En el Día del Maestro, Alberto Márcico evoca a Carlos Griguol

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Por José Luis Ponsico (*)

Hace una semana, Carlos Timoteo Griguol cumplió 80 años de edad. En medio de la celebración, uno de sus discípulos, Alberto José Márcico, se refirió al maestro: «No conocí a nadie igual en el fútbol», dijo el Beto.

«Timoteo en Ferro era Dios. Cuando me puso en primera hace 35 años, me sentía un pibe privilegiado. Era un virtual padre de todos. Los titulares y los chicos. Estaba en todos los detalles. Desde la táctica, la preparación física, pasando por ejemplos de vida. Un grande», contó el habilidoso e inteligente atacante de selección.

Márcico, nacido en Corrientes el 13 de mayo de 1962, de la generación de Diego Armando Maradona y Jorge Burruchaga, entre otros, vivió en Barracas. Llegó grande a Ferro. «Me probaron con mi hermano que era fumador. Lo vio Timoteo y lo rajó. A los chicos los hacía estudiar y les pedía los boletines», recordó. «Miraba carpetas».

«Griguol seguía mucho el basquetbol y hablaba con otro notable, León Najnudel. Entre ellos intercambiaban ideas. Por ejemplo, corralito en los tiros libres; juntarse para que otro llegara por atrás. Ferro en cuatro años pasó de pelear el descenso a ganar dos torneos y estar arriba», comentó.

Carlos Timoteo Griguol nacido en Las Palmas, Córdoba, el 4 de septiembre de 1935, llegó a Atlanta con apenas 20 años y vivió en la célebre pensión que alquilaba el club cerca de la avenida Corrientes al 5500. La apuesta del presidente León Kolbosvky, traer futbolistas del Interior.
Así llegaron Luis Artime, de Junín -nacido en Mendoza- 18 años; Hugo Orlando Gatti, de Carlos Tejedor, 16 años y el propio Griguol con su primo Mario, puntero derecho. Todos luego amigos y notorios referentes de Atlanta en el primer gran ciclo 1961/64 con Osvaldo Zubeldía DT.

El «Beto» Márcico recordó una anécdota -no quiso dar el nombre del inculpado- para patentizar la rectitud de Griguol. «Un pibe de San Luis, andaba bien; rápido, encarador, buen delantero. Timo que le dice «Con el primer dinero no se vaya a comprar un auto; piense en sus padres», en el consejo.

«El juvenil a escondidas, ya jugador de Primera, no le hizo caso al entrenador, docente a «full» y se compró un auto nuevo. Con tanta mala suerte que al poco tiempo sufrió un choque y en el accidente una lesión de la que luego se recuperó. Tarde, Timoteo lo había rajado«, concluyó Márcico también ídolo de Boca.

(*) Columnista de la Agencia Télam, AgePeBa y La Señal Medios



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