Murió el Roña Castro, mito del boxeo argentino

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A los 59 años, falleció el célebre ex campeón mundial mediano. De la histórica hazaña «a lo Rocky» ante John David Jackson en Monterrey al cariño popular que conquistó dentro y fuera del ring, el recuerdo de un peleador inolvidable.

Por Carlos Aira

 

En la tórrida noche de Monterrey, su gancho de izquierda estrellándose en la humanidad de John David Jackson quedó grabado como una de las imágenes más icónicas del boxeo argentino. Su rostro desfigurado era atravesado por una sonrisa: se había consumado la hazaña. El Roña Castro ganaba a lo Rocky Balboa, bañado en sangre, como Víctor Emilio Galíndez aquella mítica noche del 22 de mayo de 1976 ante Richie Kates en Sudáfrica. Como un guiño del destino, el árbitro de ambos combates fue el célebre Stanley Christodoulou.
Se nos fue Jorge Fernando Castro. El Roña. Locomotora. El patagónico de pelos ensortijados y coraje indómito. El formidable pegador que revitalizó al boxeo argentino cuando Tito Lectoure decidió cerrar las puertas del Luna Park en 1987.
Profesional desde aquel mismo año, desde su llegada a Buenos Aires en febrero de 1988 se transformó en un espectáculo en sí mismo. Era un welter junior que congregaba multitudes en la FAB para ver esa mezcla única de Galíndez y Gatica. Tenía una estampa similar a la de la Pantera de Morón: piernas finas y una caja torácica descomunal. También era fanfarrón y bocón como el tigre puntano. El público desbordaba las tribunas; ¡hasta Omar Sharif, el inolvidable protagonista de Dr. Zhivago, fue a verlo a Castro Barros 75 en 1988!
«Che, ¿vos sos el fotógrafo de El Gráfico? Bueno, te lo voy a noquear en ese rincón. Sacá una buena foto», le dijo a Humberto Speranza, fotógrafo de la popular revista en aquel 1988. Dicho y hecho: Ramón Alegre cayó desplomado exactamente en el rincón donde se encontraba Speranza.
Le tocó perder el invicto ante ese notable boxeador que fue Lorenzo García y también cayó ante el salteño Héctor Vilte. Poco adepto al gimnasio, la prensa lo inmortalizó con dos apodos: Locomotora y el Roña. El primero, más sutil, estaba aparejado con su estilo arrollador. Lo de Roña —por camorrero y no por sucio— respondía a todo lo que mostraba hacia afuera: hablaba antes, durante y después de las peleas.
Llegó la primera gran prueba. Sin Tito Lectoure, las puertas del Luna Park se reabrieron en diciembre de 1989 para el combate entre el Roña Castro y el Puma Arroyo. Antes de la pelea, Castro llamó a la mujer de Arroyo y le preguntó si ya era su viuda. En ese clima espeso se desarrolló el combate. Como en las épocas de oro de Gatica, un Luna repleto se dividió entre los que querían verlo ganar o perder. Para colmo, el Roña subió al ring con la camiseta de Boca Juniors. Luego de nueve rounds intensos, Jorge Castro ganó por nocaut, recibió una ovación enorme y el saludo del presidente Carlos Menem, sentado en el ringside.
El Roña Castro. El que no aflojaba con los fierros. El que se pegó mil palos cubriendo esos 1.800 kilómetros entre Caleta Olivia y Capital Federal. El Puma Rivero le consiguió su chance mundialista en superwelter ante Terry Norris en diciembre de 1991. En la noche parisina, la diferencia de velocidad fue un abismo ante un boxeador que meses atrás había noqueado a una leyenda como Sugar Ray Leonard.
En 1992 cayó ante Roy Jones Jr. en las tarjetas. Rivero cambió la estrategia para su boxeador: a diferencia de Coggi y el Zurdo Vázquez, campeones mundiales de su escudería, Castro no salió del país, sino que rearmó su carrera combatiendo en la Argentina. La convertibilidad de aquellos días permitió traer rivales de la talla de Reggie Johnson y John David Jackson a Obras Sanitarias. Llegó la hora señalada: 12 de agosto de 1994, en el Club Defensores de Villa Luján, Tucumán. Por el título mundial vacante mediano de la AMB combatían Jorge Castro y Reggie Johnson. Luego de 12 rounds feroces, llegó la victoria en fallo dividido y el título mundial para Locomotora.
Luego de defender el título en Caleta Olivia ante Alex Ramos, llegó la pelea memorable ante John David Jackson en Monterrey, el 10 de diciembre de 1994. En una gran cartelera que tenía como protagonistas a Julio César Chávez y Félix Trinidad, el Roña Castro protagonizó una de las batallas más dramáticas en la historia del boxeo mundial. Noveno asalto. El Roña iba perdiendo claramente en las tarjetas de los jueces, con un ojo cerrado y el otro a media asta; sangrando y recibiendo combinación tras combinación contra las cuerdas. A punto de ser noqueado, Castro se hizo el groggy. Jackson bajó la guardia y fue ahí donde el Roña le conectó un histórico gancho de izquierda al mentón. Jackson cayó, se levantó, pero terminó rematado y noqueado. La heroicidad de Jorge Fernando Castro lo hizo inmortal.
Defendió cuatro veces el cetro mundial que alguna vez fue de Carlos Monzón hasta perderlo, en diciembre de 1995, en Tokio ante el japonés Shinji Takehara. Fue aumentando de peso y se coronó campeón Supermediano Fedelatin, además de regalarnos dos combates épicos contra una leyenda como Roberto «Mano de Piedra» Durán. Sobre el final de su carrera, peleó tres veces por el título mundial Crucero sin éxito. Se retiró en 2007, con 20 años dentro del boxeo profesional, ostentando el título argentino semipesado y dejando una foja deportiva de 144 combates, con 130 victorias (90 KO), 11 derrotas y 3 empates.
El mismo se calificó como un superdotado. Tal vez, algo de ello existió en la figura del Roña. En un deporte tan exigente y metódico como el boxeo lo suyo nunca fue ni el gimnasio ni las concentraciones. Así y todo, construyó una carrera notable. Y lo más importante: quedó en el corazón del pueblo argentino.
Nunca pasó desapercibido, ya fuera arriba de un ring o en un reality show. En sus últimos años mostró una faceta volcada a la asistencia social en su barrio. Hace meses tuvo un picante contrapunto con Maravilla Martínez, lo que en Abrí la Cancha nos hizo preguntarnos: ¿Quién hubiera ganado un combate entre ellos en su apogeo? Por coraje, mentón y pegada, nos volcamos sin dudarlo por el Roña. La diabetes fue impiadosa y el Roña se nos fue hacia el otro lado de las cosas a los 59 años, intensamente vividos, dejando marcada a fuego la leyenda indomable del boxeo argentino.
(*) Periodista / Conductor de Abrí la Cancha.

 

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