Historias Mundialistas: Pepe Schiaffino y el récord que no fue

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En 1994, el delantero ruso Oleg Salenko convirtió cinco goles en un mismo partido. El periodismo de aquel momento creyó que había alcanzado una marca, que resultó ser falsa. Conozca la historia de esta curiosidad.

Por Martín Gorojovsky

Uruguay alcanzó su segundo título del mundo en 1950, en el primer mundial de Brasil. Aquella campaña es célebre por el histórico Maracanazo, el triunfo de los charrúas sobre los locales que se convirtió en leyenda, y del que hablaremos oportunamente en esta sección. Menos sabido es que los celestes jugaron un único partido en fase de grupos, debido a que algunas selecciones clasificadas desistieron de participar pocos meses antes de la inauguración de la cuarta Copa del Mundo. En consecuencia, el Grupo 4 quedó reducido a dos participantes, Uruguay y Bolivia.

Juan Schiaffino, notable delantero uruguayo, autor de un curioso récord que nunca existió.

Los campeones del ’30 no dejaron dudas en ese único encuentro. Golearon por 8 a 0 a los bolivianos y clasificaron al cuadrangular final. El delantero Juan Alberto Schiaffino (foto superior) quedó además consagrado como el hombre que convirtió cinco de los ocho tantos orientales. Con el pasar del tiempo el récord de Schiaffino quedó incorporado marcas como la de los máximos artilleros de cada edición, la cantidad de partidos jugados y otras estadísticas.

Sin embargo, la estantería sufriría un pequeño sacudón cuarenta y cuatro años más tarde. Al cerrarse el Grupo B del Mundial Estados Unidos 1994, Rusia goleó 6 a 1 a Camerún, y cinco de los seis goles los marcó Oleg Salenko (foto inferior). Cuando los reporteros fueron a preguntarle a Schiaffino qué sentía ahora que alguien había logrado lo mismo que él, reveló que en realidad nunca había convertido cinco goles. La realidad era que en la goleada ante Bolivia Schiaffino había convertido dos veces, Oscar Míguez tres, y los otros tres tantos habían sido de Ernesto Vidal, Julio Pérez y Alcides Ghiggia, el hombre que eventualmente marcaría el gol decisivo en la final contra Brasil.

¿Qué había sucedido para que en casi medio siglo nadie advirtiera el error? Simplemente que en 1950 el registro de goles y estadísticas no era tan riguroso como lo fue en las décadas siguientes. Vaya como ejemplo las discusiones existentes en torno a la cantidad de goles que efectivamente convirtieron algunos delanteros argentinos de aquella época, o de tiempos anteriores al ’50. Aparentemente, aquel 2 de julio el enviado de FIFA, cuya tarea consistía en dejar el registro de los goles y otras incidencias, no prestó suficiente atención al encuentro, y ante la duda consignó correctamente los tres goles de Míguez, y sumó otros tres a los dos convertidos por Schiaffino.

El ruso Salenko pasó así de ser el segundo hombre que más goles convirtió en un partido de los mundiales, a ser el único que lo logró, en apenas unas horas. Salenko además, fue goleador, junto al búlgaro Hristo Stoichkov. del Mundial de Estados Unidos, aunque su selección no pasó la primera ronda.

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