Copa del Mundo 2026. Dia 1. El circo de tres pistas y el sueño de nuestra ilusión

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Arrancó el Mundial 2026 con un show latino, «olés» de cotillón en Guadalajara y un debut desabrido en el Azteca. Mientras el norte impone su libreto enlatado, la Scaloneta se atrinchera en Kansas con sus alarmas y buscando el camino a la inmortalidad.

Por Carlos Aira

El día llegó. 11 de junio de 2026. La pelota Trionda empezó a rodar y el planeta entero se detuvo: arrancó la 23° Copa del Mundo de la FIFA. Estamos ante el bautismo de fuego de los mundiales tripartitos y el debut absoluto del gigantismo de las 48 selecciones. Pero, sobre todo, asistimos al estreno de un fútbol moldeado a la medida de las lógicas corporativas estadounidenses: esos cuatro tiempos encubiertos, disfrazados con dos mini tiempos destinados a la supuesta hidratación y esconden minutos publicitarios. Llegó un nuevo orden que llegó para quedarse y patear el tablero de nuestra nostalgia.
Al tener tres países organizadores nos impuso tres inauguraciones distintas. En el mítico Estadio Azteca —rebautizado por el marketing como Estadio Ciudad de México—, la fiesta tuvo ese gusto a cultura latina enlatada que el norte pretende derramar desde el sur del Río Bravo hasta Tierra del Fuego. Esa idea global del ser latino que nos despoja de matices, de identidades y de barros locales, trocando nuestra diversidad por una postal homogénea, mucho más cercana al ritmo caribeño que a la melancolía del Río de la Plata.
La colombiana Shakira volvió a erigirse como la monarca absoluta de las ceremonias ecuménicas. Al frente del show, interpretó “Dai Dai”, la canción oficial del evento, junto al nigeriano Burna Boy. Con esta, ya son cuatro las muescas en su guitarra mundialista: desde aquella versión de “Hips Don’t Lie/Bamboo” en Alemania 2006, pasando por el inolvidable “Waka Waka” de Sudáfrica 2010 y el rítmico “La La La” en Brasil 2014.
“El fútbol lleva el mismo latido del corazón y une a varias generaciones. No es definido por jugadores o países, sino por todos nosotros. Bienvenidos a México. Bienvenidos al Mundial de Fútbol FIFA 2026”, declamó la refinada Lila Downs, la presentadora elegida para encender la mecha de la fiesta, mientras el trofeo más preciado de la Tierra se elevaba majestuoso sobre un escenario montado en el círculo central del ex Azteca.
El desfile musical tuvo de todo. Maná abrió el fuego sagrado de la nostalgia noventera. Atrás apareció el venezolano Danny Ocean para meterle pulso joven a la tarde con su tema “Partidazo”. Luego llegaron Los Ángeles Azules junto a Belinda para regalar una versión vibrante de “Por ella”. J Balvin aportó su cuota de ritmo urbano antes de dejarle la escena limpia al huracán Shakira, quien junto a Burna Boy coronó los 20 minutos de una ceremonia que bajó el telón con un bombardeo de fuegos artificiales
La nota de color —o de estudiado cinismo— la dio la actriz Salma Hayek. Curioso destino el de la señora: mexicana de ley, pero con una tenaz resistencia a hablar en castellano frente a los micrófonos del mundo. Salvo, claro está, cuando el cachet de la FIFA se vuelve lo suficientemente irresistible como para despertarle un supino e instantáneo ataque de mexicanismo. Lo dicho: el estereotipo al palo. Para el gran negocio, ahora todos los latinos bailamos al mismo son caribeño.
¡Pero por el amor de Dios, por suerte existe el fútbol! Quien haya inventado este bendito juego debiera ser considerado, de manera póstuma y unánime, como el único merecedor del Premio Nobel de la Paz. Porque el juego que tanto amamos siempre nos parecerá una obra de arte, una belleza absoluta, por más que mexicanos y sudafricanos no se hayan prodigado demasiado en el verde césped. En los noventa minutos de la verdad, La Tri terminó siendo el único protagonista de un partido huérfano de brillo, pero repleto de intensidad.
México liquidó el partido con un sólido 2-0 frente a una Sudáfrica que terminó deshilachada, en el choque que abrió el Grupo A. Julián Quiñones y el interminable Raúl Jiménez gritaron los goles locales, en una tarde fatal para los africanos que sufrieron las expulsiones de Yaya Sithole y Themba Zwane. Ganó México, cumplió con la fiesta de su gente y la Trionda ya gira. El Mundial se puso en marcha y, más allá de los negocios, los tiempos publicitarios y los discursos empaquetados, la pelota volvió a reinar.
MIENTRAS TANTO, EN KANSAS
Kansas. Mientras dure la locura de la Copa del Mundo, esa porción de tierra en el corazón de los Estados Unidos será el búnker y la casa de la Selección Argentina. Es inevitable: el nombre me hamaca la memoria y me remite directo al Mago de Oz. A Dorothy, al León Cobarde, al Espantapájaros y al Hombre de Hojalata. Pero lejos de aquel tornado que dio vida al clásico de la literatura universal, nuestra Selección se planta en el mapa detrás de un sueño con destino de epopeya: el bicampeonato mundial.
¡Y caramba que la historia demuestra lo difícil que es acariciar esa gloria por duplicado! En casi un siglo de mundiales, tan solo la Italia fascista de 1938 y aquel glorioso Brasil de Pelé y Garrincha en 1962 lograron retener la corona. La Scaloneta tiene con qué sentarse en esa mesa, pero —por ahora— el destino viene barajando de atrás y la mano se presenta cambiada por el fantasma de las lesiones.
La noticia del día en la concentración argentina es el llamado de urgencia del cuerpo técnico encabezado por Lionel Scaloni para el entrerriano Marcos Senesi. El zaguero zurdo, que tras romperla durante años en el Bournemouth acaba de sellar su millonario pasaporte al Tottenham Hotspur, se había quedado masticando bronca afuera de la lista original de 26. La primera alarma se había encendido con la baja de Leonardo Balerdi, abriendo un signo de interrogación enorme en la última línea.
Pero hoy el parte médico oficial le propinó un golpe durísimo a la ilusión: Nicolás Tagliafico sufrió un desgarro y su participación en la Copa es una verdadera incógnita. La herida cala hondo en la estructura del equipo. Si el ex lateral de Banfield e Independiente no logra recuperarse a tiempo y queda desafectado, Argentina sufriría un golpe letal en su fisonomía defensiva, perdiendo de un plumazo a los dos marcadores de punta izquierdos que desde hace casi una década custodiaron con éxito  la banda izquierda: el propio Tagliafico y el indomable Marcos Acuña.
El camino hacia la inmortalidad ya empezó, y el viento en Kansas sopla fuerte. Habrá que sacar a relucir el corazón para gambetear la adversidad.
EN GUADALAJARA, UN GOLAZO Y NO MUCHO MAS
Mientras esperamos el debut de los muchachos de Scaloni ante Argelia, Corea del Sur y la República Checa —Chequia, como le dicen ahora con esa manía moderna de achicarle los nombres a la historia— aburrieron a lo grande en los primeros cuarenta y cinco minutos y repuntaron, por puro orgullo, en la segunda etapa.
La ironía del destino es implacable: los europeos se pusieron en ventaja con un gol que nació, justamente, de un saque lateral. ¡Sí, aunque parezca increíble!  Pero la historia no quedó ahí. Los coreanos reaccionaron e igualaron el trámite con un auténtico golazo de Gwang Imbeon: un enganche delicioso que hizo pasar de largo a los lungos defensores checos, y una definición sutil, de cachetada, para colgarla lejos del arquero. Minutos después, aprovechando el envión y el desconcierto europeo, los asiáticos clavaron el gol del triunfo.
Fueron los gritos y no mucho más en la noche de Guadalajara. Un espectáculo que, en las tribunas, no hizo más que continuar la saga que ya habíamos visto en las tribunas durante el debut de México y Sudáfrica: ¿Qué es esa pavada de andar cantando «¡Olé!» cuando apenas van treinta segundos de juego? ¿Qué se festeja? ¿Un pase lateral entre dos defensores centrales?
Tal vez no sea más que la amarga resultante de este fútbol globalizado, un show empaquetado para el consumo rápido que engendra un sentir tribuneando muy alejado del nuestro. Una farsa montada para espectadores de cotillón que confunden el juego con el Italpark. Muy distinto a cómo se vive, se sufre y se respira la pelota aquí, en la periferia del mundo. En este rincón del mapa donde el fútbol es identidad y vida. Periferia, sí, pero también el bendito suelo de los campeones del mundo.
(*) Periodista / Conductor de Abrí la Cancha / Autor de Héroes de Tiento y Héroes en Tiempos Infames.

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