Gimnasia 0-1 Estudiantes: El Clásico del Siglo 21

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Por Alexis Guegnolle (*)

 

No era un clásico más. Era un partido que iba a quedar registrado en los libros de historia. Una historia que parece repetirse a pesar de los contextos y las particularidades. Estudiantes volvió a dejarle una herida indeleble al Lobo: sacó la chapa de su paternidad, le tiró toda la historia encima y le ganó 1-0 para eliminarlo y sacar boleto para la gran final en Santiago del Estero, contra Racing.
No era un clásico más. Era un partido de esos que marcan, antes de disputarse, un antes y un después. Como aquel 7-0 del 2006 que culminó, encima, con la vuelta olímpica en Liniers ante Boca. Aquel 7-0 que modificó para siempre una paternidad que era muy pareja. Pero nadie sabía que ese clásico sería una bisagra. Este sí lo era de antemano. Y Gimnasia, en el bosque y con su gente colmando el Zerrillo, dejó pasar una chance irrepetible para comenzar a torcer la historia del clásico.
En un partido de trámite parejo que no tuvo un dominante claro, Estudiantes supo jugar con más aplomo y tranquilidad. Es cierto que tiene mayor jerarquía. Que institucionalmente está mucho mejor que el lobo. Pero dentro del verde césped una vez que la pelota comienza a rodar, sabemos, todo eso queda de lado.
Luego de un primer tiempo parejo y disputado, el pincha convirtió el gol del triunfo justo
cuando Gimnasia, sin claridad ni juego asociado, comenzaba a empujar a fuerza de centros. Ascacibar, alma del equipo, trasladó la pelota en mitad de cancha hacia la izquierda; Arzamendia (que al igual que Román Gómez, jugó un sobrio partido) buscó a Cetré con una pelota en profundidad; el colombiano (la figura en ataque del pincha) aceleró para disputar la pelota con Renzo Giampaoli… el juvenil falló en el cálculo y, tirándose al piso, le pifió a la pelota. Rapidísimo, Cetré aceleró y evito que la pelota saliera con un control y, de zurda, metió un centro rasante al área chica: Thiago Palacios entró como 9 y la empujó. Silencio sepulcral.
Iban 18’ del ST y si bien Gimnasia los últimos minutos intentó llevarse puesto a Estudiantes con centros y pelotazos al área, se encontró con una muralla rojiblanca compuesta por Muslera, Santiago Núñez y González Piriz. Los tres fueron fundamentales y prácticamente no tuvieron errores.
No fue un clásico más. Estudiantes reafirmó su paternidad en una semifinal histórica: desde 1943 no está abajo en el historial y acrecentó a 18 la diferencia de partidos ganados. Pasó el clásico 191 y ahora son 69 victorias pinchas, contra 51 triperas y 71 empates.
Eduardo Domínguez y sus dirigidos van por su sexta final en menos de 3 años. Y procurarán la cuarta estrella del ciclo: Copa Argentina 2023; Copa de la Liga y Trofeo de Campeones 2024. Llega totalmente envalentonado después de entrar por la ventana a los play-off, ya que acumula tres victorias consecutivas, por 1-0, como visitante: Rosario Central, Central Córdoba de Santiago del Estero y Gimnasia. Con agallas, coraje, jerarquía y temperamento, el pincha de Eduardo Domínguez va por más gloria. De eso sabe y mucho.

 

(*) Periodista. Cubre a Estudiantes de La Plata en Abrí la Cancha.

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