Mario Rizzi: «En San Lorenzo me eduqué, aprendí códigos y una forma de caminar la vida»

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El juninense fue un goleador notable. Surgido en San Lorenzo, tiene el orgullo de haber convertido el último gol en Avenida La Plata. En una charla tan amena como profunda, Mario Rizzi pasó por las Charlas de Vestuario de Abrí la Cancha.

Por Carlos Aira 

 

SUEÑOS DE FUTBOL:  “Mi infancia fue un sueño enorme de fútbol. Tan grande que no me alcanzaba el sueño. Vivía en Junín y escuchaba los partidos a través de los relatos del Gordo Muñoz. Leía la revista El Gráfico. Esa era mi forma de comunicarme con el fútbol de Buenos Aires.  Pero era todo un sueño porque se veía lejano. Todo estaba muy idealizado. Yo juntaba figuritas de Horacio Cordero, que su familia era de Junín. Jugaba en la Selección Argentina y todos los pibes queriamos ser como él. Unos años después le estaba pasando la pelota en un partido. Por eso siempre digo: la realidad me pasó por encima y nunca pude dimensionar ese salto que di en la vida“.

 

Año 1980. Mario Rizzi vistiendo una bellísima camiseta alternativa del Ciclón.

LLEGAR A SAN LORENZO:  “San Lorenzo fue la facultad de mi vida. En esa época, en los pueblos vos estudiabas el secundario y luego te tenías que venir a Buenos Aires a estudiar porque no había universidades en el Interior. Entonces veniamos a Capital, nos quedamos cinco o seis años, nos recibíamos y volvíamos a la casa de los viejos con el título de ingeniero o abogado. Te ponían la chapa en la puerta de la casa de los viejos y era la felicidad de la familia.  Yo vine a Buenos Aires a estudiar, pero también a jugar al fútbol. Llegué a San Lorenzo y aquí me eduqué, aprendí códigos y una forma de vivir en grupo. También tuve la suerte de conocer el mundo, viajar y estar en hoteles. Eso fue San Lorenzo para mí. Me marcó tremendamente para toda mi vida”.

 

 

SAN LORENZO, 1975: “Llegó el debut en Primera.  Un ataque fabuloso: a mi derecha, el Gringo Scotta; a mi izquierda, el Negro Ortiz. Fue algo impresionante. Nosotros, los más pibes, admirábamos a muchos de nuestros compañeros. Sobre todo porque no eran autoritarios. Existían otros códigos entre grandes y pibes. Por ejemplo, en un entrenamiento se iba una pelota lejos y eramos los más chicos quienes teníamos que ir a buscarla. Te mandaban a buscar la pelota, pero no lo hacían con mala intención. Ellos pateaban al arco, le erraban, y tenías que ir a buscarla. Existía mucho respeto hacia el futbolista con trayectoria. Mientras tanto, nosotros esperábamos y aguardábamos nuestro lugar. Era un respeto por los mayores que hoy no existe y me parece muy mal. Era otra época”.

 

La figurita de Mario Rizzi.

ADOLFO PEDERNERA:  “Hoy no hay maestros. Se habla mucho de táctica y resultados, pero no se trabajan fundamentos. No se enseña a jugar al fútbol. Algunos jugadores llegan a Primera sin manejar bien la pelota o tampoco saben cabecear ni manejar los tiempos del juego. Eso se aprende y se puede mejorar, pero para eso se necesitan maestros. Entiendo que es dificil tenerlos en cada club porque los presupuestos son muy bajos. Un club con proyección debería invertir su dinero en buenos entrenadores de inferiores”

Siempre digo que mi maestro fue Adolfo Pedernera. Tengo un honor: el decía que era mi amigo. Tuve una relación entrañable con él. Fue un maestro del fútbol y la vida. Tengo una anécdota muy linda con él. Estabamos entrenando en San Lorenzo un día lluvioso. No le ganábamos a nadie. Llegó Adolfo, ya grande, con la pelota y la pone arriba de la camilla. Todos estabamos alrededor sentados y él, que hablaba medio lunfardo, nos dijo: ´Yo les pido dos cosas: vamos a tratarla bien a ella – la pelota – y la levantó. Porque tiene nombre de mujer y a las mujeres se las trata bien. Vamos a pisarla bien. Si nosotros estamos contentos la pasamos bien entre nosotros y vamos a jugar mejor` Después de esa charla, cuando entrenábamos, nos daban ganas de estar todo el día con la pelota y estuvimos como diez partidos sin perder”.

 

Mario Rizzi en 1980.

RECUERDOS…:”Se me vienen a la mente un montón de recuerdos de Adolfo. Era un hombre que sabía manejar las situaciones. Tenía una relación afectiva con el futbolista sin perder el elemento de autoridad. Cuando más cerca del futbolista estás en lo personal es cuando tenés más autoridad para tomar decisiones y que el futbolista te entienda. Pedernera era un maestro de la inteligencia. Hubo un momento que no ganaba un mango y me habían prometido que me iban a vender. Había hecho 15 o 20 goles, pero en esa época para ganar dinero había que transferir al jugador. El presidente de San Lorenzo me aseguró que a fin de año me vendían. Me vino a buscar Boca porque el Toto Lorenzo siempre me quiso llevar. Se iba a hacer la operación con Boca, pero cuando se entera la hinchada de San Lorenzo rompen todo, amenazaron al secretario del club y finalmente no firmo contrato. Enojado, declaro en El Gráfico que no iba a jugar más en San Lorenzo y me fui a Junín. Estaba muy caliente porque tuve que devolver una plata que Boca me había adelantado. En eso me llama Adolfo Pedernera y me dice:  ´Mario, la semana próxima venga por casa que quiero charlar con usted`. Fuimos a una pizzería cerca de su casa, en San Telmo, y me dice:  ‘escúcheme una cosa, ¿cómo le explica usted a un pibe de Salta o Río Negro, que no querés jugar en la primera de San Lorenzo? El hincha no merece que usted un jugador de San Lorenzo diga que no quiere jugar en San Lorenzo. Vaya y pida perdón´ Era una persona justa, pero dicho por todos. Lo dice Bilardo, Menotti y lo mismo”.

“Terminamos haciendo una gran campaña en el Campeonato Nacional. Adolfo le dijo a los dirigentes:  ‘Quiero que estos chicos cobren 30.000 pesos por partido’. Pero en San Lorenzo no había plata. El viernes va y le dicen ‘Adolfo, no va a poder ser’. Bueno, gracias. Si no nos pagaban los 30.000 esos porque ganábamos poco, él no seguía”. Un maestro. Con todas las letras.

 

18 de noviembre de 1979. 32 minutos del segundo tiempo. Gol de Rizzi a Cipolletti. El último gol en el Viejo Gasómetro.

EL ULTIMO GRITO EN AVENIDA LA PLATA:  “Cuando voy a Junín me quedo en la puerta de la casa de mis viejos. La casa donde mi crié. Ya no los tengo a mis viejos, pero ese fue mi lugar en el mundo. Miro esa casa y me sigo emocionando. Con Avenida La Plata me pasa algo parecido. Soy el autor del último gol en el Gasómetro y es algo que me sigue emocionando“.

Siempre me identifiqué con San Lorenzo. Pasé cosas muy intensas en el club. Me tocó una época muy dificil, con muchas carencias, pero siempre dije que cada vez que salía a la cancha me miraba el escudo del club, porque el escudo de San Lorenzo es el más lindo de la Argentina”.

“En esos tiempos difíciles Año 1980. Nos estábamos jugando la categoría ante All Boys en cancha de Ferro y terminamos empatando. Estábamos en el vestuario y nos dicen: ´Muchachos, hay tres mil personas afuera`. Salimos junto a Tomatito Pena, mi amigo. Todo el mundo nos pedía explicaciones. Cuando abrimos la boca les decimos que nos deben cinco meses de salario. Nos pidieron disculpas. Eran una multitud. No teníamos ni camisetas. Tan así que nos teniamos que coser una todos los partidos porque estaban rotas. La fecha siguiente nos jugábamos el descenso contra Unión. La barra nos pidió tranquilidad. Fueron ellos quienes nos pagaron el hotel – el Bauen – y nos compraron un juego de camisetas. Si, la barra. Fue un partido histórico porque se suspendió el domingo por lluvia y lo jugamos el lunes por la noche. Arrancamos ganando, nos dieron vuelta el partido y terminamos ganando 3 a 2 con tres goles mios. Menos mal, porque nos ibamos al descenso. Luego me enteré que esa noche murieron dos hinchas infartados en la platea”.

“De esa noche hay una historia insuperable. Una historia que pinta de cuerpo entero la pasión, la locura y el amor de los hinchas. Pasó el tiempo y entro a comprar una heladera a un bazar por Constitución. Cuando entro, viene un hombre desaforado a verme. Me dice: – ¿Vos sos Mario Rizzi, no? Cuando le digo que sí, me da un abrazo interminable y me dice: “Mario, tenés que venir a ver algo“. Cuando llego a su oficina había una gigantografía que era toda una pared donde estoy con Walter Perazzo y el Perro Torres, llenos de barro, en el alambre de la cancha de Huracán gritando el tercer gol de la noche de Unión. El dueño me dice:  – “Ese fue el instante más feliz de mi vida.  Porque cuando vos metes el tercer gol yo estaba con mi papá.  Fue tanta su emoción que se paró y me dio el único abrazo que me dio en mi vida. Mi papá era un tipo muy duro que nunca me pudo abrazar. Y me abrazó solamente en esa situación. Entro todos los días, miro esta foto y en ese instante fue el más feliz de mi vida cuando mi papá me abrazó”.

 

18 de diciembre de 1983. El llanto de Mario Rizzi.

RACING, UN GRANDE: “El hincha de Racing es el más solidario y aguantador del mundo. A diferencia de los hinchas de San Lorenzo, que te esperan y es muy difícil ganártelos, los de Racing te aplauden y adoptan casi al instante. A mi me tocó una época muy compleja del club, pero Racing es así. Tenías un buen partido y cuatro mal, pero la gente te apoyaba. Dos equipos grandes y gloriosos, con tanta historia, pero con hinchadas muy distintas”.

“En 1983 nos tocó descender porque inventaron los promedios. Nosotros no salimos últimos y por eso siempre me quedó tanto dolor. De aquel partido ante Racing de Córdoba en el cual descendimos siempre recuerdo la misma imagen. Llego al vestuario y estaba el presidente Enrique Taddeo. Todos estábamos llorando. Se acerca un muchacho de la hinchada y le dice a Taddeo: `Te pido por favor, explicame, ¿Que le digo a mi hijo?´ ¡Qué bárbaro! Yo lo miraba y seguía llorando”.

 

1986. El último paso de Mario Rizzi por el fútbol. Fue en Sarmiento, de su Junín natal.

LA IDENTIFICACIÓN: “Los futbolístas de mi generación se identificaban mucho con sus equipos porque convivíamos con los clubes. Aprendíamos a quererlos, nos identificábamos y eso hacía que las sensaciones fueran más fuertes. El fútbol se vivía de otra manera y no todo era dinero. Ahora, los pibes meten cuatro goles y están pensando en ser transferidos. El 90% de los jugadores está pensando en la plata. Lo lamento por ellos, porque la sensación de identidad que genera un club hay que saber valorarla“.

Cuando un jugador mete un gol tiene que festejarlo con la hinchada. Nosotros nos ibamos al alambrado a gritar porque nos mezclábamos con los hinchas. Ahora, la mayoría besa el anillo o saluda a la familia, su novia o mujer, que tal vez ni esté mirando el partido. Se pierden una sensación increíble. Miles de personas que te quieren abrazar. Esos diez segundos no tienen comparación con nada en la vida“.

 

¿JUGARIAS HOY?: “Jugarían todos los futbolistas de mi generación. No sé si los muchachos de hoy podrían jugar en mis tiempos. Estaríamos mucho más rápidos y no nos lesionariamos tanto porque cambió la alimentación. Nosotros comiamos bife de chorizo antes de los partidos y hace años se comprobó que esa carne tarda siete horas en digerirse. Era todo al revés. También cambió la medicina y la parte atlética. Teníamos otros entrenamientos. Los martes hacíamos quince kilómetros a fondo.Todo eso fue evolucionando para bien. Es un fútbol más físico, donde el físico es muy importante, cada vez más masa y se renuncia a la técnica”.

 

(*) Periodista. Conductor de Abrí la Cancha.

Desgrabación realizada por Carolina Ocampo.

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