Omar Larrosa: las mil anécdotas y vivencias de un campeón del mundo

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Omar Rubén Larrosa fue un símbolo del fútbol argentino de los años 70s. Debutó en Boca para luego ser campeón y figura en Huracán, Independiente y la Copa del Mundo 1978. Wing izquierdo con alma de mediocampista, Larrosa – 486 partidos y 82 goles – brindó a Abrí la Cancha un testimonio rico en emociones y análisis del fútbol que jugó y vivió.

Por Carlos Aira

 

LA FAMILIA Y EL FUTBOL: “Nosotros eramos de Lanús Oeste si bien mi familia era de La Boca. Mi papá, que falleció poco tiempo antes de ingresar a Boca Juniors, fue quien me enseñó a patear con las dos piernas, dominar la pelota y cabecear con un parietal y el otro. Fue un tío, hermano de él, que vivía en la calle Necochea quién me llevó a probar a Boca. Fue en la cancha de Carcarañá, 20 de septiembre y Necochea. Allí me probó Juan Evaristo. Yo vivía con mi mama, mi hermana y dos tías hermanas de mi papá. Cuando llegué a Primera ellas escuchaban los partidos pero jamás fueron a una cancha”.

 

DON ADOLFO Y LA CANDELA: “Yo comencé en Boca en 1961. Me probó Juan Evaristo en una canchita del barrio. Con los años, Adolfo Pedernera se convirtió en el Director general de divisiones inferiores. Siempre nos venía a ver los días sábado de local. En esos días, Boca alquilaba la cancha de Barracas Central para que entrenen las inferiores. En 1965, Boca compró La Candela. Una tarde, Pedernera apareció en la práctica y me dijo: “Pibe, usted a partir del lunes tiene que ir a La Candela, a entrenar con la tercera‘. Porque a La Candela iba a ir nada más que el plantel profesional por la mañana, y la tercera por la tarde. Lo miro a Adolfo y le digo:  ‘Mire, yo trabajo desde la seis de la mañana hasta las tres de la tarde‘. En ese tiempo entrenábamos nada más que martes y jueves en inferiores. A La Candela había que ir todos los días. Le digo ‘y se imagina que a veces yo llego medio tarde acá a Barracas Central. Si tengo que ir a San Justo voy a llegar de noche. Y yo no puedo dejar de trabajar’, porque había fallecido mi papá un año antes de que yo ingresara a la novena.

Adolfo Pedernera tuvo un gesto enorme con Larrosa cuando aun era amateur

En ese tiempo yo trabajaba en una metalúrgica. Como a los quince días, se ve que él no se acordaba bien de la conversación, me dice ‘pibe ¿yo a usted no le dije que vaya con la tercera a La Candela?’. Le digo, ‘sí, sí, don Adolfo, ¿usted recuerda que yo le conté que trabajaba, que no podía porque no llego para ir allá todos los días?’. Aparte, si me tenía que levantar tan temprano a hacer todos esos viajes, ¿cómo iba a quedar a la noche, no? Aguantaría una semana y después no sé como seguía. Adolfo me agarra y me dice, ‘¿y cuánto gana usted?’, y yo le dije ‘mire, es el sueldo de un obrero, un empleado. Pero eso a mí me sirve porque con eso no le tengo que pedir y ayudo un poco a mi mamá’. Mi vieja, y tenía a mi hermana, tres años mayor, que ya había empezado a trabajar. A la semana, viene y me dice ‘pibe, deje el trabajo porque Boca le va a empezar a pagar, le va a pagar lo que usted gana en su trabajo‘. Entonces, lo hablé con mi mamá, que de fútbol no entendía nada, y encima cuando tenías un trabajo había que cuidarlo. Ella me dice ‘decidí vos lo que querés hacer’. Le respondí ‘yo quiero intentar porque me gusta el fútbol, y quiero ver, tengo la ilusión, de poder llegar. Quiero por lo menos intentarlo‘. Y bueno, así fue como dejé el trabajo, empecé a entrenar, y cuando pasó el primer mes, Adolfo Pedernera en un entrenamiento en La Candela me dice ‘pibe, cuando terminan de entrenar venga por la oficina’. Fui por la oficina, me dio un sobre, era el primer sueldo. Al segundo mes lo mismo. Al tercer sueldo, me dice ‘pibe, venga por la oficina’, y ahí me dice ‘tiene que ir a Brandsen 805, al primer piso, que está Caja y contaduría, que ahí le van a pagar’. Y bueno, ese mismo día del entrenamiento me fui para La Boca. Llego y me atiende una empleada, me pregunta el nombre y se lo doy. Me dice que espere y me trae un sobre, una factura y me pide la firma. Entonces le digo que yo ya había cobrado dos sueldos y no había firmado nada. Uno es medio desconfiado siempre, no sabía de esas cosas. Ella me dice que era el primer sueldo que me pagaba el club. Los otros dos meses me los había pagado de su bolsillo Adolfo Perdernera para ganar tiempo y que yo vaya antes a entrenar. Porque él preveía que iba a tardar un poco en que saliera el sueldo que me iba a pagar Boca”.

SUEÑOS DE FUTBOL: “Parece que fue hace muy poquito y en verdad pasó hace tanto tiempo… Es tanta la pasión que uno tenía por la pelota y por jugar, la ilusión de algún día entrar a la Bombonera repleta. Era algo que parecía que nunca iba a llegar. Sin embargo, un día llegó y tuve que entrar a jugar y fue mi gran alegría: debutar en Primera División vistiendo los colores de Boca, uno de los clubes más importantes del mundo. Mi sueño cumplido. Pero claro, uno comienza una carrera profesional y eso ya no es tan fácil. Hay que luchar contra muchas cosas. Contra muchas adversidades“.

PERSONALIDAD PARA JUGAR EN BOCA: “Ahí aparece la personalidad. Muy pocos debutan y se quedan permanentemente en Primera. A la mayoría les toca subir, después bajar, después reacomodarse, y después sí, viene esa continuidad si lográs superar todas esas cosas. Hay jugadores que anímicamente se caen y hasta dejan de jugar al fútbol. Porque muchos chicos tienen condiciones pero después tienen que ganarse el puesto y mantener la titularidad. Lo más difícil es mantenerse en el tiempo y con muy buen nivel porque Boca siempre fue muy exigente. En Boca todo el mundo quiere triunfos y resultados. Si no, se cambian jugadores y técnicos…”

 

Omar Larrosa nació en Valentín Alsina, Lanús, el 18 de noviembre de 1947. Hizo inferiores en Boca Juniors y debutó en forma oficial el 15 de diciembre de 1967.

 

PRESTAMO A ARGENTINOS Y EL PEDIDO DE DI STEFANO:  “En 1969, Boca compró a Jorge Coch y yo fui como parte de pago un año a préstamo a Argentinos Juniors. Allí tuve la oportunidad de mostrarme y convertir muchos goles. Pero lo principal era tener continuidad y buenos rendimientos. Pero también me perdí el gran equipo de Boca de 1969 con Alfredo Di Stéfano de entrenador. Quizás, si estaba en el plantel, con Di Stéfano tenía alguna posibilidad de jugar. Digo esto porque en septiembre del 69 me mandó a llamar Alfredo Di Stéfano y fui a verlo a la Bombonera y me dijo:  ‘Pibe, me enteré que vos sos jugador de Boca y que a fin de año volvés al club. Te quiero avisar que vos vas a quedarte en el plantel, te vas a quedar en Boca‘. Y bueno, eso fue todavía un empujón más de ánimo que me dio, y terminé jugando mejor todavía. Porque el ánimo es fundamental para el jugador de fútbol. Lo es todo. Sentirse seguro de sí mismo, que cuando sos pibe no tenés tanto esa seguridad. La vas ganando con el tiempo, pero lo bueno es adelantarse, porque si no lo te pasa que lo vas a lograr en otros lados. A mí me pasó algo de eso. En Boca no pude concretar lo que luego jugué en Huracán o en Independiente. Por eso siempre digo que me hubiese gustado volver al club cuando yo era más grande”.

AQUEL GOL A RIVER EN LA LIBERTADORES:  19 de marzo de 1970. Copa Libertadores. En la Bombonera, Boca le ganó 2 a 0 a River. Larrosa fue la gran figura de la cancha que remató con un golazo: “Fue una gran pared con Rojitas. Yo entré, disputé la pelota con Carballo, el arquero de River. Entre los dos trabamos, la pelota siguió hacia el arco, y yo tuve que saltarlo porque él se había tirado al piso para taparme. Entré con pelota y todo. La toqué y salí gritando. Un gol a River en Copa Libertadores era algo bárbaro. Después Raúl Savoy hizo el segundo gol, y ganamos 2 a 0. Al otro día vi la secuencia entera, en cuatro o cinco fotos, en el diario La Razón. Todavía lo atesoro“.

Houseman, Brindisi, Avallay, Babington y Larrosa. Fútbol para los dioses.

A HURACAN POR UN FITITO DESCOMPUESTO: “En 1972 jugué en Guatemala. A comienzos de 1973 volví al país con el pase en mi poder e iba a firmar con Gimnasia. Había arreglado con el presidente firmar contrato el sábado. Ese día le pedí prestado el coche a mi cuñado, el Chapa Suñé. Iba pasando por el Camino Centenario, por City Bell, cuando el Fiat 600 se paró. Tuve que ir a buscar un mecánico. En ese tiempo, sábado a la mañana, encontrar un mecánico me llevó más de una hora. Hasta que vino, miró el coche, y me dijo ‘Está engranado el motor. No va a arrancar. Te van a tener que llevar con una grúa‘. Lo primero a lo que atiné, eran más de las once de la mañana, digo ‘voy a llamar a este hombre, se va a creer que lo estoy dejando ahí clavado‘. Y tampoco había teléfonos. Cuando encontré uno llamo a éste hombre y le expliqué lo sucedido.  Me dice ‘bueno, bueno, no se haga problema. Venga el lunes a las cinco de la tarde. Lo espero el lunes‘. Todo así fue, tal cual. Después hablé con mi suegro, y me vinieron a buscar con un jeep y me remolcaron, me llevaron para Buenos Aires.

César Luis Menotti en una práctica en el Palacio Ducó. Año 1973.

El lunes estoy tomando mate y leo en Clarín: Hoy empieza a entrenar Huracán, a las órdenes de Menotti‘. Y no se por qué, digo ‘lo voy a ir a saludar a César’, porque yo con él había llegado a entrenar en reserva en Boca y alguna vez nos habíamos quedado hablando en el medio de la cancha. El tenía muy buena relación con nosotros, los más pibes. En ese sentido era muy campechano. Digo, ‘lo voy a saludar’. Voy a Huracán, y justo él llega con un Torino beige. Baja del auto y nos enfrenamos. Yo voy acercandomé y el dice ‘¿Qué hacés vos acá, no estabas en el exterior?‘. Le digo ‘sí, pero me volví’. Así la conversación, así de rápida. ‘¿Y de quién es el pase?’. Le digo ‘es mío’. Y me dice ‘¿No querés venir a jugar a Huracán? Yo hoy voy a empezar a entrenar’. Le digo ‘mirá, yo tengo que ir a las cinco de la tarde a ver al presidente de Gimnasia’. Y me dice ‘¿vos vas a ir todos los días, dos horas y media para allá, dos horas y media para acá, más el entrenamiento? ¿Te vas a pasar el día arriba del auto? Quedate acá con nosotros en Huracán que vamos a armar un buen equipo’. Y estaba el vicepresidente cerca por ahí, que era Osvaldo De Santis. Y Menotti lo llama. Dice ‘llévelo con Seijo’, Luis Seijo era el presidente, ‘lleveló a la sastrería, que debe estar en la esquina, en Caseros y Rioja, y que firme‘. Así le dijo. Me voy en el auto hasta ahí. Yo digo ‘¿qué hago acá?’ Cuando llego a la sastrería, Seijo me arregló el contrato por más dinero del que iba a cobrar en Gimnasia”

Omar Larrosa debutó en Huracán en la primera fecha del campeonato de 1973. Aquella tarde, el Globo goleó 6 a 1 a Argentinos Juniors en el Palacio Ducó. Larrosa convirtió el primero de los 42 goles que marcó en Huracán en 228 partidos disputados

 

HURACAN 1973:  “Las claves fueron los grandes jugadores y una idea de Menotti: jugar bien al fútbol y obtener resultados. Esa fue la fórmula. El nos inculcó jugar bien para poder hacer goles y ganar partidos y con eso ganar algún título. El Flaco tenía cosas muy brillantes. Había que estar muy bien preparado físicamente, porque te decía ‘cuiden la pelota, no la pierdan, pásensela bien a los compañeros, muevansé, para que el que tiene la pelota tenga varias opciones de pase’. Y después, si se perdía la pelota, pasar rápidamente la línea de la pelota hacia atrás para no mirarle el número de la camiseta al rival sino mirar el arco contrario de frente. Quiere decir que estabas en posición defensiva. Todas esas cosas que son fundamentales para el fútbol.

Hoy se presiona más arriba. En aquel tiempo por ahí de repente veníamos y nos juntábamos más atrás para empezar a salir todos en bloque a marcar. Una vez que nos juntábamos los volantes con los defensores, ahí empezabas a tomar marcas. Y si no, tenías que esperar que vengan los rivales, que te vengan a encarar, quitarles la pelota y contragolpear. Porque el contragolpe era el arma favorita de aquel Huracán. Nosotros teníamos jugadores muy rápidos arriba como René Houseman y Roque Avallay. En el medio Miguel Ángel Brindisi, Francisco Russo y Carlos Babington. Era un gran equipo”.

 

EL TRABAJO TACTICO DE AQUEL HURACAN: “Según donde me paraba yo en la cancha, teníamos tres sistemas de juego. Si yo estaba en la punta, adelante, éramos 4-3-3. Porque en el fondo estaban Nelson Chabay, Daniel Buglione, Alfio Basile y Jorge Carrascosa. Y Roganti al arco. Y si se paraban, Houseman, Avallay y Larrosa, éramos tres puntas, o sea 4-3-3. Yo muchas veces me tiraba a recibir la pelota, o a ayudar en la recuperación, delante de Carrascosa. Ahí ya éramos cuatro volantes, éramos 4-4-2. Y muchas veces, yo me cruzaba por delante de los tres volantes formando un rombo, y era como un enganche entre los tres volantes y Houseman y Avallay más arriba, y yo me tiraba ahí y era el enganche. El cuatro no me seguía a mí ahí, y ahí le provocábamos superioridad numérica con los rivales. Entonces teníamos la pelota mucho tiempo nosotros. Más allá de la contra, ¿no?

EL FLACO MENOTTI, UN ADELANTADO: “César fue un adelantado. Hoy en día los equipos, los planteles, todos trabajan espacios reducidos. Nosotros lo hicimos por primera vez en la Selección para el Mundial. En el año ’77, después de una serie internacional que hubo en la cancha de Boca. Después de ese petit torneo de siete equipos, se fue, hizo una gira él solo con su cuerpo técnico, donde fueron a Holanda, Alemania, Inglaterra, y cuando empezamos los trabajos de pretemporada para el Mundial  ’78, nos hacía jugar a los dos volantes, que en ese caso estaba Américo Gallego de cinco y Osvaldo Ardiles, el ocho, y Rubén Galván el cinco suplente y yo, el ocho suplente de Ardiles, dos contra dos en un cuadrado de quince metros donde teníamos que recuperar la pelota y jugar a que no te la quiten, siempre con gente cerca y con un espacio muy chiquito. Y después ponía tres volantes contra tres volantes en un espacio un poquito más grande. O sea, con apoyos en los costados. O sea, lo que hacen hoy los clubes lo hacíamos nosotros para el Mundial ’78, como base del entrenamiento.

25 DE ENERO DE 1978, LA GLORIA ROJA: “Fue algo impresionante, algo muy lindo. En aquellos tiempos no era fácil ir a jugar a Rosario, a Santa Fe, a Córdoba, a La Plata. Eran todos reductos muy difíciles, el local se hacía sentir. Hoy por hoy cambiaron esas cosas. Quizás el local siente más la presión que los rivales que vienen. Pero en aquellos tiempos era bravo. ¿Y qué te puedo decir? Que Talleres tenía un gran equipo. Tenía muy buenos jugadores y venían muy bien también. Habíamos empatado el partido previo en cancha de Independiente, 1 a 1. Independiente también tenía muy buenos jugadores individualmente, con mucha técnica, definidores, buenos defensores. Tenía a Hugo Villaverde y a Enzo Trossero, estaban Rubén Pagnanini y el Japonés Osvaldo Pérez de laterales, el Negro Rubén Galván, Ricardo Bochini y yo en el medio. Estaban Pedro Magallanes, Norberto Outes y Daniel Bertoni. Ese día Bertoni estaba en el banco porque venía de una operación y después entró. Estaban también en el banco Mariano Biondi, César Brítez, Víctor Hugo Arroyo”.

Esa noche perdí la cabeza. Lo que pasa es que en el primer tiempo estábamos ganando 1 a 0, jugando bien, estábamos superandolo a Talleres. Y en el segundo tiempo, primero dio un penal que nos dejó con muchas dudas a nosotros. Porque no creíamos que era foul, y porque fue medio en la línea, casi afuera del área. Pero no dijimos nada. Patearon el penal y nos empataron. Seguimos jugando. Al ratito un córner, estábamos como a los treinta minutos del segundo tiempo, no me acuerdo bien los minutos pero era algo así. Un córner desde la derecha, y el puntero derecho, que estaba en el área, de ellos, Ángel Bocanelli, le pegó una piña, saltó y por arriba de su cabeza le pegó una piña a la pelota. Pero con la mano cerrada, yo lo vi, si yo estaba delante de él. Yo estaba en el vértice del área chica marcando, me doy vuelta que pasa por arriba mío la pelota y veo la piña, y la mete abajo del palo. Y cobra gol el árbitro. Y bueno… ser armó un… estuvimos como media hora parados. Primero lo echó a Galván, después lo echó a Trossero, y después, de última, me echó a mí”.

LA PELOTA DE GONELLA: “Cuando estaba terminando la final de 1978 yo quería quedarme con la pelota del partido. Empecé a jugar cerca de la jugada para ser el primero en agarrarla pero el Tano Gonella, el árbitro, se quedó con la pelota junto al pitazo final. Era grandote encima, y la agarró y la apretó en el pecho. Porque la tenía un holandés la pelota cuando él toca el silbato. Y yo veo que se la va a tirar y la quise agarrar en el aire, pero no pude, no llegué. Si la agarro, no la ves más, porque me iba para cualquier lado. Me iban a tener que correr para agarrar la pelota. Pero bueno, la agarro él y no se la pude sacar. Me tuve que conformar con tener la del partido con Perú”.

  • Entrevista realizada por Carlos Aira y Nehuén Ríos.
  • Redacción efectuada por Martín Gorojovsky.

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