Politicas deportivas: Hora cero

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Nuevas perspectivas para del deporte argentino. Hacia la (re)construcción de un paradigma.

Por Osvaldo Jara (*)

 

La perfornance de la delegación argentina en los Juegos Olímpicos dejó un saldo negativo. El balance de la competencia no fue el esperado. La medalla plateada de Las Leonas, además de las bronceadas en vóley y en Rugby Seven, no alcanzaron para acallar las críticas.

El periodismo liberal y/o progresista suele observar el rendimiento en el alto nivel para evaluar una política deportiva. Por esta razón este concepto termina en una consigna trillada, viciada en el contenido y funcional a los objetivos de la cultura podio.  La idea de mensurar el éxito o fracaso de una gestión deportiva resulta el principio de la argucia con que opera esta mirada.

A este paradigma se le opone el conformado por el peronismo. Sobre una comunidad deportiva establecida se consolida un proyecto expansivo, alcanzable a todos los sectores. Se trata de un proceso transformador y participativo.

Para no incurrir en errores es necesario definir qué es una política deportiva. Resulta imprescindible para establecer parámetros y no confundir los objetivos que debemos trazar. De no hacerlo se corre el riesgo de instalar modelos de manera acrítica y sin fundamentos.

Para ampliar la lente debemos entender que la alta competencia no es el valor √ļnico para analizar un proceso pol√≠tico/deportivo. El punto de discusi√≥n no puede partir de un resultado en una competencia ol√≠mpica, aunque no quiere decir que deba ser obviada.

La raíz de la cuestión es evadir la matriz liberal con que se asienta la estructura ideológica e instrumental del deporte. Resulta imperativo desmadejar esta trama para sortear la trampa que garantiza su funcionamiento.

Es momento de cuestionarse modos, prácticas y recorridos que establecieron un statu quo. Sólo de esa manera se puede tratocar la pasividad con que funcionarios y dirigentes proceden ante el avasallamiento de la sinergia corporativa.

Una política deportiva es el proyecto que tiene un Estado con respecto al deporte, la actividad física y la recreación. Este tipo de intervención se encuentra relacionada con las organizaciones deportivas y su objetivo es el ensanchamiento de las bases en todos los sectores sociales y etarios. A partir de esta definición podemos plantear directrices para un nuevo horizonte.

En toda política deportiva se debe incluir a la educación física que se dicta en el área educativa. Su desarrollo y fundamentos provienen de distintas vertientes, de ahí la importancia y riqueza de la misma. A los fines de destacar su relevancia resulta pertinente un abordaje por separado.

 

PREMISAS PARA LA NUEVA HORA

Muchas veces se plante√≥ la necesidad de aplicar las leyes del deporte. Nuestro pa√≠s fue se√Īero en este sentido, conformando un l√ļcido y profuso trabajo en materia de derechos. La Ley 20.655 es la m√°s importante, contemplando los principales postulados de la cultura peronista del deporte. Dicha legislaci√≥n no fue tenida en cuenta hasta su reglamentaci√≥n en 1989. Si bien se la aplic√≥ durante breve lapso result√≥ muy trascendente para evidenciar su importancia.¬† Esta ley fue actualizada en 2015.

El momento requiere de una organización que emerja de las bases, de las células que traccionan al deporte argentino.  Esto no significa la conformación de una estructura paralela al Estado, sino todo lo contrario. El acople de la política estatal encuentra sentido en la confluencia con las fuerzas colectivas populares.

La comunidad deportiva se debe reordenar a partir de una participación colectiva, canalizada de manera institucional. Se lo hace estableciendo una democracia desde abajo hacia arriba, y no al revés. Esto significa revertir la forma de conducción, donde se propicie la habilitación de espacios para la toma de decisión conjunta.

Esta premisa resulta trascendental para reconstruir el escenario y para ello se necesita de las herramientas ya dise√Īadas en la mencionada ley. Una de ellas son los Consejos Municipales del Deporte y la Actividad F√≠sica. Se trata de una instancia que origina el primer paso en el ensamble de una pol√≠tica p√ļblica. Es un ente aut√°rquico y descentralizado conformado por un directorio integrado por tres representantes de organismos municipales y tres representantes de asociaciones civiles deportivas insertas en cada distrito. Estos consejos tienen la atribuci√≥n de intervenir en la planificaci√≥n y articulaci√≥n de pol√≠ticas deportivas municipales, lo que implica el compromiso de clubes barriales, asociaciones y federaciones.

El desarrollo de estos entes se ampl√≠a de modo conc√©ntrico hacia los Consejos Regionales, integrados por todas las provincias del pa√≠s, dividido en las ocho regiones. Estos tienen las mismas caracter√≠sticas que el anterior, contempla las necesidades de cada lugar y lleva las inquietudes al Consejo Nacional del Deporte y la Actividad F√≠sica. Es precisamente este √ļltimo el que garantiza la participaci√≥n democr√°tica, participativa y federal. Su rol es funcionar como el parlamento del deporte, en donde se decide sobre las principales problem√°ticas en este √°mbito.

 

El papel de las organizaciones deportivas

Las organizaciones libres del pueblo resultan fundamentales para el desarrollo de la actividad deportiva, f√≠sica y recreativa. Estas instituciones garantizan la formaci√≥n de atletas y dirigentes . Los clubes de barrio y de pueblo de todo el pa√≠s tienen un rol crucial en la constituci√≥n del tejido deportivo y social. En los √ļltimos a√Īos lograron aglutinarse en defensa de sus inquietudes e intereses. En 2014 se logr√≥ la sanci√≥n de la Ley de Clubes de Barrio y de Pueblo (27.098) gracias a la militancia de sus dirigentes.

La falta de reglamentaci√≥n impidi√≥ el cumplimiento efectivo de esta normativa. La tarifa social fue un derecho conculcado; durante el macrismo estas instituciones sufrieron virulentos aumentos en las tarifas de los servicios de luz, agua y gas. Esta situaci√≥n los puso al borde del colapso, generando deudas impagables y con amenaza de corte. La reglamentaci√≥n contin√ļa siendo una deuda pendiente y preocupante. Su puesta en pr√°ctica es una¬† promesa de esta gesti√≥n y una necesidad que no admite demoras.

Los problemas de documentaci√≥n que tiene gran cantidad de clubes de todo el pa√≠s requiere de una inmediata resoluci√≥n. Se necesita de una pol√≠tica p√ļblica basada en la teritorialidad, trabajando en conjunto con las entidades y asociaciones deportivas que no est√°n administrativamente en regla.

En las periferias existen espacios donde se practican actividades deportivas y recreativas que  congregan a las franjas menos favorecidas. Son sociedades de fomentos, asociaciones civiles, incipientes clubes, todas con muchas necesidades. Sobre la base de éstas se deben conformar clubes con el apoyo de la estructura estatal. En esta línea, la participación de los movimientos sociales son imprescindibles para el desarrollar este trabajo en miles de barrios y pueblos de toda la geografía nacional.

Estas instituciones, consideradas de primer grado, son el n√ļcleo transformador del circuito deportivo. Por ello es necesario asegurar la inclusi√≥n de la mayor parte de la comunidad, para el desarrollo integral de todos los sectores sociales. En este marco, es necesario el cumplimiento de la Asignaci√≥n Universal por Hijo en el Deporte, iniciativa que lograr√° que m√°s de dos millones y medio de ni√Īos y adolescentes vayan a los clubes y polideportivos a practicar actividades. Este derecho es un cuenta pendiente, a pesar de estar institucionalizada a trav√©s de una legislaci√≥n.

Circuito federado

Este paradigma tiene que producir fuerzas sin√©rgicas, que valore el proyecto desde la base hasta la alta competencia. Esta √ļltima √°rea es la m√°s visible, aunque no m√°s importante que las restantes. En este sentido, se debe evaluar el funcionamiento de la estructura. M√°s all√° del rendimiento en la √ļltima competencia ol√≠mpica resulta pertinente revisar algunas instancias que hacen al alto nivel.

El órgano de aplicación de la Ley del Deporte es un directorio integrado por representantes orgánicos de todos los sectores, entre ellos la Confederación Argentina de Deportes (CAD). Su funcionamiento efectivo le daría al circuito federado un valor de peso, a través de la expresión de las asociaciones, federaciones y confederaciones nacionales y provinciales.

El Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD) debe replantear su modelo. Para ello es necesario romper el esquema binario (Secretaría de Deportes de la Nación /Comité Olímpico Argentino) y democratizar su gobernanza con otros representantes, tanto del circuito federado como del comunitario. De esta manera se evita la cooptación de deportistas y dirigentes bajo el influyo de corporaciones. Por otro lado, su fuente de recaudación debe provenir de los privados. Se debe restablecer un mecanismo similar al impuesto del 1 % a la telefonía celular que financiaba al ente y que fue borrado de un plumazo por el gobierno de Cambiemos.

Otro aspecto importante es el mantenimiento y ampliaci√≥n de los predios deportivos. Durante estos a√Īos se discuti√≥ sobre la necesidad de construir centros de mediano y alto rendimiento en todo el pa√≠s. El criterio para realizarlo se debe dar en el marco de los consejos regionales y el Consejo Nacional del Deporte y la Actividad F√≠sica, entes facultados para aprobar, sugerir y confeccionar planes y proyectos.

Continuando con esta l√≠nea resulta fundamental la defensa de los predios deportivos extistentes. Para ello se debe garantizar legalmente la inviolabilidad de estas instalaciones, sujetas a la voracidad inmobiliaria, como es el caso del Cenard y espacios aleda√Īos. Hasta el momento, la precariedad legal con que cuentan hace peligrar una continuidad futura. La comunidad deportiva organizada debe obligar a la dirigencia pol√≠tica, interesada, c√≥mplice o pasiva, seg√ļn el caso, a terminar con la incertidumbre. De lo que se haga en este tiempo depende la suerte del patrimonio del deporte nacional.

Los resultados en los √ļltimos Juegos Ol√≠mpicos nos da la posibilidad de debatir sobre la construcci√≥n de un nuevo proyecto deportivo. El reordenamiento de la comunidad deportiva requiere de una organizaci√≥n que emerja de las bases, garantizando una participaci√≥n colectiva e institucional.

Una pol√≠tica p√ļblica se debe montar sobre esta nueva estructura, una planificaci√≥n que apunte a masificar la actividad. Dicha pol√≠tica debe realizarse bajo la conducci√≥n conjunta entre el Estado y las fuerzas colectivas del deporte. S√≥lo de esa manera se caminar√° hacia un nuevo horizonte.

 

(*) Periodista y Escritor. Miembro del Movimiento Social del Deporte

Autor de Periodista y Deporte (I y II). Cultura Deportiva Argentina, entre otros textos.

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