Hugo Lamadrid: «Cuando se habla del jugador de fútbol como un colectivo se comete una injusticia»

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Hugo Humberto Lamadrid, el Renacido, en las Charlas de Vestuario de Abrí la Cancha. El futbolista de hoy y de ayer. El vestuario. El Racing de la Supercopa 1988.  Como bonus track: dos historias increíbles. Una en Yugoslavia – para emocionarse – y otra en México, para reírse largo y tendido.

Por Carlos Aira (*)

 

El Renacido. El libro de Hugo Lamadrid.

¿COMO ES ESO DE RENACER?:  «No es fácil. Si lo tengo que sintetizar con un mensaje propositivo es que siempre se puede. Nos podemos reconvertir en la vida pero no sé si siempre se puede. Es muy difícil para aquellos que fuimos futbolistas, sobre todo para aquellos que fuimos pataduras, quienes no fuimos grandes estrellas. No somos los jugadores de River o Boca que andan en Audi. Somos quienes jugamos en una época donde el dinero lejos está al de hoy. Cuando se habla del jugador de fútbol como un colectivo se comete una injusticia. Yo lo grafico así: cuando hablas de un jugador de Boca, ese jugador tiene determinados ingresos a través del cual puede solucionar determinados problemas. Pero el 4 de Desamparados de San Juan no está dentro del mismo colectivo a pesar de ser futbolista. Porque ante un mismo problema, el 4 de Desamparados no va a tener las mismas herramientas que el jugador de Boca»

 

 

DARSE CUENTA: «Cuando dejé de jugar me di cuenta que no tenía obra social. Los pibes se te enferman y a las tres de la mañana tienen fiebre. Cuando jugás al fútbol tu esposa no te despierta porque tenés que descansar. Dormís la siesta. Cuando una madrugada me encuentro llevando de urgencia a mi hijo con otitis al hospital de Wilde, dije: ¡La puta que lo parió! Por eso digo, el colectivo jugador de fútbol es profundamente heterogéneo. Creo que hay distintos colectivos de futbolistas. Cuando estuve en Douglas Haig estuve meses sin cobrar. Era imposible vivir. Así y todo, quienes teníamos un canutito guaradado bancábamos a los compañeros. Yo pagué la ecografía de la mujer de un compañero. Era tan difícil la situación que para cobrar teníamos que ir a la Municipalidad y gestionar algo para una rifa. En esos días, mi hijo Axel tenía 3 años. Una tarde salió a andar en triciclo junto a mi mujer. El quiso un chocolatín y mi mujer se dio cuenta que no tenía plata para comprarlo. Por eso no todos los futbolistas son iguales. Las carreras son distintas. No soy resentido, porque me pone contento que el futbolista gane mucho dinero y sepa que hacer cuando elige retirarse. Porque hay algo que nadie piensa: nosotros nos retiramos a la edad que comienzan otras carreras. A los 35 años fuimos jubilados».

 

CHARLAS DE VESTUARIO: «En mí época, mis vestuarios siempre fueron enquilombados por la falta de guita. En aquel momento nos cambiábamos en bancos de madera donde nos cambiábamos cuatro. Un ganchito con un tornillo roto servía de perchero. Pero el vestuario era un lugar muy especial. No eramos amateurs, pero conservábamos un rasgo de amateurismo. Un dia, Cayetano Rodríguez nos dijo: ustedes se cambian al lado del compañero. Piel con piel. Ustedes ahí se dan cuenta si su compañero tiene miedo o si está bien. Yo no extraño el fútbol, extraño el vestuario. No extraño el grito de la gente. Yo extraño cosas que en mi epoca de jugador no me gustaban: los viajes y la concentración. Eran las cosas que me ayudaban a convivir con un otro que era igual a vos».

 

Hugo Lamadrid en 1988. En aquellos días en los cuales se sentía Superman. Una lesión y una decisión cambiarían su vida.

EL NEGOCIO SUPERPROFESIONAL Vs. EL CARIÑO DE LA GENTE: «Hoy el fútbol es un negocio superprofesionalizado donde manda el mercado. Por eso el futbolista de elite tiene muy poco contacto con la gente. En mi época de Racing era completamente distinto. Les doy un ejemplo: los sábados practicábamos pelota parada y tenis-fútbol y el club abría las puertas a los hinchas. Cuando terminaba la práctica, esos mismos hinchas nos esperaban en el playón y sucedían cosas hermosas: todos nos conocíamos por nuestros nombres y nos invitaban a cumpleaños o casamientos. El jugador actual no sabe lo que se pierde. Vivimos en otro mundo, con una dinámica volátil, pero al día de hoy me encuentro con hinchas que me vieron jugar cuando ellos tenían 8 o 10 años y cuando me hablan dejan de tener 45 años y vuelven a tener esos 10 años. Mueven las manitos emocionados haciendo una revisión de sus recuerdos y me hago cargo de esa emotividad que genero porque me parece algo hermoso«.

 

2 de noviembre de 1985. Racing 1 – 2 San Miguel. WirsAsteggiano, Costas, Carrizo, Sicher y Caldeiro. Abajo: Orte, González, Walter Fernández, Attadía y Lamadrid.

 

EL RACING DE LA SUPERCOPA: «La Supercopa 1988 quedó en el recuerdo de todos los hinchas de Racing, pero ese equipo forjó su carácter en 1985, en el ascenso, y cuando fuimos alquilados a Argentino de Mendoza en 1986. La presión fue tremenda. Cuando fuimos a Mendoza nos gritaban cualquier cosa y los hinchas nos apagaban los puchos del otro lado del alambrado. Pero aquel Racing de 1988 dejó una huella. Hoy, en la platea de Racing, me pongo a hablar con la gente grande y le pregunto como era ver el partido en aquellos días. La gente se emociona y me dice: `Flaco, no sabés que alegre íbamos a la cancha´. Es una injusticia que ese equipo no se haya consagrado campeón.

 

JUAN D`STEFANO: «Yo tuve mis problemas con Juan y fui, en cierto modo, reponsable de los mismos. Pero no le reprocho eso a D´Stéfano y sí que haya liquidado un equipo que tenía destino de campeón. Era un plantel para hacer un par de buenas incorporaciones y mantenerlo. Pero la realidad fue que D`Stéfano, presidente de Racing en aquellos días, se terminó peleando con todos nosotros. Mi hipótesis es que no se aguantó que el plantel fuese más importante que él y que la gente estuviera de nuestro lado en los quilombos y reclamos. Tan así que en 1989, ya no estaba Rubén Paz y vino Edgardo Lafata, con todo el respeto del mundo. Tampoco estaba el Coco Basile y llegó el Negro Marchetta. La desintegración de ese plantel fue un error histórico de Juan. Una oportunidad única que perdió Racing porque era el momento para comenzar a disfrutar».

 

EL PATO FILLOL:  «Si tengo que sintetizar en alguien el compañerismo me quedó con el Pato Fillol. De él aprendí como moverme en el vestuario. Que hablar y que no hablar. Un tipo duro del cual aprendí un montón de cosas. Por ejemplo, hablar dentro de la cancha. Cuando el negro Ludueña no jugaba y me tocaba a mí, detrás mío jugaban Gustavo Costas y Néstor Fabbri. Ninguno tenía la característica de ordenar. Eso lo hacía el Pato desde el arco. Aparte, Fillol era buen compañero y lideraba todos los reclamos institucionales».

 

DEBUT CON LA 16: «Mi debut en Primera fue el sábado 28 de septiembre de 1985, ante Deportivo Italiano en cancha de Huracán. No recuerdo el equipo de memoria, pero estuvo Miguel Ángel Wirtz en el arco, que me dio el pase gol. El lateral derecho estuvo Washington González, Gustavo Costas, el Negro Longo y el Tano Sicher. En el medio, estaba Horacio Cordero, Horacio Attadía, Miguel Colombatti; arriba, el Pampa Orte, el Cholo Pavón y Walter Fernández. Yo entro por Pavón promediando el segundo tiempo con el número 16. Mi historia es especial. Yo venía jugando de volante central o último hombre. Semanas antes del partido ante Italiano, en Reserva, Cachito Giménez me hizo jugar de delantero en lugar de Medina Bello porque el Mencho estaba haciendo la colimba. De casualidad, esa tarde hice dos goles y Cayetano, técnico de la Primera, vio el partido. Entrené con Primera toda la semana y el jueves, Cayetano me pidió que me cuide porque el sábado iría al banco de Primera. Pensé que iría como volante central, pero cuando llegó al vestuario me esperó la camiseta 16. Esa tarde entré por el Cholo Pavón y toqué tres pelotas: una fue por encima del travesaño, otra la atajó Alejandro Lanari y la tercera fue gol. El fútbol es un trencito rebelde que no para en todas las estaciones y aproveché la oportunidad de jugar en Primera aunque no fuera en mi posición«.

 

LA CURIOSA EXPERIENCIA EN CHILE: «Como te dije, existía un amateurismo hoy inexistente. Año 1991. Había quedado libre de Racing y estaba tomando vino una noche en casa de un representante. Justo en ese momento lo llama el representante de Walter Fernández, muy amigo mío. Pone el altavoz en el teléfono fijo y este amigo le ofrece mi pase a la Universidad de Chile. Al día siguiente, este hombre me dice que camina mi pase a Chile. Hasta ahí todo bien. A la semana estamos viajando a Santiago. A 15 minutos de aterrizar, este empresario me dice: ´Flaco, mirá que no venís a jugar de volante central. Venís como enganche con gol. El 5 de la U de Chile es ídolo y no podemos sacarle su lugar. Vos decile a la prensa que venis a saludar a Walter Fernández y nada más´. Creeme que en ese momento tuve sentimientos homicidas.  Cuando llegué al aeropuerto había muchos periodistas esperándome a quienes les negué que venía a jugar a la U de Chile. Fue un paso amnésico porque estuve tan sólo 114 minutos en cancha».

 

La tarde del debut ante Deportivo Italiano. Año 1985.

 

UNA IMAGEN DIFERENTE: «A los 12 años compré mi primer disco de los Stones. Había que ir a un lugar llamado disquería. Mi preferida era una en Lanús llamada Odas. Cuando cobraba me iba a comprar mis vinilos. Había que enterarse que había salido el disco. Pedirlo al disquero y luego la ceremonia que hoy parece increíble: sacar el celofán, mirar el arte de tapa, la información, las letras. Igualmente, nunca puse la música en el vestuario. Se escuchaba la música del utilero con su radio, que habitualmente eran tangos. No tenía muchos compinches en esto de la música en los vestuarios.

 

MI AMIGO WALTER FERNANDEZ: «El tipo cree que canta bien. Insiste con la música… Yo pase la peor etapa porque viviamos juntos en Chile y fue el momento que comenzó con la música. Pero con él pase la historia más increíble que recuerde. En 1990, Walter jugaba en el Cruz Azul de México y lo fui a visitar. Del DF nos fuimos de vacaciones a Acapulco. Caravana de bares todas las noches. Walter se hizo amigote de un muchacho que tenía un restaurante de cuatro pisos. Un mediodía cumplía años este muchacho. Para que… Una mesa de veinte personas, entre ellos un ciego que contaba chistes. Plantan botellas de ron y tequila. Al ciego le servían el vaso y se lo corrían. El tipo tiraba las botellas y todo el mundo se reía. El almuerzo terminó a las cinco de la tarde y ya me daba miedito. Luego fuimos al boliche de otro amigo de Walter que es donde comenzó a cantar. La primera canción fue Todo a Pulmón de Alejandro Lerner. Yo vi esa noche al dueño del bar colgado de los pies. La fiesta terminó con un desayuno pasando pasodobles al mango. El tipo nos pedía que le tiremos la pelota y el tipo tiraba chilenas en un piso de mármol. Con Walter nos terminamos yendo y nunca más pasé algo parecido en mi vida».

 

LA ACTUALIDAD DE RACING: «En esta carrera de los grandes, Racing, Independiente y San Lorenzo pelean por el tercer lugar. Lo que queda en claro es que esta dirigencia sabe muy poco de fútbol y manejo de fútbol profesional. El ejemplo más evidente fue la salida de Diego Milito, cuando Víctor Blanco priorizó la continuidad de Adrián Fernández. Los resultados luego están a la vista. En este fútbol argentino donde los equipos se van armando y las fichas se van acomodando, veo dificil que Racing arme un buen equipo. Imagino que Fernando Gago debe armar un equipo como jugaba él. Si vos traes a Cardona, necesitás que sea un gran profesional, porque esos tres millones de dólares son tres presupuestos anuales de infraestructura. Racing también necesita alguien que meta las que genera Cardona. Pero quiero marcar que esta dirigencia, cuando el público volvió a la cancha, puteó a la Comisión Directiva. Una Comisión que nunca fue puteada. Por eso señalo que quedaron en evidencia el déficit deportivo y comunicacional del club. Pero ojalá que las fechas se acomoden en este Tetris complejo que es nuestro fútbol».

 

(*) Periodista. Conductor de Abrí la Cancha (Lunes a viernes, de 13 a 13:30 y 20 a 21hs. Domingos, de 23 a 00hs)

 

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