Jorge Gordillo: «El River de 1986 fue un gran invento de Adolfo Pedernera y Martín Pando»

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El Tapón Gordillo. Marca registrada de River Plate durante los años 80s. En una Charla de Vestuario amena y emotiva recorrió su vida: la pérdida de sus hermanos, el esfuerzo de su familia, sus comienzos en River, la gloria de 1986 y el recuerdo de un equipo glorioso.

Por Carlos Aira (@carlosaira11)

 

SUEÑOS DEL FÚTBOL. “Cuando era chico era inquieto. Recuerdo que siempre estaba con una pelota de fútbol o lo que se podía en ese momento. En esa época se podía jugar en la calle y eran horas jugando con los amigos. Siempre detrás de la pelota que era el juguete que teníamos todos los chicos«. 

“Soy de Quilmes, del barrio Parque de las Avenidas, más conocida como ‘La Tierrita’ porque solo Pasco y el camino General Belgrano estaban pavimentadas. El resto eran calles de tierra. Ahí me crié. Ahora vivo en Bernal, pero sigo estando cerca del barrio que me vio crecer». 

 

 

UN GIGANTE LLAMADO RIVER PLATE: «Cuando tenía 10 años tuve la desgracia que fallecieron mis hermanos mayores. Ambos murieron el 1 de enero de 1972. Para poner la cabeza en otro lado, mi viejo me llevó a jugar a un equipo que disputaba campeonatos nocturnos en La Bernalesa, una fábrica textil de Bernal. Siempre había mucha gente mirando los partidos. En una oportunidad me invitaron a hacer una prueba en River Plate.

El Tapón, Jorge Manuel Gordillo.

«Mi papá no quería que vaya por todo lo que había pasado en la familia. Fue difícil, pero al final lo convencieron porque fuimos muchos chicos que después terminamos jugando en Primera, como Rubén Coccimano y Jorge Luis Burruchaga. Todos fuimos a probarnos y ahí comenzó mi historia con River Plate.

«Siempre recuerdo el esfuerzo que tuve que hacer siendo un pibe de 10 u 11 años. Me era muy difícil ir desde Bernal a River. El papá de Carlos Vittor, compañero en infantiles, me acercaba con su camioneta hasta el club y eso hizo más facil el traslado. Que me llevaran en la camioneta fue muy importante para convencer a mis papás para poder seguir en River. Mi historia fue de mucho esfuerzo y muy de a poquito«.

«Cuando entré por primera vez al Monumental no podía creer lo que estaba viendo. Un estadio hermoso y grande. Ahí entendí que podía vivir un sueño que era el que teníamos todos los pibes. A medida que fue pasando el tiempo se fue concretando en realidad».

 

LOS MAESTROS DE INFERIORES.El primer técnico que tuve fue Bruno Rodolfi, un mendocino que fue integrante de La Máquina. Después lo tuve a Camilo Pérez. Cuando llegué a Novena división tuve a José Curti. Luego dos maestros como Adolfo Pedernera y Martín Pando. Ellos fueron los que me marcaron el camino y las ganas de ser futbolista. Me transmitieron la pasión por el juego. Por su experiencia y – sobre todo – por como hablaban el día a día. Ellos nos afianzaron lo que sabíamos y lo que queríamos ser: jugadores de fútbol«. 

 

Jorge Manuel Gordillo. Año 1982. Sus comienzos en River Plate (Foto: Museo River).

EL DEBUT EN PRIMERA DIVISIÓN. “Entre 1979 y 1981 estuve muy ligado a las selecciones juveniles de AFA junto a varios muchachos de River, como Luis Miguel Toya, Daniel Messina, Rubén Coccimano, Daniel Constantino y Carlos Tapia. Por lo tanto ibamos poco a las prácticas del club. Jugué algún partido de reserva, pero entrenaba poco con Primera. Luego de jugar un Sudamericano en Ecuador, estaba en el Servicio Militar y me habían dado franco un fin de semana. Estaba en casa y apareció Mauro Blanco, uno de los dirigentes de fútbol amateur, para avisarme que debía concentrar para jugar ante Argentinos Juniors. Nunca lo voy a olvidar. Fue el 31 de mayo de 1981 y ganamos 6 a 1 en cancha de Atlanta». 

«Jugar en Primera División fue cumplir el sueño de mis viejos. Siempre recuerdo el cariño con el cual siguieron mi carrera. Ahora, que soy padre y abuelo, comprendo lo que significan los hijos y nietos. Aquella alegría que significó llegar a Primera fue un escape para mis viejos. Una razón para vivir. Yo era el único hijo que les quedaba. Aquello fue devolverles todo ese sacrificio que hicieron. No solo económico. Se trató de otra cosa. Fue la inmensa alegría de que un hijo cumpliera un sueño».

 

UN COMIENZO DURO: «Tuve la suerte de consagrarme campeón del Nacional 1981, dirigido por Alfredo Di Stéfano, pero pronto también llegaron las malas. En 1982 tuve un quiste en una rodilla. Se hicieron muchos estudios y no sabían si era bueno o malo. Hasta hubo una junta médica que le dio pocas posibilidades a mi pierna. El Dr. Luis Cabello me dio la posibilidad de ver que pasaba. Por suerte pude seguir jugando al fútbol, pero fueron contratiempos que me fueron haciendo más fuerte de la cabeza«.

«1983 fue un año terrible para River. Tuvimos que lidiar con un club que no estaba bien económicamente. Por las deudas tuvimos que ir todos los jugadores a una conciliación obligatoria después de 41 días de huelga. En ese mes largo tuvieron que jugar los chicos. Fue todo muy dificil. Por suerte, hubo un arreglo y todos volvimos a firmar contrato con el club porque habíamos quedado en libertad de acción. Tuvimos la desgracia del fallecimiento de un compañero, Oscar Trossero, y pelear hasta el final del campeonato para mantener la categoría. Finalmente nos salvemos con el promedio. A partir de allí comenzó una nueva historia. Cambió la directiva y asumió Hugo Santilli la presidencia del club».

 

EL EQUIPO DEL 86, FORJADO EN 1984: «En 1984 asumiò el uruguayo Luis Cubilla como entrenador. Vinieron muchos jugadores, entre ellos el Beto Alonso y Roque Alfaro, y de a poco se fue armando el gran equipo. Ese año perdemos la final del Nacional contra Ferro. Renuncia Cubilla y agarran en forma interina Adolfo Pedernera y Martìn Pando. Ellos fueron fundamentales en el armado del gran equipo. Nos fuimos a una gira por España donde jugamos el Trofeo Naranja ante Valencia y de ahí nos fuimos a Nápoles, donde jugamos contra Nápoli en el debut de Diego. En Europa, Adolfo y Martín comienzan a mover las piezas. Roque deja de jugar de 10 y se pone a volantear por afuera; el Negro Enrique, que era 9, pasa a jugar de volante por derecha. El Beto de 10 y el Flaco Francescoli la comenzó a romper de 9. Cuando volvimos al país, el Bambino Veira tenía el equipo armado. Ahí comenzó todo aquello que vino después».

 

Jorge Gordillo, Patricio Hernández y el Tolo Gallego. River Plate, 1986.

RIVER CAMPEON 1985/86. “El equipo que ganó el torneo 1985/86 no era contragolpeador. Los del medio para atrás eramos fijos: yo por derecha; Cacho Borelli y Oscar Ruggeri y Montenegro por izquierda; en el medio, el Tolo Gallego, el Negro Enrique por derecha, Roque Alfaro por izquierda; Claudio Morresi de enganche y arriba Luis Amuchástegui y Enzo Francéscoli. Era un equipo brillante que atacaba por todos lados y tuvo a Enzo en un año maravilloso. La Araña y Morresi hicieron muchos goles. Nos dimos el lujo de tener al Beto Alonso en el banco. Fue un equipo que jugaba muy bien«.

«El equipo que ganó la Libertadores 1986 era diferente al no estar Enzo. Cuando se fue nos miramos diciendo: ¿Y ahora qué? Pero tuvimos la suerte de encontrar un recambio con el Pelado Centurión. Amuchástegui se fue a México y llegó Antonio Alzamendi. Salió Morresi y entró el Beto Alonso. Era un equipo que jugaba diferente. Dos equipos distintos. De cuatro equipos en la zona de grupos clasificaba uno sólo. La Copa era un mano a mano. Había que aprender a jugar esa Copa Libertadores que encima le era esquiva a River Plate. Por eso quedó el mote de ‘contragolpe ofensivo’, como decía el Bambino”.

 

SEMINFINAL ANTE ARGENTINOS JUNIORS: «Aquel partido desempate ante Argentinos Juniors fue increíble. Lo vuelvo a mirar y tengo miedo de perderlo porque fue una cosa de locos. Cualquiera de los dos que hubiese clasificado tenía merecida la final, pero nosotros tuvimos la suerte de clasificarnos finalistas. Aquella noche en el Amalfitani demostramos que eramos dos equipazos. Uno tiene que hablar muy bien de aquel equipo de Argentinos Juniors porque tenía grandes futbolistas y jugaba muy bien«.

Diciembre de 1986. Momento cúlmine. El Tapón Gordillo en la final intercontinental que River derrotó al Steaua Bucarest.

 

JAPÓN 86:  “Para nosotros fue una experiencia única. Sabíamos que sería la primera o la única vez que disputariamos una final del mundo. Entonces, cada uno de nosotros tenía en claro que significaba la final ante Steaua y que nos jugábamos. Como experiencia fue hermosa porque todo era nuevo».

«Viajamos durante 35 horas. Parecía un micro lechero porque paraba en todos lados. Encima viajamos en clase turista. Decí que era chiquito, me acomodaba y podía estirarme. Pero veía a mis compañeros y hacían lo que podían para descansar. Lo bueno es que viajamos una semana antes del partido. Pudimos descansar y aclimatarnos a Japón, sobre todo al cambio horario».

«Siempre recuerdo que River nos dio buzos para viajar. Los rumanos, todos de saco y corbata. En ese sentido había una diferencia enorme. Pero nosotros teníamos con qué y podíamos pelear y ganar. Teníamos equipo para hacerlo”.

“El Bambino había visto y analizado a los rumanos. Nos iba dando tips sobre que hacer. Ellos eran muy duros y fuertes en ataque, pero en la jugada del gol, el Beto Alonso sacó rápido y los encontró dormidos. Ahí es donde sacamos diferencia».

 

22 de noviembre de 1987. Superclásico memorable en el Monumental. El partido que volvería a jugar el Tapón Gordillo.

¿QUÉ SUPERCLÁSICO TE GUSTARÍA VOLVER A JUGAR?. “Tuve la suerte de jugar varios. Hubo uno muy lindo que nosotros íbamos perdiendo 2-0 en la cancha de River y después lo dimos vuelta. Año 1987. Ganamos 3 a 2 y encima Jorge Comas erró un penal en el último minuto. Recuerdo que Carlos Griguol era nuestro entrenador. Fue un clásico que tuvo todos los condimentos. Todo emoción desde el primero hasta el último minuto de juego».

 

LOS DELANTEROS MÁS DIFÍCILES. “Siempre digo que el Puma Rodríguez era de esos delanteros difíciles. Era grandote, rápido y habilidoso. Y encima se la aguantaba porque por ahí lo querias ablandar con una patadita y no le hacias ni cosquillas. Era un delantero difícil, pero a su vez me gustaba medirme y jugar contra este tipo de rivales. También estaban Sergio Almirón o Jorge Comas, grandes punteros. ¡Jugué contra Pinino Más cuando el estaba en Sarmiento y yo comenzaba en River!.

 

¿HOY JUGARÍAS?.  “Hoy me toca ser entrenador y al ver a los chicos creo que todas las formas de entrenamiento actuales nos haría un poco mejor a todos los que vivimos aquella época. Si podríamos jugar o no, no lo sé. Pero siento que cómo viven, cómo entrenan, cómo se alimentan y cuidan a los jugadores, nos haría un poco mejor”.

 

Junio de 1992. Independiente presenta sus nuevas caras: Perico Pérez, Adrián Mahía, Diego Cagna, Jorge Gordillo y Antonio Mohamed. El Tapón será campeón del Clausura 1994 y la Supercopa de aquel año.

INDEPENDIENTE. EL PALADAR NEGRO. “Al principio fue difícil irme de River porque uno ya pasó toda la vida ahí adentro. Después tuve la suerte de estar en un club que peleaba por cosas importantes también. Se armó un gran equipo y un gran grupo. Creo mucho en los grupos. Ese de River del 86 era un gran grupo y el Independiente del 94 también lo era. Había gente con mucha experiencia como Ricardo Gareca, José Tiburcio Serrizuela, y muchos chicos que venían haciendo sus primeros partidos como Diego Cagna – que había llegado de Argentinos Juniors – y Gustavo Lopez. Ahí es donde primero se afianzó como grupo y después se hizo un gran equipo”.

“Al principio me fue difícil, pero encontré todo eso. Por ahí si no me tocaba jugar tanto, pero era uno de los grandes. Tenía posibilidad de hablar con los chicos y marcar el camino para que los chicos vayan creciendo día a día”.

 

LA LIBERTADORES, LA INTERCONTINENTAL O EL LOTO VACANTE. “Todo en su momento fue lindo. Si bien en lo futbolístico la Copa Libertadores, más allá de la Intercontinental, es muy linda, pero la disfruté mucho porque era sacarse la espina de ‘gallina’ porque era un poco eso. Y poder darle a la gente la posibilidad de disfrutar algo que se venía negando en el 66. Eso fue muy lindo”.

“La Intercontinental también era un poco la frutilla del postre. Lo otro venía de un momento difícil. El que era mi representante me había estafado. Entonces, haber vendido un Loto millonario fue una mano en un momento difícil. Siempre todo lo que tenga que ver con algo bueno que pasó es muy lindo recordarlo”.

  • Colaboración de Carolina Ocampo

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