, y quedó así”.

“Mi gran amigo, el Vasco Olarticoechea, me encuentra por Facebook y me dice ‘¿Qué haces, Colchón Herrera?’. Es una de las pocas personas que me dice así, porque me conocen más por ‘Chiche’ que me puso Horacio Cordero cuando jugábamos en los entrenamientos, porque Chiche es lo que expresaba por mi amor por la pelota. Me decía Chiche y quedó así. Tengo el 70% de Buenos Aires me dice Chiche. En Mendoza también. Salvo las personas más íntimas que me conocen como ‘Colchón’, por mi hermano”.

 

  • Colaboración de Carolina Ocampo
  • Agradecimiento especial a Víctor Contreras y Michel Páez, investigadores de la historia del fútbol riojano por el material fotográfico de éste artículo.

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