Marcos Gutiérrez: «Los hinchas de tablón distinguen que técnico sabe y quién no»

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El Anguila Gutiérrez pasó por las Charlas de Vestuario de Abrí la Cancha. Su infancia en Ledesma, su llegada a Buenos Aires y la aparición con fuerza en aquel Huracán que peleó el campeonato Clausura 1994. Una carrera larga e intensa. Una charla para leer y escuchar.

Por Carlos Aira

 

SUEÑOS DE FUTBOL: «Nací en Ledesma, un pueblo ubicado a 110 kilómetros de San Salvador, la capital de la provincia de Jujuy. Tuve una infancia y una adolescencia maravillosa porque la pasé adentro de un club haciendo deporte. Mi papá trabajaba en la empresa Ledesma y yo practiqué mucho deporte en el Club Atlético Ledesma. Primero atletismo, luego básquetbol y finalmente fútbol. Por eso siempre digo que tuve una infancia y una adolescencia sana, que me dejó un montón de amigos».
«Jugaba en Atlético Ledesma, pero mi deporte era el basquetbol, donde llegué a jugar dos campeonatos argentinos, categoría Cadete, representando a Jujuy. Cuando en 1986 arrancó el Nacional B y Gimnasia de Jujuy comenzó a competir en la categoría me comencé a ilusionar con el fútbol. La idea familiar era que todos los hermanos estudiáramos. Mi padre era operario, no sobraba el dinero, pero los cuatro hermanos terminamos el secundario. Ahí decidí que iba a venir a Buenos Aires a estudiar el profesorado de Educación Física y probar suerte con el fútbol«.

 

 

RACING Y EL MONSTRUO GRANDE DE BUENOS AIRES: «La primera prueba que hago en Buenos Aires fue en agosto de 1989 en Racing Club. Me probó Jesús Martínez y me aprobó. La idea era que me incorpore a la Cuarta División, pero el pase lo tenía Ledesma y no podía fichar hasta que no arreglen los clubes. Una vez que se destrabó el asunto, Martínez ya no estaba más y el entrenador era Juan Carlos Oleniak. El me observó y pidió que me fichen, pero el problema era que Racing no podía ofrecerme pensión«.
«Yo vine a estudiar educación física, pero a los 20 años estaba decidido a jugármela por el fútbol. Podía volver a Atlético Ledesma, que había perdido la final de ascenso al Nacional B ante Atlético Rafaela, pero yo quería triunfar en Buenos Aires. Siempre recuerdo que terminé en una pensión familiar en Once compartiendo la habitación con dos chicos peruanos que habían llegado al país a estudiar y eran sensacionales. Mis viejos no entendían nada. En 1988 me habían destacado como el deportista revelación en Ledesma.. ¡cómo basquetbolista! y ahora estaba intentando probarme como arquero. Cuando miro para atrás pienso en ese muchacho de un pueblo que llegó a Buenos Aires, ese monstruo grande, y se encontró con mucha gente que lo ayudó«.

 

Marcos Gutiérrez y el Burrito Ortega. Ambos de Ledesma. Partido de reserva entre Huracán y River. Año 1991.

 

GLOBO DE MI VIDA: «Cuando se cayó lo de Racing fui a Huracán y quedé. Año 1991. Soy un agradecido a las personas que me fueron marcando el camino y una de esas personas fue Gabriel Puentedura, arquero titular del equipo. Yo era un muchacho que no tenía el trabajo físico y técnico propio de una etapa de divisiones inferiores de AFA. Puentedura me ayudó mucho, enseñándome como manejarme en un vestuario y cuestiones propias de la vida de un profesional. Eran épocas donde no había entrenador de arqueros y nuestro entrenamiento eran tan solo pelotearnos. Gabriel se quedaba una hora después de cada práctica para que yo vaya tomando ritmo y confianza de primera. Miro para atrás y eso es impagable».
«Delante mío lo tuve a Gabriel Puentedura, a Manuel Serrano y el uruguayo Grandi que una tarde se lesionó y permitió mi debut. Tuve suerte porque eran épocas donde no había mucha rotación en los puestos. Cuando me tocó mi oportunidad no la desaproveché y defendí durante cuatro años el arco de Huracán. En 1989 estaba en mi pueblo y tres años después estaba atajando en Primera División. Me sigue pareciendo increíble».

 

 

RECUERDOS DE PARQUE DE LOS PATRICIOS: «Como no tuve inferiores de Primera División, uno de los temas que tuve que trabajar fue mi cuerpo. En los 90s estaban de moda los arqueros de contextura grande y yo llegué a Primera División con 67 kilos. En 1991, Carlos Babington me dijo: «Pibe, tenés unas condiciones bárbaras, pero tenés que mejorar ese cuerpo. Tenés que venir tres veces por semana a hacer pesas al gimnasio del club. Tuve que comenzar un trabajo de tres años de gimnasio muy intensos. En 1992 y 1993 atajé con 70 kilos y recién en la pretemporada de 1994 llegué a los 74 kilos, un peso aceptable para mi cuerpo y el puesto. Aunque suene extraño, yo entrené mucho para ganar masa muscular y peso«.
«¿Sabés lo que era chocar con un Medina Bello o un Beto Acosta? Eran épocas donde los arqueros, en cada centro, teníamos que aguantar el codo debajo de las costillas. No había tantas cámaras y los jugadores no quedaban tan expuestos como en la actualidad. Yo hacía hincapié en mi técnica de manos y desplazamiento de piernas. No tenía buen trabajo de pie. En 1991 cambió la reglamentación y el arquero ya no la podía agarrar con las manos. Los que estábamos grandes tuvimos que amoldarnos a un cambio sin preparación previa. Hoy los chicos tienen mejor manejo de piernas. En mi época, para que me toquen la pelota tenía que ser un último recurso; el fútbol ha cambiado y el arquero es un jugador de campo más que hace el pase de salida.

 

Marcos Gutiérrez y el arco de Huracán. Año 1993.

 

ENTRENADORES Y CHAMUYOS RAROS: «Hoy escucho entrenadores que hablan muy difícil. Hablan de intensidad, carrileros, mixtos, presión alta, presión media. Términos que se incorporan y el fútbol sigue siendo el mismo de siempre. El hincha de tablón distingue qué técnico sabe y quién no sabe. Con los años, el fútbol cambió la preparación física, pero el fútbol es el mismo. Nosotros queremos copiar a los europeos en la tenencia de la pelota, pero a mi me gustan los equipos que lastiman. Se habla mucho de Guardiola, pero yo quiero a la esencia del fútbol argentino. Un pelotazo largo o una pelota parada es parte del juego. Todo eso representa saber jugar al fútbol«.
JOSE OMAR PASTORIZA: «Fui sacando cosas de todos los técnicos que tuve. Siempre me sentí muy identificado José Omar Pastoriza, quién me dirigió en Talleres de Córdoba. El hacía mucho hincapié en la parte grupal y humana. El sabía quién tenía familia, quién estaba bien, quién estaba bajoneado. El trabajaba al ser humano antes que al profesional. Tenía un ida y vuelta con el jugador fantástico y equilibraba muchas cosas. Me ha tocado trabajar con algunos técnicos con los cuales no se podía intercambiar opiniones. El Pato era la antítesis: el se involucraba y nosotros sentíamos que podíamos confiar en él. Cuando te tenía que cagar a pedos, te cagaba a pedos, pero todo quedaba dentro del vestuario. Fui un agradecido por haberme cruzado el Pato porque no solo me ayudo con cuestiones relacionadas con el fútbol».

 

HURACAN 1994: «Era un equipo formado por chicos del club y  otros jugadores muy jóvenes, como Mauricio Pineda, el Guapo Rodolfo Flores, Hugo Morales o Rogger Morales. También estaban jugadores con experiencia, como De Felippe o Pedro Barrios y un talentoso como era Víctor Hugo Delgado. Nos dirigía Héctor Cúper, un técnico que laburaba muchísimo y tenía ganas de crecer. El problema de ese equipo fue que no teníamos recambio. Ese equipo no se armó para ser campeón, pero los resultados se fueron encadenando y acariciamos la gloria. A nosotros nos queda la tranquilidad de haber dejado todo. Eramos muy jóvenes, teníamos una ilusión enorme, pero no tuvimos recambio…».

 

Huracán subcampeón del Clausura 1994.
LA EXPERIENCIA MEXICANA: «Cuando pasé a Toros Neza fue arrancar de nuevo. Otro país, otra cultura y otra idiosincracia con el fútbol a la cual me costó integrarme. Siempre recuerdo uno de mis primeros partidos en Toros Neza fue ante Chivas en Guadalajara. En la semana previa, la directiva nos propuso un premio especial si ganábamos. Para los argentinos del equipo era importante porque no estábamos acostumbrados a cobrar los premios. La cuestión es que perdimos 3 a 1 y cuando volví al vestuario tenía compañeros que se reían. Yo no entendía nada. En Huracán cuando perdía un partido masticaba veneno durante una semana. Tenía tan mala cara que un momento Antonio Mohamed me hizo el gesto que me calme y tenía razón: la idiosincracia mexicana es muy distinta. Un show que me costó comprender».
«Yo ordenaba y gritaba, la mecánica con la cual nos formamos en Argentina. En la práctica o en los partidos oficiales. Ellos eran muy descontracturados en su vida cotidiana. Una vez, enfrentamos a Chivas puntero del campeonato. A los 5 minutos metimos un gol. Un fútbol muy abierto, pero teníamos que sacar puntos. Siempre recuerdo que Miguel Herrera – un lateral izquierdo que jugó muchos años en la Selección – pasaba al ataque todo el tiempo. En un momento lo llamo y le digo: ¿A dónde vas? ¡Quedate acá que tenemos que defender!. El me miraba y no comprendía que le decía. Me costó mucho adaptarme a esas cosas porque tenía mucha idiosincracia argentina y podía pasar por arrogante. Por esas cosas me costó mucho el día a día en México».

 

Marcos Gutiérrez en su etapa en San Martín (Tucumán).

 

SAN MARTIN DE TUCUMAN: «En mi carrera hay dos equipos que me marcaron: Huracán y San Martín, que me abrió las puertas en un momento complicado de mi carrera. Yo había llegado desgastado luego de muchos años de carrera en las cuales me manejé solo, sin representante. Por mi forma de ser peleaba contrato con los dirigentes. Cuando llegué a San Martín era la primera vez que atajaba en el Nacional. Me la jugué porque si no me iba bien, tal vez dejaba el fútbol. La pasión de los hinchas fue tan grande que tuvimos feeling desde un primer momento. Un ida y vuelta impresionante. Cargué tanto las pilas en Tucumán que allí comenzó una nueva etapa mía como arquero profesional. Hicimos un ida y vuelta tan bueno que hasta el día de hoy me siguen recordando con pasión y agradecimiento«.

 

 

Periodista y escritor. Autor de Héroes de Tiento y Héroes en Tiempos Infames. Conductor de Abrí la Cancha, por Radio Gráfica. Premio Jauretche 2021 a la Investigación Periodística.
Producción: Nehuén Ríos.

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