Celtas del Norte y celtas del sur: las visitas del Motherwell y del Celta de Vigo a la Argentina en 1928

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Ataque del combinado argentino sobre el arco gallego.

Una historia de Héroes de Tiento (Ediciones Itarg, 2015). En 1928, el fútbol argentino ya era un gran negocio alimentado por directivos que aprovechaban una estructura amateur. Fue el año que llegó el FC Barcelona, pero también llegaron al país otros equipos europeos, como el Motherwell escocés y el Celta, movilizando a la gran comunidad gallega en nuestro país. Una historia que tiene casi un siglo y sigue emocionando.

POR CARLOS AIRA

 

 

CELTAS DEL NORTE, CELTAS DEL SUR

(A mis viejos, Luisa y Senén, quienes nacieron en esa tierra donde el cielo siempre es gris para ser parte de este gran país)

 

La civilización celta ocupó grandes extensiones de suelo europeo varios siglos antes de la era cristiana. El paso del tiempo atomizó aquel pueblo en siete territorios en los cuales la cultura céltica persistió en sus raíces: Escocia, Eire, Cornualles, Gales, Isla de Man, Bretaña y la celtibérica Galicia. En 1928 recibimos la visita del Motherwell FC y el Real Club Celta de Vigo. Escoceses y gallegos. Celtas del norte y del sur.
Fundado en 1886, el Motherwell abrió la serie de visitas internacionales del año. A cambio de 115.000$, los británicos firmaron un contrato por el cual debían jugar siete amistosos en nuestro país entre los meses de mayo y junio. Motherwell, ciudad ubicada a escasos kilómetros al sur de la popular Glasgow, es conocida como la ciudad del acero. Oscura y proletaria. Muchos de los futbolistas que nos visitaban habían padecido en un pasado reciente las inclemencias del trabajo en las minas.
 Los escoceses, que partieron del puerto de Southampton el 20 de abril a bordo del vapor Arlanza, arribaron a Buenos Aires en la mañana del jueves 10 de mayo. A diferencia de sus mediocres compatriotas del Third Lanark, los Ironman llegaban con un buen currículum: subcampeones 1927/28. En su primer contacto con la prensa, John Hunter, gerente y entrenador del equipo, declaró: “Como profesores venimos a enseñar a jugar”. El capitán Robert Ferrier cambió arrogancia por cautela: “Haremos todo lo posible por ganar. Todos los muchachos están en perfectas condiciones para vencer en Argentina”.

 

CHACAREROS REBELDES

 

La visita de los británicos en plena euforia olímpica no pudo tapar la situación de destrato de la AAAF hacia el fútbol del interior. El jueves 3 de mayo, el consejo de la Asociación denegó la posibilidad que el Motherwell se presente en Córdoba y Rosario. Desde la calle Viamonte adujeron cuestiones de índole económica. Esta vez no existió sumisión. Las ligas se mantuvieron inflexibles en un reclamo: querían a los profesionales en las diferentes capitales provinciales.
Desde toda la geografía nacional se acusó a la Asociación de mercantilista y profesionalizante: “Los dirigentes porteños tienen una seguridad digna de mejor suerte. La tranquilidad con que exponen sus planes comerciales, creyendo que en todas partes se hace football profesional para los dirigentes, hace pensar que nos hallamos frente a un caso de cinismo que debe por fuerza provocar reacciones en los núcleos deportivos donde no ha llegado la corrupción”.
El interior mostró los dientes. El viernes 11 de mayo, cordobeses, santafesinos, santiagueños y tucumanos resolvieron negar sus futbolistas a futuras convocatorias de la AAAF. Esa misma noche, ante la gravedad de la situación, Adrián Beccar Varela pidió hablar por radio desde su despacho. Sin decirlo, expresó las necesidades de un profesionalismo larvado: “Es harto sabido que el cuadro escocés cuesta a la asociación 115.000$. Esa suma se logrará fácilmente con dos partidos. Los demás encuentros, si realmente se quiere estimular el fútbol del país, debieron haberse efectuado en las provincias”.

 

13 de mayo de 1928. Debut de Motherwell en las canchas argentinas. Los supuestos maestros no aportaron mucho.

LA DESILUSION ESCOCESA

Cuatro pesos pagaron los reos de gorra por una entrada para ver a los europeos. Un despropósito. La Argentina se preguntó: “Cuatro pesos para ver un match de football es una exorbitancia. Mercantilismo puro. ¿Acaso los scotchmen del Motherwell son cantantes de ópera? ¿Tienen más méritos que Titta Ruffo o Miguel Fleta para que se paguen esos precios?”. Y llegó la tarde esperada. El domingo 13 de mayo, los escoceses, camiseta oro y granate, enfrentaron al combinado Capital. Cuarenta mil hinchas llenaron las tribunas de River Plate. Minutos antes del partido, Beccar Varela pidió la palabra. Por el sistema de megafonía, la multitud escuchó sus palabras: “Maestros del Motherwell. He dicho y ratifico el concepto. A ese título hemos acordado esta gira”.
Marcos Croce fue seleccionado para defender la meta local. Un homenaje a su trayectoria, ratificado con una mítica portada de El Gráfico. El arquero de bigote eterno tuvo una actuación deslucida. Tal vez porque tuvo la idea de atajar con unos vistosos guantes de camello que finalmente no estrenó por culpa de las risotadas que generaron. Con delicadeza, Croce se deshizo de ellos y los dejó junto a un palo. En el arco de enfrente sorprendió la altura del guardameta visitante. Alan McClory medía dos metros de altura y era delgado como un junco.
Fútbol y política. Poco antes de las elecciones presidenciales, Agustín Pedro Justo publicó una carta abierta en La Nación. El título fue una triste premonición: “Nuestro país no debe temer a una dictadura militar”. Fue el propio ministro quién efectuó el saque de honor ante los escoceses. El Palco de Honor aplaudió, el pueblo gritó “Yrigoyen-Yrigoyen”.
Los porteños ganaron 1 a 0. El gol lo marcó Juan Manuel Spósito, delantero de Huracán, luego de una gran jugada junto a Pachito Maglio y Pedro Marassi. La emoción superó al goleador, quién se desmayó de tanto festejo. Laburante en la aduana, cuando su jefe, un hombre que no sabía nada de fútbol, vio su fotografía en la tapa de todos los diarios, lo felicitó y le dio un día de franco.
Finalizado el partido las voces de los protagonistas retumbaron en los parlantes. Beccar Varela volvió a pedir el micrófono. Llamó la atención como en noventa minutos cambió rotundamente su parecer: “Estos no tienen nada que enseñar. Apenas si es un modesto equipo parecido al Lanark”. Luego de dar una vuelta olímpica, emocionado, Marcos Croce tomó el mismo micrófono. Con ojos llorosos y voz cortada le habló a la multitud: “estamos en condiciones de competir sin desmedro alguno con los más afamados conjuntos extranjeros”. El goleador racinguista Miguel Baragnano, quién observó el partido en la tribuna, opinó: “No son realmente buenos. Desde el momento que en vez de aprender, vamos a enseñar; y nosotros lo que pretendemos es perfeccionarnos y progresar”.
La primera actuación de los británicos fue un fracaso. ¿El público pagaría entradas carísimas para ver a unos mediocres? Última Hora tituló: “No son unos pataduras ni unos crudos, pero tampoco pueden enseñarnos nada”. La Argentina le apuntó a la dirigencia: “El corazón de los muchachos se impuso al mercantilismo de la asociación”. Antonio Palacio Zino, testigo de las primeras visitas de futbolistas de las islas a nuestro país, fue durísimo con los profesionales del Motherwell:
 “Confieso que hace veinte años bajaban a la cancha del Club Catedral y a los cuadrados de la dársena elevens constituidos por los marineros y servidumbre de los grandes barcos de la Marina Real Inglesa, muy superiores a los debutantes. Casi siempre mostraban tres o cuatro figuras reveladoras del prestigio indiscutible del football inglés. ¿Cuál es mi impresión de este equipo? Deplorable. Opino que los contratos los firma gente que desconoce la capacidad de nuestros footballers. Por otra parte, los grandes clubes ingleses, sociedades anónimas, con jugadores que cuestan enormes transferencias, no van a brindarlos desinteresadamente. Se brindan datos tan espeluznantes, que en más de una oportunidad se cree que el público deportivo de Buenos Aires es una tribu de Indochina”.

 

5 de junio de 1928. El Motherwell se presenta en cancha de Racing ante un combinado de jugadores de provincia.

VASCOS CON POLLERITAS

 

El segundo partido del Motherwell, ante el combinado Provincia, tuvo sus complicaciones. El mismo debió jugarse el martes 15 de mayo en Boca Juniors, pero en esos días la municipalidad decretó emergencia sanitaria en el barrio por un brote de peste bubónica. La asociación reprogramó el amistoso para el día siguiente, en River Plate. Muchos hinchas no tuvieron acceso a esta información y creyeron que se jugaría en Brandsen y Del Crucero. El miércoles, cerca del mediodía, se vivió una situación insólita. Cinco camiones embanderados de rojo llegaron a la Boca. Eran hinchas de Independiente, que a los gritos animaban a Manuel Seoane. El barrio, incrédulo, salió a las calles para explicarle a la multitud que debían ir a la Recoleta.
Fue otra victoria argentina. El primer gol fue antológico. El Negro Seoane tomó la pelota pasando la mitad de cancha. Levantó la cabeza, tocó a la entrada de Ismael Morgada y buscó la devolución de la pared en el área. Cuando el delantero de Independiente se aprestaba a definir, ante el asombro de todos, dejó pasar el tiento entre sus piernas para la entrada triunfal de Juan Arrillaga. Una genialidad. El minero McClory atinó a observar como la pelota se metía en su arco. Miles de pañuelos blancos saludaron el golazo. La barra roja, la que llegó en los camiones, lloró de alegría.
El partido pudo finalizar en ese instante de gloria. Más de cuarenta mil hinchas, una muchedumbre para un día laborable, disfrutaron la jornada con enorme alegría. Como si aquella maravilla fuera la muestra cabal que el mejor fútbol del planeta se encontraba en éste lugar del mundo. Entre tanta algarabía, esa tarde nació una tradición tribunera que perdura hasta la actualidad: cuando McClory sacaba del arco, los hinchas acompañaban la corrida del británico con un ensordecedor “¡úúúúúúú!” que finalizaba en un estruendoso “¡Pum!” en el momento de impactar el tiento. Los tiempos cambiaron la palabra final, pero el ritual perdura.
Empató Bobby Ferrier, pero luego llegaron los goles de Leandro Sandoval y el marplatense Baragnano para el 3 a 1 final. Fue un partido sensacional del ala de ataque quilmeña. La pequeña sociedad Arrillaga-Sandoval causó sensación. Pero la gran figura fue Juan Bottaso: “Atajo en todos los ángulos, estirándose como una goma. Con un entusiasmo realmente ponderable. Detrás de cada shot violento de los visitantes, surgía la figura de este hombre como una salvación. Los pañuelos llevaron la misión pacífica del cariño popular”.
Luego de la derrota, muchos se tomaron con humor a los escoceses. Un medio que así lo hizo fue La Argentina, quienes los compararon con los vascos de 1922: “Son vascos con polleritas. No nos olvidemos de cachar a los rubios súbditos del Rey George ¡Son Paquetes! La sociedad anónima Motherwell Teachers podrá hacer economía evitando el desembolso de los costosos pasajes en la clase de lujo. Sus jugadores podrán viajar en la bodega ¡Total son paquetes!”.
El domingo 20 de mayo, Motherwell jugó su tercer partido en Argentina. Nuevamente se lo enfrentó ante el combinado Capital. La expectativa no fue la misma. Para peor, una molesta llovizna cayó sobre la ciudad. Con parsimonia, unos veinte mil espectadores fueron llegando a Sportivo Barracas.
Fue otra victoria argentina. A los 17 minutos, Maglio abrió el marcador. Pocos minutos más tarde, el barraquense Marassi marcó el segundo gol luego de una gran jugada de Carlos Peucelle. Con el partido 2 a 0, los hinchas animaron a los escoceses. Fue un reconocimiento a su tesón. Se prodigaban con ganas. Se sabían profesionales defraudando a los hinchas y por eso dejaban todo. Cuando William Tennant descontó sobre la hora del primer tiempo, los reos de gorra aplaudieron a los visitantes.
Pasados veinte minutos del segundo tiempo, George Stevenson se mandó al ataque. En una hábil jugada eludió a Pablo Bartolucci y Pedro Omar. Centro y gol del half derecho William Mac Fayden. Sobre la hora, el triunfo de los nuestros estuvo, nuevamente, en los pies de Spósito. Fue un gran partido de Pedro Suárez, mediocampista central de Ferro Carril Oeste. Nacido en las Islas Canarias, se lo conoció como Arico, nombre del pueblo donde nació. Como si fuera un nombre más. Pedro Arico Suárez. Con los años será una figura con relieve propio.
Luego de una nueva derrota, La Argentina preguntó: “¿Está prohibido hacer chistes a costa de los escoceses?”: Algunos colegas, demasiado quisquillosos, se sienten maestros ciruelas y censuran que a los escoceses se los tome para la cachada. ¿Se quiere privar ahora de que se haga buen humor e ironía con quienes ya no sirven para otra cosa? En cualquier parte del mundo, a quienes vinieron con el título de maestro (recuerden la famosa conferencia radioeléctrica del Presidente de la asociación) se le hubiera tomado para la diversión. En nuestro país, donde el espíritu juguetón y alegre es algo propio del temperamento latino, que nunca toma las cosas con excesiva seriedad, se han comentado cosas sumamente graves sin que nadie haya puesto el grito en el cielo. La cachada no significa insulto ni ofensa. Lejos estuvimos de ello. Protestamos de quienes se sienten censores de una nueva inquisición deportiva y reafirmamos nuestros propósitos de continuar haciendo pésimos chistes, que si no hacen reír a nuestros lectores, nos divierten a nosotros. El Motherwell no da para más. Estamos seguros que cualquier equipo argentino hubiera ido al extranjero haciendo estos papelones, cualquier prensa, por más seria y puritana que fuera, los hubiera tomado para el fideo fino”.

 

¡POR FIN GANARON!

 

Argentina no era una panacea. En el mediodía del miércoles 23 de mayo, nuestro país sufrió en carne propia los cambios profundos del tablero mundial. Una bomba con sello anarquista dejó un tendal de víctimas en el consulado italiano de Avenida Quintana. Desde Roma, Benito Mussolini culpó al gobierno argentino del hecho. No eran tiempos sencillos.
Fecha patria. Viernes 25 de mayo. El Motherwell enfrentó al combinado rosarino. Entradas rebajadas para incentivar a los hinchas a concurrir al cemento de Avellaneda. Sin dudas, en el Parque de la Independencia se hubiera jugado con tribunas colmadas. Encima muchos de quienes fueron no la pasaron bien. Sobre la hora de comienzo, un grupo de hinchas quiso ingresar de prepo. La represión del escuadrón de seguridad de Avellaneda fue terrorífica. Sobre la calle Alsina los cosacos dejaron cientos de heridos a puro sablazo.
La nota de color la dio una multitud de muchachos rubios y pálidos. Eran marineros ingleses que habían arribado hacía horas al puerto de Buenos Aires. Enterados de la presencia del Motherwell, fueron alentar a los suyos. Con sus risas, canciones y buena predisposición generaron simpatía en los reos de gorra, quienes pudieron contemplar como otros reos, pero del otro lado del mundo, vivían la misma pasión futbolera.
En un partido trepidante, los visitantes lograron su primera victoria en nuestro país. A los 10 minutos, Gabino Sosa habilitó a Luis Indaco, quién abrió el marcador para los rosarinos. Minutos después empató MacFayden y antes que finalice la etapa inicial fue el rojinegro Agustín Peruch quién desniveló para los nuestros. Las mayores emociones estuvieron en el segundo tiempo. John Keenen igualó a los siete minutos. Los rosarinos desnivelaron por tercera vez, nuevamente por intermedio de Indaco. A los 29 minutos, George Stevensen igualó una vez más. Cuando parecía que el encuentro finalizaba en empate, un rechazo a la marchanta del defensor Juan González lo aprovechó MacFayden para marcar el cuarto gol del Motherwell.
Finalizado el partido, el entusiasmo de los escoceses fue inmenso: “Los jugadores escoceses dieron un espectáculo sencillamente conmovedor. Los pobrecitos estaban tan desesperados por conseguir una victoria que cuando el referee finalizó el partido se miraron como asustados. Con gestos de extrañeza y estupor. Se entregaron a jubilosas manifestaciones de alegría. Se besaban. Se abrazaban. Corrían como gamos por el verde césped en procura de sus amigos y compañeros y hasta no faltó una entusiasta girl que abrazó y besó a John Johman”.
Los rosarinos fueron duramente criticados. Sobre todo el arquero Bernardino Nuín y los backs Florindo Bearzotti y Juan González: “¡En los últimos minutos daba lástima ver a los zagueros rosarinos! Parecían simples jugadores de la liga de Conchinchina!”

 

BUSINESS

 

Luego del partido, cualquier actuación del Motherwell carecía de interés. Peligraba la inversión de la AAAF. Para mantener el atractivo, los dirigentes decidieron enfrentar los escoceses ante combinados nacionales de menor jerarquía. Realzando a los visitantes se generaba una expectativa que se traducía en billetes.
Arreciaron las críticas. Más cuando se conoció quienes serían los convocados para el nuevo amistoso, esta vez ante un seleccionado local. No fueron citados los preferidos del público, como los quilmeños Sandoval o Arrillaga. Tampoco jugadores de Huracán, el equipo del momento. Si fueron de la convocatoria tres riverplatenses: Manuel Dañil, Francisco Gondar y Atilio Granara Costa.
A las 14hs llovía sobre el estadio de Boca Juniors. Fue una jornada oscura, aquella del sábado 2 de junio. Escasos hinchas, unos cinco mil, buscaron refugio bajo paraguas o diarios ya mojados. Apenas comenzó el partido, MacFayden marcó el gol del Motherwell. En el entretiempo un gesto enmudeció a los presentes: cuando los equipos regresaban al campo de juego, una pebeta – muy bonita ella – se acercó a los jugadores británicos en búsqueda de un beso. El half izquierdo David Tacheray no sólo encontró un beso sino también realizó un indisimulable palmoteo que produjo un murmullo que duró minutos.
En el segundo tiempo se desmoronó la imagen de nuestro equipo. Fue goleada 3 a 0; con tantos de MacFayden y Humberto Recanatini en contra. La mojadura y la evidente ayuda a los británicos enervaron al público. Los últimos minutos del partido tuvieron un coro dominante desde las tribunas. El mismo, en forma uniforme, gritaba: ¡ladrones!
La Argentina pegó en el clavo: “Esto es una verdadera vergüenza. Nuestro fútbol, que está en pésimas manos, ha llegado al más desvergonzado mercantilismo”.
Al día siguiente el Motherwell se presentó en River Plate. El rival fue un endeble combinado rioplatense ya que para éste partido se convocó a los uruguayos Gildeón Silva (Peñarol), Bautista Duhagón (Defensor), Pablo Terevinto (Peñarol) y Vital Ruffatti (Rampla Juniors). El juego fue áspero. No podía ser de otra forma con uruguayos y escoceses en el campo de juego. Los europeos se sintieron cómodos bajo la lluvia otoñal y definieron el partido en el primer tiempo, con goles de MacFayden, Tennant y Stevenson. Los orientales alzaron la bandera del amor propio. El público lo reconoció. Desde los tablones riverplatenses bajó el “uruguayo-uruguayo” naciendo un reconocimiento explícito a la garra y talento charrúa que continúa hasta hoy día. El resultado del partido fue otra derrota innecesaria. “Los consejeros están vendiendo la patria por la conquista de unos miserables pesos”. remarcó La Argentina.
El martes 5 de junio, en Racing Club, los visitantes concluyeron su contrato disputando su séptimo amistoso. La pertinaz lluvia brindó marco a un partido carente de todo interés. Si en el debut de los escoceses la recaudación superó los 50.000$, en la tarde de Avellaneda apenas fue de 2.101,80$. Acordada una tregua con la AAAF, un combinado de futbolistas santafesinos, cordobeses, bonaerenses tierra adentro, tucumanos y santiagueños fueron los rivales del Motherwell. MacFayden abrió el marcador apenas comenzado el partido. Silbatina general. El mismo delantero marcó el 2 a 0 antes de la media hora. Más silbidos. En los últimos minutos de juego, Bobby Ferrier señaló dos goles más para los escoceses. 4 a 0. En tiempo de descuento, un joven centrodelantero provinciano marcó el gol del honor. En esos días su nombre pasó desapercibido. Pocos años después será un antes y después de nuestro fútbol. Nacido en Rufino, juninense por su vida ferroviaria. Bienvenido a esta historia Bernabé Ferreyra. La Fiera.

PUNTO FINAL PARA EL MOTHERWELL

 

Fuera de contrato, los escoceses jugaron dos partidos más en nuestro país. El jueves 7 de junio disputaron la revancha ante los rosarinos. Ganó el Motherwell 3 a 2, con tres goles convertidos por George Stevenson. Ante tantas derrotas, el honor nacional lo levantó Boca Juniors al vencer 2 a 0 a los europeos, con tantos del tucumano Donato Penella y Esteban Kuko. “Boca Juniors, el gran Boca, una vez más nos sacó del ridículo obteniendo una victoria resonante a fuerza de corazón y entusiasmo. Condiciones indispensables de buenos jugadores”, deslizó La Argentina.
Good Bye Motherwell. Adiós celtas del norte.

 

Jugadores del Celta de Vigo apenas arribados al puerto porteño. De izquierda a derecha: Luciano Reigosa, Ramón Polo, Alfredo Eguía, Chicha Gestoso, Cosme Vázquez, Manuel Valderrama, José Brand y Juan Lecube.

 

BIENVENIDO, CELTA DE VIGO

 

El plantel del Celta de Vigo arribó a Buenos Aires en la mañana del lunes 2 de julio. Una algarabía inconmensurable regocijó a la enorme colectividad gallega residente en Buenos Aires. Por primera vez, hijos deportivos del Finisterre competían en nuestro país. Como un clamor popular, Última Hora tituló: “Deportistas gallegos estáis en vuestra casa”.
Los celtiñas no perdieron tiempo. Al día siguiente de su llegada, a las órdenes del entrenador británico William Cowan, se movieron en la húmeda gramilla xeneize. Desde temprano, muchos galeguiños fueron completando los tablones con la ilusión de ver a sus coterráneos. Los presentes quedaron impactados con la velocidad de Luciano Reigosa, wing derecho y estrella de los celestes.
Irmandade galega. La visita de un equipo gallego movilizó a un pueblo que a fuerza de migración se mestizó en estas tierras. Cualquier aldea gallega, por más perdida que estuviera, sentía más cercana nuestra capital qué Madrid. Hijos de dos tierras que se fundían. Como Castelao, padre intelectual de la Galicia moderna. Nacido en Rianxo y criado en La Pampa.
Fueron días intensos. Abundaron las recepciones y homenajes. El sábado 7 de julio, un día antes del debut, el Círculo Celta de Buenos Aires organizó una cena de honor a los visitantes. Alrededor de los futbolistas se sentaron los más notables residentes gallegos de la ciudad.
Los gaitas que no tenían esa suerte desfilaban por la puerta del Hotel Reina, Avenida de Mayo esquina Lima. Se apiñaban en la acera, en la escalinata o en el vestíbulo. Mañana, tarde y noche. Todo el día había gallegos esperando ver a sus compatriotas. Algunos decían ser del mismo pueblo, otros familiares, compañeros de escuela o simplemente querían hablar con los futbolistas. Cosme Vázquez, delantero celeste, ante tanto pandemonio, declaró: “Estamos desquiciados. ¿Por qué nos habrán traído a un hotel tan céntrico? Yo creía que iríamos a vivir a las afueras. ¡Aquí no nos dejan en paz!”.
Buenos Aires, a pesar del agobio, generó un embrujo especial en los visitantes. Pepe Brand, wing izquierdo, andaluz hasta la médula, sucumbió en nuestra capital. Antes del debut fue entrevistado por un cronista de La Argentina, pero el diálogo fue, cuanto menos, disperso: “Mire usté que gracia tienen estas lindas chiquillas argentinas. Yo estoy por creé que ustedes han traío un cachito de mi adorada Sevilla pu he visto algunas que van desparramando donaire, gallardía, belleza, hermosura. ¡Josú! Si la calle Florida parece por la tarde un jardiciyo, donde hay claveles, rosas, geranios, jazmines.
– ¿y el partido de mañana?
– Miren esa chiquiya que pasa ¿no es la gloria que ha bajao der cielo para anidarse en esos ojazos que parecen abismos? ¿Se puede hablar der furbo mirando una preciosidá así?
-De acuerdo, pero es necesario que nos diga algo del match
-Pues poco. Ganaremos o perderemos”.
Desde La Argentina recomendaron a los gallegos “moderarse con los agasajos. Ya habrá tiempo, más tarde, una vez terminados todos los compromisos. Y tal vez casi hasta sirvan para festejar un triunfo o al menos una lúcida actuación”.

 

CELTIÑAS EN ARGENTINA

 

El debut del Celta se produjo el domingo 8 de julio en Boca Juniors. Miles de gallegos pagaron sus cuatro pesos para ver el encuentro. En muchos casos, era el debut en eso de ir a ver fútbol. La Argentina les advirtió de los peligros extradeportivos:
Esta vez será la sufrida colectividad gallega la que se volcará en los fields citados para alentar “a os daiá”, y a esa colectividad nos permitimos darles un consejo: vayan con los 2 o 4 pesos de la localidad que quieran adquirir y algunas moneditas para comprar goma de mascar. No sea que el nombre del Celta de Vigo les traiga la memoria recuerdos poco gratos”.
Los celestes enfrentaron a un seleccionado local. A último momento, Luis Strada, back boquense, reemplazo a Muttis. Los equipos formaron así:
Argentinos: Botasso; Della Torre y Strada; Bartolucci, Fleitas Solich y Arico Suárez; Sandoval, Arrillaga, Penella, Marassi y Morgada.
Celta: Isidro Rodríguez; Otero y Pasarín; Espinosa, Cárdenas y Farina; Reigosa, Vázquez, Gestoso, Polo y Brand.
Ganó el Celta 1 a 0, con gol convertido en el primer tiempo por Chicha Gestoso de cabeza, luego de un centro de Brand. Se recaudó una fortuna: 64.800 pesos.

 

Domingo 8 de julio de 1928. Ataque del Celta sobre el área del combinado argentino. El cabezazo de Gestoso y la actuación de Juan Bottaso. 

 

9 de julio. Día de la Independencia. Otra multitud se movilizó a River para observar la revancha. Brazaletes españoles en brazos argentinos y viceversa. En la fecha patria, una banda del ejército interpretó el himno nacional. En esos días se había oficializado la versión orquestal y sublime del maestro Juan Pedro Esnaola. Poco interesó el dato melómano en la tribuna. El grito unánime antes del partido fue  “¡cuatro pesos! ¡Cuatro pesos!”. A esos precios, no había bolsillo que aguantara la pasión futbolera. El rechazo fue tan importante, que Adrián Beccar Varela pidió hablar por Radio Prieto. Brindó una perorata almibarada de fútbol y madre patria, cerrando con un mensaje a los reos de gorra: “a lo mejor, el protestador es quién no pagó la entrada”.
La respuesta llegó en las páginas de La Argentina: “Vamos Beccar Varela, no pierda la línea; ese público que usted desprecia es el mismo que le otorgó la gloria y la popularidad barata que usted ostenta como medalla de presentación”.

 

UNA GOLEADA PATRIOTICA

 

Fue un gran partido del combinado nacional. Enrique Sandoval convirtió el primer gol. Donato Penella marcó el 2 a 0 pocos minutos más tarde. Así finalizó la primera parte. En el entretiempo, abordado por un cronista, el quilmeño Sandoval puntualizó: “Creo que ganaremos 4 a 0. Creo que el team gallego es superior al Motherwell porque juega con corazón y energía, dejando de lado la fría táctica y calculada de los ingleses que no gusta al público”.
 Se quedó corto. Fue una goleada histórica. 8 a 0. Penella y Sandoval convirtieron un par de goles más. Pedro Marassi también. Los reos de gorra gritaban eufóricos “nueve…nueve”. ¿Querían humillar a los gallegos? Ni ahí. Sólo buscaban homenajear la fecha patria. En el palco, los copetudos pedían silencio. Finalizado el partido, los once argentinos dieron la vuelta olímpica. La AAAF recaudó otra fortuna: $ 52.578.
A pesar de la abultada derrota, el público aplaudió a los celtiñas. Les reconoció su apego por el espectáculo. Así lo señaló La Argentina: “Los componentes del Celta, han demostrado la gallardía de su sangre gallega y entusiastas aun cuando ya no era posible modificar el marcador. El público entendió ese espíritu deportivo y los aplaudió constantemente”.
Pero claro, una cosa eran los jugadores y otras los goyegas que vivían acá. Un 0-8 era algo difícil de digerir, como bien lo señala éste diálogo que se escuchó a la salida del estadio: “Puesta una rabia que no te diju nada…los que han perdidu pocu les importa. Pero nosotros, lus que nos quedamus, tendremos que escuchar las cachadas de los argentinus, y lu que es peor aún, la de esus italianus”.
Y había mucha razón en esas palabras: a los derrotados poco les interesó la estrepitosa caída. Apenas finalizó el partido, partieron hacia el hotel, se ducharon, empilcharon y viajaron hacia el sur: esa noche fueron agasajados a toda orquesta por la Cervecería Quilmes.

 

FINAL INCONCLUSO

 

El sábado 11 de julio, los gallegos se presentaron nuevamente. Otra multitud llenó los tablones riverplatenses. Más de treinta mil hinchas disfrutaron de un solazo curiosamente invernal mientras contemplaron otro partido sin equivalencias. El combinado nacional goleó 3 a 0. Curiosamente, dos hermanos de olímpicos marcaron goles aquella tarde: Felipe Cherro y Mario Evaristo. El Lauchita Baragnano remató la tarde con un golazo muy aplaudido, luego de revolcar por el piso al arquero Manuel Lilo.
Poco hilo quedaba en el carretel Celtiña. Luego de sus presentaciones en Buenos Aires, los gallegos viajaron a Montevideo y cerraron la gira con una dura goleada en Rosario, al caer 6 a 1 ante el combinado local.
Por contrato, aún quedaban dos presentaciones en Buenos Aires, pero la AAAF no tenía interés en disputar los partidos. El FC Barcelona había arribado a Buenos Aires el 25 de julio. Con visión empresarial, se entendió contraproducente castigar los bolsillos de los hinchas con más partidos del Celta de Vigo. A las dos de la tarde del miércoles 1 de agosto, en la Dársena Norte, zarpó el vapor Wesser llevando a los celtas del sur de regreso a su tierra. Esa donde el cielo siempre es gris.
  • El texto pertenece a Héroes de Tiento (Carlos Aira, ITALARG 2015). Su reproducción está prohibida sin autorización.

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